Valiosa muestra de pintura española en el Museo Nacional

Pedro da Cruz                                                                                                                                     

En la Museo Nacional de Artes Visuales se exhibe una serie de obras pertenecientes al acervo del instituto, desde una pequeña pintura de comienzos del siglo XIX de Francisco de Goya, a una obra informalista de Agustín Alamán de los años 60. 

La pequeña Episodio de la invasión francesa (25 x 32 cm.), boceto para obras de mayor formato que Goya pintó sobre el mismo tema en 1814, se destaca por el tratamiento de la luz y la dinámica de los personajes. Las obras de Eduardo Rosales, Saboyano (1863), y Mariano Fortuny, Los contrastes de la vida (1870), son contemporáneas del impresionismo francés, lo que se evidencia en la libre pincelada de la última.

Joaquín Sorolla, Retrato (Alejandra de Signorini), detalle. Óleo

    Consideradas desde un punto de vista cronológico, la mayor parte de las veinticinco obras exhibidas (una de cada uno de los artistas representados en la muestra) fueron creadas en los años inmediatamente posteriores al anterior fin de siglo, cuando las relaciones culturales y familiares entre España y Uruguay alcanzaron uno de sus niveles más altos.

    Los motivos dominantes son paisajes de carácter romántico, escenas costumbristas, y retratos, de los que las obras de los renombrados Santiago Rusiñol, Canal del Generalife (Granada), Joaquín Sorolla, Retrato (Alejandra de Signorini), e Ignacio Zuloaga, Tentación, son buenos ejemplos.

    La pintura de Sorolla es muestra de una de las vertientes de la obra del pintor, más conocido por su “iluminismo”, del que son ejemplo obras pintadas al aire libre en las playas de Valencia. La obra de Zuloaga es ejemplo del llamado tenebrismo, una de las vertientes de la pintura española que se remonta a la época de Francisco de Zurbarán, con un tratamiento del color muy oscuro, a lo que también contribuye la pátina que con el tiempo adquieren los barnices.

Julio Romero de Torres, Salomé. Óleo

    Las escenas costumbristas son el tema principal de Tuli y Chume, de Valentín de Zubiarre, y Un jueves en Compostela, de Roberto González del Blanco, mientras que las obras de Julio Romero de Torres y Vicente Puig, Salomé y Coqueta respectivamente, están centradas en la figura femenina, ya como personaje bíblico o como una joven contemporánea. 

    Las estrechas relaciones personales y familiares de artistas españoles con Uruguay pueden ejemplificarse con el caso de Antonio Pérez Barradas, de quién se muestra una composición con flores titulada Naturaleza muerta, cuyo hijo Rafael Barradas sería uno de los artistas uruguayos de mayor reconocimiento. 

VINCULANTES. Otro aspecto importante de la relación cultural entre ambos países es el hecho de que varios de los artistas uruguayos que fueron becados para estudiar en Europa lo hicieron con maestros españoles, tanto en Madrid como en Roma y París. Carlos María Herrera fue alumno de Sorolla, al igual que Pedro Blanes Viale, quién también estuvo en contacto con Rusiñol. Carmelo de Arzadun y José Cuneo estudiaron en París con Hermenegildo Anglada Camarasa, de quién se muestra Paisaje de Mallorca, un motivo que también fue importante en la obra de Blanes Viale.

Hermenegildo Anglada Camarasa, Paisaje de Mallorca. Óleo

    La siguiente generación de artistas españoles está representada por Genard Lahuerta y Pedro Sánchez con las obras Retrato del pintor Pedro Sánchez y Madre latina, en las que es evidente la influencia de Paul Cézanne y el clasicismo de Pablo Picasso respectivamente. Otra artista de la misma generación es Maruja Mallo, la que está representada con Naturaleza viva (1942), una obra de carácter surrealista. Mallo era partidaria de la República Española, por lo que a causa de la Guerra Civil tuvo que exilarse en Argentina, desde donde visitó Uruguay varias veces.

    Un último grupo de artistas muestra características diferentes a los mencionados anteriormente. Manuel Pailós nació en Galicia, Augusto Torres en Cataluña, y Agustín Alamán en Aragón, pero desarrollaron la mayor parte de su actividad artística en Uruguay, por lo que pueden ser considerados artistas uruguayos. Pailós y Torres llegaron con sus familias a Uruguay cuando tenían dos y veinte años respectivamente, y sus obras de los años 60, ambas tituladas Construcción, fueron creadas en el estilo constructivo del Taller Torres García, al que ambos pertenecieron. La obra de Alamán, Pintura, se inscribe en la corriente informalista que durante los años 60 tuvo una de sus expresiones más destacadas en la obra del artista catalán Antoni Tàpies.

El País. 16 de marzo de 2010, Montevideo, Uruguay.

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