Textos de Eduardo Chillida (1924-2002). Reflexiones de un escultor

Pedro da Cruz 

Eduardo Chillida fue uno de los escultores españoles más reconocidos a nivel internacional. Nacido en San Sebastián, en el País Vasco, cursó estudios de arquitectura en Madrid antes de radicarse en París en 1948 para dedicarse a la escultura. Poco después su primera exposición tuvo lugar en la Galería Maeght, una de las más prestigiosas de París, con cuyos dueños mantendría una larga y fecunda relación. Realizó sus primeras esculturas en yeso, pero luego de su retorno a España a comienzos de los años 50 comenzó a utilizar hierro, así como barro y madera, materiales que encontraba en su entorno.

    Durante muchos años Chillida escribió de vez en cuando reflexiones sobre su creación artística en cuadernos, fragmentos de papel, márgenes de dibujos y hojas sueltas. En algunos casos escribió varias veces sobre la misma materia desde distintos puntos de vista. Los apuntes eran un apoyo en su trabajo, y no fueron escritos con intención de ser publicados.

    Pero debido a su indudable valor para la comprensión de la obra del escultor, los textos fueron finalmente reunidos en un libro auspiciado por el Museo Chillida-Leku de San Sebastián, dedicado a su obra. Los apuntes varían en su forma (en verso o en prosa) y extensión, y fueron agrupados en cinco capítulos que corresponden a diferentes temas.

    Uno de los capítulos del libro, que tiene ahora distribución en Uruguay, se denomina “Preguntas”, con cortos textos de carácter filosófico y espiritual, partes del pensamiento en el que está basada la obra de Chillida. Entre otras cosas escribió: “¿No es lo único estable la persistencia de la inestabilidad?”. “Gracias al espacio existen límites en el universo físico y yo puedo ser escultor”. “Desde el espacio, con su hermano el tiempo, bajo la gravedad insistente, sintiendo la materia como un espacio más lento, me pregunto con asombro sobre lo que no sé”. 

MIRADAS Y HOMENAJES. Las “Miradas” revelan los intereses del artista, indicativos de la íntima relación de éste con el entorno natural. Observa los árboles, el mar, las cortezas de los árboles y las rocas, y anota sutiles cambios y relaciones entre los elementos. Como resultado de la observación de los árboles escribió: “Algo que yo no sé sabe la hoja que vibra en aquella rama”. “El inalcanzable perfil de la rama movida por el viento”. “Hojas verdes, sueños de ramas que el viento dibuja cuando se acaban”. La presencia de una piedra, y la reflexión sobre el carácter de la misma, lo llevó a escribir: “He observado esta mañana, con gran intensidad, un cristal de cuarzo y he llegado a creer que se movía, que cambiaba, que vivía. ¿No será esto cierto? ¡Que lejos del tiempo de una rosa¡”.

    En el capítulo “Homenajes” escribió sobre artistas con los que sintió afinidad. Sobre Juan Sebastián Bach (sic) dijo: “También Juan Sebastián Bach (otra mar) es mi maestro. Me reveló las sutiles relaciones entre el tiempo y el espacio, el poder expansivo del tiempo audible y su relación con el espacio conformador o conformado, positivo o negativo”. Sobre Bach también escribió en forma de poema: “Moderno como las olas. Antiguo como la mar. / Siempre nunca diferente, pero nunca siempre igual. / Entre el viento y mi raíz, asombro ante lo más fuerte, / el horizonte, la mar”.

    Dos grandes artistas españoles, el escultor Julio González y el pintor Juan Gris, también fueron homenajeados. Sobre González anotó: “Admiro y respeto a Julio González / Maestro, inventor de mi hierro, / del hierro del arte, / del hierro nuestro de cada día”. Y sobre Gris: “Desde los límites que tú conoces / Te saludo Gris / Ácido Gris / Gris Difícil / Introvertido Gris / Gris Conciso”.

