El arte de Julio Alpuy (1919-2009). Las cuatro estaciones

Pedro da Cruz  

Julio Alpuy, alumno de Torres García a partir de 1940, aún antes de que fuera fundado el Taller Torres García (TTG), fue un ferviente adherente a los principios del Universalismo Constructivo predicados por el maestro. Perteneció, junto a Augusto y Horacio Torres, Gonzalo Fonseca, José Gurvich, Francisco Matto y Manuel Pailós, a un grupo de alumnos de Torres García, varios de ellos también responsables de la actividad docente, que sería considerado el núcleo del TTG. Con la desaparición física de Alpuy, la experiencia del TTG, escuela cuyo legado fue de importancia fundamental para la plástica y la cultura uruguayas, entra definitivamente en la historia del arte nacional.

Paisaje constructivista de Montevideo, 1957

    El cuerpo de ideas en las que Torres García basó su práctica plástica y sus estudios teóricos fueron producto de un largo proceso de maduración que duró varias décadas. Aplicaba los principios de su arte con rigor, y sus enseñanzas en el TTG tenían como guía los principios constructivistas. Los alumnos, en general jóvenes sin experiencia plástica previa, tuvieron que adaptarse a las ideas y la pedagogía del maestro, lo que no siempre fue fácil.

    En el catálogo Julio Alpuy: Retrospectiva (Centro de Exposiciones de la IMM, 1999) Alpuy se refirió, en conversación con Cecilia de Torres, al esfuerzo que le costó comprender las enseñanzas de Torres García: “Torres García enseñaba que había que partir de la geometría y no de la naturaleza, todos podían hacerlo menos yo, yo tenía que dibujar del natural y luego al retrabajar las cosas, comprendía, pero lo que hacía resultaba estéril. Yo necesitaba partir de lo natural figurativo para mi búsqueda hacia lo geométrico, me costó muchísimo”.

    Luego de la muerte de Torres García en 1949, las actividades del TTG continuaron durante más de una década, periodo en el que surgieron tensiones entre el modelo pedagógico instaurado por Torres García y la necesidad de algunos de los integrantes de buscar caminos propios para su arte. Horacio Torres y Gonzalo Fonseca se alejaron del entorno del TTG cuando se radicaron en el extranjero, y ese fue también el camino elegido por Alpuy.

LAS RAÍCES. Había nacido en Cerro Chato, cerca de San Gregorio de Polanco, en Tacuarembó. Se considera que una infancia solitaria (su madre había fallecido muy joven), y su crecimiento en un entorno rural, marcaron la personalidad de Alpuy. Era retraído y profundamente interesado en la naturaleza, uno de los temas fundamentales de su arte, recurrente como el tema del trabajo y los oficios. De ese mundo conoció una nueva faceta cuando llegó a Montevideo a los 16 años para continuar sus estudios. En un comienzo vivió solo en una pieza, trabajó en una tienda y una imprenta, y debido a ello su salud se resintió.

    El encuentro con Torres García fue decisivo. En 1944 Alpuy realizó dos de los 27 murales que Torres García y sus alumnos pintaron en el Pabellón Martirené del Hospital Saint Bois, y luego participó en la mayoría de las actividades colectivas del TTG. Hacia 1950 sus obras muestran un marcado carácter constructivo, con estructuras ortogonales y colores primarios, y, acorde a las experiencias prácticas que se realizaban en el TTG, trabajó alternando una serie de técnicas: dibujo, pintura, grabado, cerámica, madera y mosaico.

    Los motivos de sus obras muestran la particularidad de los intereses de Alpuy. Distintos oficios, tanto del ámbito rural como del urbano, son representados en una serie de acuarelas con escenas de siembra y cosecha tituladas Escenas rurales (1950), en la pintura Las cuatro estaciones (1955), y en el mural Mosaico (1956), en los que se ven carpinteros, albañiles, maestros y trabajadores rurales. 

Génesis I, 1964

LOS VIAJES. El interés por las culturas precolombinas, inusual en un medio orientado hacia las culturas europeas (la francesa en particular), fue común a Torres García y los miembros del TTG. Algunos de éstos realizaron viajes por América del Sur, e incluso comenzaron a coleccionar objetos precolombinos, como fue el caso de Francisco Matto, quién logró reunir una importante colección que durante algunos años fue incluso mostrada al público. En 1946 Alpuy viajó con Fonseca y Jonio Montiel a Bolivia y Perú, recorriendo los más importantes sitios de interés arqueológico, entre otros Tiahuanaco, Cuzco y Machu Picchu.

