Fotografía iraní contemporánea. Entre la tradición y la modernidad

Pedro da Cruz

Irán, la antigua Persia, fue y es un cruce de caminos entre Oriente y Occidente, escenario de constantes conflictos entre pueblos que buscaron obtener la supremacía sobre la región durante siglos. Basada en una historia milenaria, que se remonta a la fundación del imperio persa por los reyes Ciro y Darío en el siglo VI a.C., la cultura persa se ha mantenido como un enclave entre la cultura árabe de Oriente Medio y las que se desarrollaron en el subcontinente indio.

    El surgimiento de la religión islámica en el siglo VII d. C., y su subsiguiente adopción por parte de los persas, no significó una desaparición de los rasgos culturales propios. Durante diferentes períodos históricos florecieron en la región varias escuelas de poesía, música y pintura.

Parastou Forouhar, 2004

    La historia contemporánea de Irán ha estado marcada por convulsiones políticas y conflictos de carácter violento. Al periodo kayar del siglo XIX le siguió la dinastía Pahlevi, la que en 1979 fue derrocada por la revolución islamista dirigida por el ayatolá Ruhollah Jomeini. Un año más tarde estalló la guerra entre Irán e Iraq, que duró ocho años. Jomeini falleció en 1989, y desde entonces el régimen teocrático se ha mantenido con variaciones entre posiciones conservadoras y moderadas. A nivel de política exterior, a su vez, mantiene fuertes diferencias con la comunidad internacional por asuntos referidos al desarrollo de armas nucleares propias y a la existencia del Estado de Israel.

    Durante las últimas décadas la realidad iraní ha sido vista desde Occidente a partir de los parámetros de un conflicto global, a la vez que en el plano interno se manifiesta un enfrentamiento entre tradición y modernidad, entre estructuras sociales y códigos religiosos. Se pueden percibir colisiones entre el mundo interior y doméstico y el mundo exterior y social, con reglas estrictas que influyen sobre el comportamiento individual, uno de cuyos aspectos más notorios es el hiyab, el estricto código de vestimenta islámico.

    La poesía ha sido tradicionalmente el principal medio de expresión artística en Irán, cuya cultura ha sido caracterizada por su acento en lo visual, resultado de las variaciones geográficas y la riqueza arqueológica y arquitectónica del país. Entroncando con la tradición visual, la fotografía ha sido usada por varias generaciones de artistas para documentar y reinterpretar la realidad. Con el objetivo de dar a conocer un panorama de la fotografía iraní, y difundir un mayor conocimiento y comprensión de la cultura y la realidad actual del pueblo iraní, recientemente se publicó el libro Iranian Photography Now (editado por Rose Issa, Hatje Cantz, 2008), que contiene trabajos de treinta y seis fotógrafos iraníes, residentes tanto dentro como fuera de Irán. 

EL REY FOTÓGRAFO. La fotografía tiene una larga tradición en el país. Poco después de su invención durante las primeras décadas del siglo XIX, los reyes kayar de Irán se interesaron por el nuevo descubrimiento, especialmente Nasseredin Shah, quién renovó las costumbres de la corte introduciendo modas europeas e innovaciones tecnológicas. Los primeros daguerrotipos fueron producidos en 1844, cuatro años después del descubrimiento de la técnica en París. Conociendo el interés del Shah, la reina Victoria regaló la cámara más moderna producida hasta entonces a la delegación persa que concurrió a la inauguración del Crystal Palace en Londres, en 1851.

    Hacia 1900, con equipos fotográficos cada vez más accesibles, el interés por la fotografía de reyes y príncipes se extendió a una nueva burguesía surgente, que la utilizó como un nuevo símbolo de status. Estudios fotográficos especializados en retratos y fotos de casamiento surgieron a lo largo y ancho de Irán, mientras que fotógrafos amateurs, como funcionarios, misioneros y particulares, se interesaron por una variedad más amplia de motivos, por ejemplo distintos aspectos de la vida cotidiana de las clases populares.   