CÓDIGOS DEL ARTISTA. Las reflexiones de Chillida sobre las problemáticas del espacio y el tiempo, así como sobre la relación entre ambos, fueron recogidas en el capítulo “Códigos del artista”. En varios textos se refiere al “espacio interior”, figurado o real, de sus esculturas. Una de las obras de arte público con un espacio interior real es Espacio de paz (1972), una escultura de aproximadamente dos metros de alto ubicada en la Plaza Mayor de Lund, Suecia, compuesta por seis bloques de basalto negro encastrados entre sí, a la que pueden “entrar” sólo niños muy pequeños.

    La función de los espacios interiores de sus esculturas mereció también la reflexión de Chillida:“¿Existen límites para el espíritu? Gracias al espacio, existen en el universo físico y yo puedo ser escultor. Nada sería posible sin ese rumor de límites y el espacio que los permite. ¿Qué clase de espacio hace posibles los límites en el mundo espiritual? Hay un problema común a la mayor parte de mi obra: el espacio interior, consecuencia y origen al mismo tiempo de los volúmenes positivos exteriores. Para definir estos espacios es necesario rodearlos, haciéndolos por tanto inaccesibles para el espectador situado en el exterior”.

    El escultor parece percibir el entorno desde dentro de sus esculturas. Las reflexiones sobre la ubicación del espectador parecen simples, pero encierran complejas preguntas sobre la percepción del espacio, por ejemplo cuando se refiere a la posición de una puerta: “Una habitación con la puerta cerrada es otra habitación distinta que la misma con la puerta abierta”.

    Sobre la relación espacio-tiempo confesó: “Ahí [en mi estudio] me he dado cuenta de que existe el tiempo en mi escultura. Existe en una versión que no es la versión temporal corriente. Es la de un hermano del tiempo: el espacio. El espacio es un hermano gemelo del tiempo. Son dos conceptos absolutamente paralelos y similares”. 

FUERA DE LA LEY. Las esculturas, especialmente las de carácter público, no son sólo resultado de relaciones de formas entre sí y con el entorno, sino que también están cargadas de una simbología que revela las ideas y las intenciones del artista. Incluso son consideradas expresión del carácter de todo un pueblo. La escultura El peine del viento, una de las obras más conocidas de Chillida (terminada en 1976), compuesta por tres enormes partes de hierro de diez toneladas cada una, está ubicada a la orilla del Mar Cantábrico en San Sebastián. Sobre el carácter simbólico de la obra el artista escribió: “Mi escultura El peine del viento es la solución a una ecuación que en lugar de números tiene elementos: el mar, el viento, los acantilados, el horizonte y la luz. Las formas de acero se mezclan con las fuerzas y los aspectos de la naturaleza, dialogan con ellos; son preguntas y afirmaciones. Quizás están ahí para simbolizar a los vascos y su país, situado entre dos extremos, el punto en el que acaban los Pirineos y empieza el océano”.

    La búsqueda de una expresión propia del entorno en el que vivía y trabajaba a través de los materiales, lo hizo reflexionar sobre la elección de los mismos. En París había trabajado en yeso y mármol, los que por su blancura asociaba a las culturas mediterráneas, materiales que dejó de lado cuando comenzó a trabajar en hierro, al que asociaba a un tipo de luz de la costa del Atlántico. El cambio de material fue parte de un proceso de adaptación al lugar: “Allí [en mi tierra] me encuentro un día con un herrero que vivía enfrente de nuestra casa, que estaba trabajando. Estaba haciendo unas herraduras en un ambiente oscuro, de luz negra, que es como yo me veo a mí como vasco y a los vascos, es un país de luz negra; no es la luz del Mediterráneo, de donde habían surgido mis anteriores esculturas de yeso, es otra luz”.

    El sentido de pertenencia siempre está presente. Aunque en un plano personal, tal vez debido a un carácter reflexivo y sereno, el artista considera tener una posición diferente, lo que él define como “fuera de la ley”. En una demostración de humildad, escribió sobre el reconocimiento de las limitaciones personales: “Yo soy un fuera de la ley. Me di cuenta de que el poder de la razón estaba en la capacidad que tiene de hacernos comprender sus propias limitaciones, es decir, sólo los irracionales creen que pueden hacer todo”. 

ESCRITOS, de Eduardo Chillida, Editorial La Fábrica, Madrid, 2005, Distribuye Océano. 121 págs.

El País Cultural. No. 1038, 16 de octubre de 2009, Montevideo, Uruguay.

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