José Cuneo entre las lunas, ranchos y abstracciones

Pedro da Cruz

La exposición “Figuración y abstracción” del Museo Zorrilla muestra simultáneamente dos distintas fases de la carrera de Cuneo: la de las lunas y los ranchos, y las posteriores abstracciones que firmó con su apellido materno.

Cronológicamente, las dos obras que inician el recorrido por las distintas expresiones que Cuneo imprimió a sus obras a lo largo de su carrera son Lavanderas del Tacuarí y Paisaje planista, ambas de 1918. El estilo planista, compuesto a base de campos de color que no expresan volumen, fue común a varios artistas que se formaron en el Círculo de Bellas Artes, como Guillermo Laborde y Petrona Viera. Ya en 1906, Cuneo había comenzado a estudiar con Carlos María Herrera, uno de los fundadores y director del Círculo.

Luna sobre el barranco

    En 1907 Cuneo viajó por primera vez a Europa para estudiar pintura y escultura en Italia, adonde regresó en 1911 acompañado por Carmelo de Arzadun. En 1914 pintó sus primeros paisajes en Treinta y Tres, comienzo de una serie de obras que realizaría en varios departamentos, y que intercaló con otros viajes a Europa. En 1917 comenzó a practicar el planismo, del que son ejemplo las obras mencionadas.

    Durante una estadía en Florida en 1930, comenzó a pintar una serie de motivos con ranchos y lunas, los que dominarían su obra durante más de dos décadas. Las deformaciones de los objetos y los planos inclinados, lejos de un estilo realista, son muestra de un expresionismo telúrico que no tuvo seguidores en el ámbito del arte nacional.

    Cuatro de las obras expuestas, tres con el título común Luna (1942), son las más impactantes del conjunto. Las formas repetidas de las nubes ocupan todo el cielo, dominado por unas lunas inmensas que irradian su luz en poderosos halos. La cuarta obra de la serie, Luna y tuna, muestra, junto a una enorme luna, una tuna de formas casi antropomórficas que extiende sus numerosas ramas al cielo.

    El artista también ejerció la docencia – la que intercaló con viajes a Europa -, en el Círculo de Bellas Artes (1930-33), la Escuela Nacional de Bellas Artes (1943-45) y el Taller Horacio Quiroga de Salto (1945). El viaje que realizó a Europa en 1954, del que regresaría dos años más tarde, fue decisivo para un cambio radical en la orientación de su pintura.

PERINETTI. Durante sus reiteradas visitas a Europa, Cuneo fue conociendo distintas expresiones del arte de vanguardia que lo llevaron hacia la abstracción. Luego de su regreso a Uruguay, en 1957, comenzó a experimentar con motivos no figurativos, por ejemplo en una obra sin título que por su carácter se diferencia del conjunto de la muestra. La composición está basada en una serie de formas geométricas, con marcados ritmos de formas que se repiten, y una paleta de colores que no había usado hasta entonces.

Ritmos

Amarillo yerba

Parásito

    Durante dos décadas, hasta su fallecimiento en 1977, se dedicó al arte no figurativo, al que consideró tan radicalmente diferente del que había realizado hasta entonces que comenzó a firmar las nuevas obras con su apellido materno: Perinetti. Esta diferenciación radical entre dos distintos periodos de su obra es única en el ambiente artístico uruguayo.

    Usando un lenguaje plástico cercano al del informalismo abstracto europeo de la época, creó formas con marcados contrastes de tonos, intrincadas unas con otras, con ritmos que de alguna forma reflejan los de las composiciones de la etapa anterior. Otro aspecto en el que innovó fue el uso desenfadado de los materiales, para lo que agregó al óleo distintas materias, como arena y asfalto, que dan a las formas gran variedad de texturas y una materialidad tridimensional.

    Este último gran periodo está representado en la muestra por cinco obras: Caminante, Lobisones, Luna negra, Z, y Sin título. Un denominador común de las mismas son marcadas formas negras, como un dibujo de gruesos contornos, entre las que relumbran campos de color en subidos amarillos y naranjas.

    Un aspecto interesante es el uso de títulos que suponen motivos figurativos, como Caminantes y Lobisones, que no coinciden con el aspecto no figurativo de las obras, lo que brinda posibilidades de renovadas lecturas.

El País. 16 de octubre de 2009, Montevideo, Uruguay.

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