    Unos años más tarde, en 1951, comenzó un largo viaje que lo llevó a Europa, Cercano Oriente y África. Regresó a Uruguay dos años más tarde, y en 1957 emprendió un viaje a Colombia, concretando su alejamiento de Uruguay. Estuvo radicado dos años en Bogotá, período en el que comenzó un cambio en el desarrollo de su arte, debido en parte a que el fermental ambiente de la capital colombiana, lejos del entorno del TTG, lo estimuló a transitar los caminos personales que buscaba para su arte.

    Las obras de Alpuy de fines de los años 50 muestran todavía una impronta constructivista, de la que son ejemplo Bogotá nocturna (1958), un paisaje urbano con ortogonales en el que se destacan las montañas del paisaje bogotano, y una serie de pinturas que realizó en 1959 en Dortmund, durante un viaje por Alemania, con motivos de las industrias del valle del Ruhr. En esta época de nuevos aprendizajes, Alpuy buscaba un lugar que le ofreciera buenas condiciones para desarrollar su espíritu creativo. De Colombia se trasladó a Venezuela, donde permaneció un año, y finalmente en diciembre de 1961 se radicó en Nueva York, ciudad en la que viviría durante casi cinco décadas. 

Caracol de la vida, 1971

LAS MADERAS. La materialización de una expresión propia se concretó cuando cambió de material, ya que Alpuy sentía que la pintura lo llevaba siempre por el camino del constructivismo ortodoxo. Con la ayuda de Fonseca, quien ya vivía en Nueva York, comenzó a utilizar la madera como material principal, una nueva inflexión en el devenir de su arte. Según sus palabras: “Había nacido un elemento espacial más concreto, donde yo tenía que considerar problemas diferentes [a los de la pintura], como ser la idea de espacio”.    

    El uso de la madera por parte de Alpuy fue poco convencional. En algunos casos utilizó como base una madera plana, la que en ciertas partes era desgastada o agujereada, a la que luego agregaba elementos de madera y otros materiales (incluso trozos de vidrio y mosaico), los que formaban un relieve. Completaba las obras aplicando colores en ciertas zonas, y dibujando finos trazos con tinta sobre las superficies. Como en Paisaje elemental (1962) y Creación I (1964). Otras de sus obras en madera son tridimensionales, liberadas del plano, como el magnífico Caracol de la vida (1971), un espiral ascendente habitado por formas orgánicas, y las posteriores Torre (1986) y Forma-pájaro (1991).

    Los motivos principales de las maderas de Alpuy son elementos de la naturaleza: estrellas, astros y nubes, así como plantas, árboles, pájaros y otros animales. Otro motivo omnipresente es la pareja desnuda, en el sentido de la pareja original, un tema común de los integrantes del TTG. Pero Alpuy acentúa el carácter sensual y sexual de la pareja, incluso usando una serie de figuras simbólicas referidas a la fecundación y la gestación.

    Después de dos décadas de crear casi exclusivamente dibujos, acuarelas y obras en madera, Alpuy retomó la pintura hacia 1975. Pero no dejó de utilizar la madera. La volvería a usar durante las décadas siguientes para crear nuevas obras.

    En cuanto a la alternancia entre la creación pictórica y la escultórica, escribió en el catálogo Alpuy: Maderas (Galería Oscar Prato, 2005): “Trabajo en madera por largos períodos, pero siempre vuelve la pintura a ocupar su lugar por un tiempo. Siempre hay nuevas ideas: si pintas parece que en el subconsciente se desarrollan ideas, formas y construcciones para la escultura. Así mismo, el trabajo de la escultura, parece que hace pensar de la misma manera en ideas pictóricas. Muy pocas veces ocurre de trabajar en las dos cosas a la vez. La concentración en un medio, no permite desarrollar un trabajo en otro”.

    Alpuy falleció en Nueva York a comienzos del mes de abril de 2009, a la edad de 90 años. Sus restos fueron trasladados a Uruguay a iniciativa de su esposa Joana Simoes, con quién Alpuy se había casado en Nueva York en diciembre de 1965.

El País Cultural. No. 1025, 17 de julio de 2009, Montevideo, Uruguay.

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