Valioso recorrido a través de la obra de Miguel Ángel Pareja

Pedro da Cruz                                                                                                                                     

En la Galería de las Misiones (25 de Mayo 464) se exhibe una serie de pinturas, témperas y acuarelas que sintetizan las distintas fases de la carrera de Miguel Ángel Pareja, uno de los maestros del arte uruguayo.

Un recorrido cronológico de las obras expuestas revela que la primera etapa de la obra de Pareja estuvo pautada por la idea de utilizar un lenguaje plástico derivado del modernismo europeo para plasmar motivos locales, especialmente los de temática gauchesca y el medio rural. Con reminiscencias del cubismo de Georges Braque y Juan Gris, las obras muestran jinetes, esquilas y gauchos empuñando mate y guitarra.

    Pareja había nacido en Montevideo en 1908, pero unos años más tarde su familia se radicó en Las Piedras. Tuvo su primer contacto con las artes plásticas en 1923, cuando conoció al pintor Manuel Rosé, su primer maestro. Poco después, en 1924-25, frecuentó el Círculo de Bellas Artes, en el que se practicaba una pintura de tipo planista, lo que influyó en su estilo. En 1934 se integró a la Escuela Taller Artes Plásticas, y en esa época vivió una temporada en Durazno. Tres años después viajó a Europa, donde permaneció un año. En París ingresó a la Academia Ranson, donde fue alumno del pintor Roger Bissiére. Luego de su regreso a Uruguay ganó, en 1946, un concurso para profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA). 

GIRO. Las obras que Pareja comenzó a crear hacia fines de la década de 1950 muestran un marcado cambio de orientación: una pintura planista de carácter no figurativo, basada en formas geométricas y una paleta de colores brillantes. Las influencias en este periodo provienen de un tipo de lirismo no figurativo, especialmente el practicado por Paul Klee, que tuvo gran influencia durante varias décadas.

    En la muestra se pueden ver varias obras con esas características, con fondos blancos u ocres sobre los que el artista distribuyó líneas oscuras y formas determinadas por el color. También se puede apreciar una serie de pequeñas piezas de las mismas características, pero realizadas sobre papel de diario.

    Los cambios fueron resultado de la experiencia adquirida durante una nueva estadía en Europa entre 1954 y 1957. En París y en Ravena estudió la técnica del mosaico, de la que sería un precursor en el medio uruguayo luego de su retorno. Tuvo posibilidad de llevar a la práctica sus conocimientos sobre el mosaico cuando Fernand Léger lo contrató para ayudarlo a realizar dos importantes proyectos murales: uno en Saint-Lo (Normandía), y otro en París, en la fachada del nuevo edificio de la compañía Gas de Francia. Pareja adquirió entonces un gran interés por lo monumental, lo que quedo evidenciado por el hecho de que las obras de esa época fueron concebidas con formas que se adaptan cómodamente al formato del mural.

    Luego de su regreso a Montevideo, creó el Taller de Mosaico en la Escuela de Bellas Artes, y se sumó al Grupo 8, el que integraban, entre otros, Lincoln Presno, Raúl Pavlotzky y Julio Verdié, representantes de la tendencia informalista que tuvo un papel preponderante en los años 60. 

DOCENCIA. En 1964 Pareja fue elegido director de la ENBA. Durante los ocho años en que permaneció en el cargo fue uno de los principales propulsores de un nuevo plan de estudios, el que inauguró durante su mandato. Durante ese periodo también se pusieron en práctica las “Campañas de sensibilización visual” y las llamadas Pinturas Espaciales en el Barrio Sur de Montevideo y en la ciudad de Dolores. Promovió las ventas populares de serigrafías, estampados y cerámicas seriadas producidas en los talleres de la ENBA. Su pintura de colores planos y marcados contornos, así como la tendencia a lo monumental, influyó en la línea estética que la ENBA proyectó al entorno en sus campañas de contenido social.

    Después de su retiro de la Universidad, Pareja retomó la pintura, en la que dejó atrás los planteos planistas basados en formas geométricas para retornar a la figuración. Una vez más son notorias las influencias del modernismo, especialmente en el colorido de corte expresionista y un lenguaje formal emparentado con el de Pablo Picasso, lo que se evidencia en algunas obras cuyos motivos son interiores con modelos desnudas.

El País. 9 de diciembre de 2009, Montevideo, Uruguay.

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