    Los primeros intentos de transformar la fotografía de una forma de documentación a un medio de expresión artística, tuvieron lugar en los años 60 durante el régimen del Shah Reza Pahlevi, en parte debido a que estudiantes, fotógrafos y cineastas comenzaron a viajar al exterior buscando mejores condiciones económicas y mayor libertad de expresión. A causa de las revueltas sociales de fines de los 70, la revolución islámica y la subsiguiente guerra con Iraq, varios fotógrafos iraníes que vivían en el exterior regresaron al país enviados por publicaciones y agencias fotográficas como Time-Life, Magnum, Associated Press, Sipa y Sigma.

    La política interna del nuevo régimen islámico, con reglas de comportamiento basadas en la tradición religiosa, ha llevado a que los artistas, entre ellos los fotógrafos, tuvieran que usar un lenguaje simbólico, en muchos casos teñido de humor. El aspecto visual más notable de la realidad contemporánea iraní es, desde la perspectiva occidental, la vestimenta de las mujeres. El chador, una prenda semicircular que cubre todo el cuerpo, se remonta en su forma actual al siglo XVIII, y su uso se generalizó durante la época kayar del siglo XIX. Prohibido durante la dinastía Pahlevi como resultado de la política de occidentalización forzosa del país, fue reivindicado por el islamismo revolucionario como un factor de identidad nacional y religiosa, promocionado e incluso impuesto en ámbitos como edificios estatales, mezquitas y lugares de peregrinación. 

Abbas Kowsari, 2007

LA GUERRA Y LA PAZ. Las fotografías de la guerra entre Iraq e Irán tienen en su mayoría un carácter documental. Entre las más conmovedoras se cuentan las que conforman la serie Rahian-e Noor (2007), tomadas por Abbas Kowsari en Khorramshahr, en la frontera con Iraq. Los familiares de los muertos realizan anualmente una peregrinación al campo de batalla para demostrar su dolor, en un paisaje desolado entre restos de tanques y otros vehículos bélicos. Otra forma de dolor, en este caso más contenida, es expresada en la serie Madres de mártires (2006), de Newsha Tavakolian, en el que mujeres ya mayores sostienen fotos de sus hijos muertos hace más de dos décadas, retratos de adolescentes que, si hubieran sobrevivido, hoy serían hombres maduros.

    Otro tipo de fotografías de la misma guerra es la serie Tierra de sangre (1980-88) de Kaveh Golestan, imágenes tan dramáticas de soldados iraníes muertos que pasaron varios años antes de que pudieran ser publicadas, luego de que el autor las coloreara digitalmente en 2002. Arash Hanaei realizó fotografías sobre la guerra que conmovió la región recientemente, cuando una coalición de países invadió Iraq para derrocar a Saddam Hussein. Usó maniquíes para recrear la realidad de los prisioneros de guerra iraquíes en la serie Abu Ghraib: Como entablar un diálogo (2007).

    La realidad cotidiana, alejada de los horrores de la guerra, es mostrada por un grupo de fotógrafos que, con cierta nostalgia, registran costumbres que tienden a desaparecer. Mehran Afshar-Naderi fotografió interiores de baños públicos de Teherán, los que cumplían una importante función en épocas en que muchas casas particulares no ofrecían buenas condiciones para la higiene, en la serie Casas de baño (2005). Omid Salehi documentó pequeños negocios particulares de Teherán y Shiraz en la serie Legado (2007), en la que enfatizó la importancia de los retratos de los antiguos dueños, en general parientes de los dueños actuales, que cuelgan entre alfombras, relojes, camisas y diversos artículos del hogar. Los campesinos, un tema recurrente de la fotografía documental, es tratada por Mohsen Rastani en fotografías tomadas en varios lugares de Irán entre 1994 y 2004.

    La herencia cultural, por ejemplo la imagen de la escritura en idioma persa (o farsi), es importante en las fotografías de Mehran Mohajer y Shirin Neshat. Esta última es una de las artistas contemporáneas iraníes más reconocidas internacionalmente. Comenzó realizando collages fotográficos en los que mostró rostros con inscripciones superpuestas, y luego realizó videos sobre la condición de la mujer en el contexto de la revolución islámica. Otras imágenes relacionadas a la identidad persa como diseños geométricos relacionados con las típicas pinturas persas de pequeño formato, las llamadas miniaturas, son combinadas con fotografías de jóvenes iraníes de nuestros días por Sadegh Tirafkan en la serie Susurradores del Este (2006). 

