El arte de las cavernas discutido. Misterio de las profundidades

Pedro da Cruz 

El arte rupestre de la actual Europa occidental se mantuvo oculto a los ojos del hombre moderno durante miles de años – de 15.000 a 30.000 – hasta que fue descubierto en las profundidades de la tierra hace poco más de un siglo. Los primeros en divulgar los hallazgos fueron ridiculizados cuando plantearon que las imágenes provenían de épocas muy remotas, la del hombre prehistórico, e incluso encontraron férrea oposición de historiadores y de la Iglesia Católica, que combatía activamente la teoría de la evolución expuesta por Charles Darwin en El origen de las especies (1859). Aún hoy, como en otros terrenos del conocimiento humano, hay diferentes teorías sobre el origen y significado de las imágenes encontradas en las cavernas.

    Las variadas expresiones del arte rupestre, y la historia del estudio y las interpretaciones realizadas durante más de un siglo, son los principales temas abordados por el periodista Gregory Curtis en el libro Los pintores de las cavernas. El misterio de los primeros artistas. Estudia el entorno de los Pirineos, la zona con mayor concentración de cavernas con pinturas prehistóricas, desde Altamira en el norte de España a Lazcaux y otras en el sur de Francia.

    El estilo es de divulgación, buscando un equilibrio entre lo anecdótico y lo científico. Uno de los aspectos más sugestivos es la insistencia en la diferencia de las condiciones de apreciación y significado de las imágenes para los prehistóricos y los modernos. Las condiciones físicas en una caverna (difícil acceso, humedad, oscuridad, y en algunos casos espacios muy reducidos), con lámparas de grasa animal, cuya luz apenas dejaba distinguir las figuras, no son comparables a las confortables salas de un museo.

    Además, las figuras no fueron creadas para ser apreciadas como un producto estético, en el sentido dado por la civilización occidental. Por lo que en este contexto, hablar de arte y artistas puede ser confuso, ya que quienes realizaron las pinturas de las cavernas no buscaban expresar su “genio” individual, una idea renacentista que, en la perspectiva de la historia del hombre, sólo ha sido vigente durante cinco siglos. 

Dibujo de Henri Breuil, 1902. Bisonte mugiendo, Altamira

Dibujo de Henri Breuil, 1902. Bisonte encogido, Altamira

 

DESCUBRIMIENTOS. Marcelino Sanz de Sautuola, licenciado en Derecho y arqueólogo aficionado, quedó fascinado con los objetos prehistóricos provenientes del sur de Francia que vio en París en 1878. Un año más tarde, en noviembre de 1879, cuando inspeccionaba las propiedades de su familia en Cantabria, España, se encontró estupefacto frente a una serie de bisontes pintados en el techo de una caverna que se conocería como cueva de Altamira. Era la primera vez que un hombre moderno veía pinturas rupestres.

    El descubridor de Altamira dedujo que las imágenes habían sido realizadas por hombres prehistóricos, a lo que se opusieron académicos y religiosos. Argüían que ningún artista “primitivo” podría haber pintado con esa habilidad. Las pinturas de Altamira fueron incluso consideradas fraudes modernos, y su origen negado con argumentos extravagantes.

    Durante los treinta años siguientes al descubrimiento de Altamira se hallaron pinturas en varias cavernas del sur de Francia: entre otras Chabot, La Mouthe, Pair-non-Pair, Font-de-Gaume, Les Combarelles y Les Trois-Frères. Émile Cartailhac, el arqueólogo más respetado de la época, rechazó en un primer momento la autenticidad de las pinturas, pero ante la aparición de nuevos ejemplares enroló como ayudante a Henri Breuil, un sacerdote con vocación de arqueólogo, que tendría un papel muy importante para la investigación científica del arte rupestre, ya que calcó – directamente de la pared – gran número de figuras que luego fueron estudiadas por los entendidos.

    En 1940, un perro llamado Robot fue el verdadero descubridor de Lascaux, una caverna bifurcada en varias secciones que contiene 1.963 figuras pintadas, dibujadas y grabadas. Cerca de la entrada se encuentra la llamada Sala de los toros, de 19 metros de largo y 7 de ancho, en cuyo techo fueron pintados cuatro magníficos toros negros. En otras partes menos accesibles, como la Galería axial y la Sala de los felinos, en las que podían entrar sólo dos o tres personas a la vez, también hay imágenes, en algunos casos dibujos lineales a ras del suelo.

    La frecuencia con que aparecen los animales representados, y la relación de estos con el entorno, despertaron preguntas sobre la función de las imágenes, lo que resultó en una serie de interpretaciones relacionadas a diferentes disciplinas. 

Caballos y bisontes, Chauvet

La vaca cayendo, Lascaux

 

INTERPRETACIONES. Una corriente mayoritaria de arqueólogos sostiene que la desaparición hace miles de años de los contextos en los cuales fueron realizadas las pinturas, impide ensayar interpretaciones de significados.

    La mayoría de las pinturas y dibujos rupestres, en algunos casos relieves en los que se utilizó las irregularidades de la roca, representan animales, seguidos en cantidad por distintas combinaciones de líneas y puntos, y contadas representaciones de manos y figuras humanas. Es importante destacar que las especies más representadas (vacunos, bisontes, caballos, leones y mamuts) eran entonces las más peligrosas, mientras que imágenes de renos, base de la alimentación en el paleolítico, en general no fueron incluidas. Los animales se representaban tanto aislados como en grupos, incluso en varias capas superpuestas (los llamados palimpsestos), o unos dentro de otros.

    La primera interpretación importante fue realizada por Breuil, quién caracterizó las imágenes como parte de rituales mágicos – que incluían lanzamiento de lanzas – cuyo objetivo era propiciar la caza de los animales representados. Otra teoría caracterizó las imágenes como parte del marco de ritos de iniciación (especialmente en Lascaux, con una gran sala común y lugares retirados), donde los chamanes se comunicaban con el mundo subterráneo.

    En 1945 el teórico del arte Max Raphael planteó la idea de que tras la proximidad espacial entre varios animales hay un sentido que debe ser descubierto. Se planteó también la discusión sobre si los conjuntos superpuestos de animales fueron pintados en distintas épocas, o si son escenas con significados determinados.

    La arqueóloga Annette Laming-Emperaire publicó en 1962 una tesis doctoral donde desechó el uso de la etnografía para estudiar las comunidades prehistóricas, que diferenció radicalmente de las sociedades primitivas contemporáneas. También arremetió contra la teoría del totemismo, según la cual cada animal representaba el tótem de un clan, lo que se expresaba en que cuando un clan vencía a otro sus miembros pintaban su tótem sobre los de los otros clanes. Poco después el etnólogo André Leroi-Gourhan, director de tesis de Laming-Emperaire, propuso que la clave del significado está en la disposición de las figuras en una cueva (caballos cerca de la entrada, tres puntos en línea donde terminan las pinturas, etc.). Eso sería parte de un “programa” pictórico.

    Si el contexto de la creación de las pinturas rupestres está perdido para siempre, cabe esperar que el descubrimiento de nuevas cavernas aporte más información que permita revelar los profundos misterios de los pintores prehistóricos. 

LOS PINTORES DE LAS CAVERNAS. EL MISTERIO DE LOS PRIMEROS ARTISTAS, de Gregory Curtis. Turner Publicaciones. Madrid, 2006. Distribuye Océano. 320 págs.

El País Cultural. No. 1041, 6 de noviembre de 2009, Montevideo, Uruguay.

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