Javad Montazeri, 2005

DE AYER Y DE HOY. Una mirada retrospectiva que abarca dos o tres generaciones, y que revela el discurrir del siglo XX, es el tema de las obras de Fereydoun Ave. Bajo el título Especies en peligro de extinción (2003), una serie de collages de fotos de familia muestra el cambio de la vestimenta, de una inspiración oriental a una moda de tipo occidental, especialmente notable en las mujeres antes de la revolución islámica. Fotos de personas tomadas durante distintas épocas, en algunos casos coloreadas, manipuladas y superpuestas, son también los temas de los trabajos fotográficos de Bahman Jalali y Malekeh Nayiny.

    El tratamiento formal de la fotografía también está representado en una selección tan amplia como la presente. Abbas Kiarostami ha trabajado durante muchos años con la serie Blanco nieve (finalizada en 2004), basada en el tema del contraste de troncos de árboles, en general oscuros, con la superficie blanca de la nieve. En sus trabajos es evidente la influencia de la estética de la fotografía modernista europea, mientras que Ali Mahdavi, en trabajos basados en el tema del cuerpo, especialmente en Como me desees (2001) y Mi bebé me cuida (2005), está claramente influido por la estética de las corrientes posmodernas.

    Visualmente, y de ahí la importancia del medio fotográfico, se destacan las obras referidas al presente de la mujer en Irán. La dicotomía entre las impuestas formas de comportamiento en los ámbitos doméstico y público se manifiesta en la vestimenta femenina, especialmente el chador negro, cuyo uso, en las situaciones más inesperadas, no deja de sorprender a la mirada occidental.

    Mehraneh Atashi en la serie Sin cuerpo (2004) revela el interior de un zourkhaneh, “casa de fuerza” o gimnasio, una institución donde los hombres intentan alcanzar perfección física y moral, en el espíritu del tradicional “héroe” persa. En un entorno reservado a los hombres, Atashi logró forzar la barrera de género y, vestida con chador (lo que se ve en espejos del local), documentar una actividad en un ámbito donde no es permitido “el aliento de una mujer”.

    Las contradicciones de la vida diaria femenina también son tema de las fotografías de Seifollah Samadian, ya sea en Pareja junto al Mar Caspio (1991), ambos en la orilla mojándose los pies, ella con el cuerpo completamente cubierto y él sólo con un pequeño traje de baño, así como en Demostración contra el empleo de armas químicas (1983), en la que una mujer con chador encabeza una manifestación usando un megáfono. Un cierto rasgo de humor caracteriza una fotografía como Jinete de cisne (2004) de Parastou Forouhar, en la que una mujer con su atuendo negro extendido pedalea en un enorme bote con forma de un cisne blanco.

    Javad Montazeri también muestra mujeres en el ámbito público. De la serie Mujeres del Tay ziyah (2002), tomada en la localidad de Ahwaz, se destaca una fotografía en que se ve una mujer en cuclillas junto a una imagen que representa una mujer con chador mirando hacia el suelo. El mural, sin duda de propaganda oficial, incluye el siguiente texto: “Una mujer modestamente vestida es como una perla en su concha.” En fotografías de la serie Academia de policía femenina (2005) se ve a las mujeres policías con chador, ya sea trepando una pared con ayuda de cuerdas, o practicando, pistola en mano, la revisación de personas detenidas.

    La realidad de la vida social de las mujeres jóvenes en el ámbito urbano de Teherán es mostrada por Amirali Ghasemi como una existencia esquizofrénica. En la serie Party (2005) las jóvenes, vestidas con jeans, remeras y otras prendas de corte occidental, charlan y bailan con muchachos de forma desenfadada en fiestas realizadas en apartamentos privados, una actividad de tipo underground, lejos de la mirada atenta de los guardianes de la moral pública. Para que no sean reconocidos, el fotógrafo recortó los rostros de los fotografiados, los que así se transforman en personajes anónimos que ejercitan una forma de libertad.

El País Cultural. No. 1020, 12 de junio de 2009, Montevideo, Uruguay.

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