Pinturas de Soutine en Basilea. Un modernista inclasificable

Pedro da Cruz

Chaïm Soutine (1893-1943) pintaba – interpretando a través de su temperamento – lo que tenía ante sus ojos; era un verdadero realista, no combinaba distintos motivos, ni agregaba en sus obras elementos imaginados. En 1922, cuando el pedagogo y coleccionista Albert Barnes compró 52 de sus pinturas, Soutine pasó de ser un pintor desconocido a tener cierta reputación. Desde entonces críticos e historiadores de arte han intentado, sin mayor éxito, clasificar su obra según categorías previamente establecidas. Las características personales de Soutine, como la proveniencia, la orientación artística, y la actitud ante la religión, no encajaban en los parámetros de la época y el lugar.

    Había nacido en el seno de una familia judía en Smilovichi, un pueblo de 4.000 habitantes en una zona de mayoría lituana cerca de Minsk. Después de estudiar arte en Minsk y Vilnius (capitales de Bielorrusia y Lituania) viajó a París en 1913. Tenía veinte años y hablaba sólo yiddish, pero cortó los lazos con su país de origen, incluso con su familia, con la que intercambió algunas cartas sólo muchos años más tarde. Su idea era estudiar el arte francés y enmarcarse dentro de esa tradición, por lo que estudió tres años en la Escuela de Bellas Artes. Pero nunca fue considerado un pintor “francés”; no sería aceptado en la llamada Escuela Francesa, sino que compartió su destino con artistas de distintos orígenes catalogados como pertenecientes a la llamada Escuela de París.

Naturaleza muerta con arenques, 1916

    En cuanto a los aspectos formales de su obra, Soutine no se sumó a los continuadores de la tradición cubista, o a quienes practicaban variantes de la abstracción o el surrealismo. Su estilo, con marcadas pinceladas de colores intensos, puede ser definido como una variante del expresionismo. Este movimiento era entonces mal visto en Francia, pues se lo identificaba con el arte alemán, de tradición totalmente diferente.

    Soutine no era religioso, nunca usó en sus obras motivos relacionados a su lugar de origen o a la tradición judía, lo que en cambio sí hizo su colega Marc Chagall. A pesar de ello, algunos intelectuales de origen judío, como el polaco Waldemar George, intentaron definir el arte de Soutine como expresión del judaísmo, lo que indudablemente nunca fue la intención del artista. Soutine quería pintar lo que veía en el lugar en que se encontraba.

    La relación de Soutine con el modernismo ha sido discutida durante varias décadas, por ejemplo en relación a dos importantes exposiciones de su obra en Nueva York, en el Museo de Arte Moderno (MoMA) en 1950 y en el Museo Judío en 1998, y ha sido recientemente definida por Sophie Krebs como un “caso aparte” en el catálogo Soutine and Modernism (Dumont), publicado con ocasión de la reciente exposición del mismo nombre en el Museo de Arte de Basilea. 

LA ESCUELA DE PARÍS. Una vez llegado a París, Soutine se instaló en La Rouche (un edificio octogonal construido por Gustave Eiffel en Montparnasse para la Exposición Universal de 1900), entonces propiedad del artista y filántropo Alfred Boucher, quién alquilaba talleres baratos a artistas con pocos recursos. La imagen convencional de un artista pobre, que vivía prácticamente en la miseria, pero que estaba firmemente decidido a no traicionar su vocación, coincidía con la realidad. La pobreza era compartida con artistas provenientes de países del este de Europa, en su mayoría de origen judío, como Marc Chagall, Ossip Zadkine, Moïse Kisling y Alexander Archipenko. La poca comida también era compartida, lo que Soutine usó como motivo en Naturaleza muerta con arenques (1916), en la que se ven tres pequeños pescados en una fuente, en cuyo borde descansan dos tenedores.

    Poco después Soutine conoció al escultor Jacques Lipchitz, quién a su vez le presentó al pintor Amadeo Modigliani. Ambos tenían sus talleres en un lugar llamado Cité Falguière, donde Soutine se fue a vivir. La imagen de artistas extranjeros, que llevaban una vida pobre, padeciendo hambre y enfermedades (Modigliani murió de tuberculosis en 1920, a los 36 años) creó un aura romántica alrededor del grupo que integraría la Escuela de París. Ésta fue una construcción del arte oficialista, una forma de mantener fuera de la Escuela Francesa a artistas que eran activos en París – aunque con estilos totalmente diferentes entre sí – pero que no eran nacidos en Francia.

    Con ayuda de Modigliani, Soutine hizo en 1919 un arreglo comercial con el galerista Léopold Zborowski: éste le compraba todas las obras producidas por la módica suma de cinco francos por día. Poco después Soutine viajó a Céret, en los Pirineos franceses, donde iba a permanecer tres años. Allí, con poco dinero, aislado y angustiado, pintó un gran número de obras, entre otras una serie de retratos como Niño con juguete y Niña con muñeca (ambos de 1919). También pintó una serie de interesantes paisajes, con casas y árboles deformados, en los que dio rienda suelta a su veta expresionista. Dos de dichos paisajes son Plátanos en Céret (1920) y Campanario de la iglesia Saint-Pierre en Céret (1922).

Pollo colgando frente a pared de ladrillos, 1924

 LOS POLLOS Y LA GUERRA. En una fotografía de 1927 se ve a Soutine en ropa de trabajo, parado junto a un gran hueco en una pared de ladrillo, fumando sonriente junto a un ave de corral que cuelga por el cuello de una soga. Una imagen poco común de las tantas tomadas durante la época de entreguerras en talleres de artistas modernistas, los que en general posaban junto a alguna de sus obras. El ave no estaba destinada a alimentar al artista, sino que era su modelo.

    Como pintaba lo que tenía delante de sus ojos, llevaba a su taller pescados, liebres, aves de corral, y hasta medias reses, que arreglaba en forma de naturalezas muertas. Le importaba más la variación de los colores y el reflejo de la luz en la carne, que el olor que se desprendía de los motivos a medida que se iban descomponiendo, y que en cambio sí molestaba a los vecinos. Y cuando la frescura de la carne decaía, chorreaba el modelo con sangre para darle más color. En Céret ya había pintado Naturaleza muerta con faisán (1919), y luego seguirían obras como Pollo colgando frente a pared de ladrillos (1924) y Buey desollado (1925), las que alternó con peculiares retratos de trabajadores anónimos como El cocinero de Cagnes (1924) y El botones de Maxim’s (1925).

    Durante los años 20 y 30 el objetivo de Soutine era continuar la tradición de la pintura occidental. De los motivos de Rembrandt van Rijn (quién por ejemplo había pintado El buey desollado en 1655) a las naturalezas muertas y paisajes de Jean Siméon Chardin y Gustave Courbet. No era el único en seguir la tradición: la naturaleza muerta de Chardin La raya (1728) había sido reinterpretada por Henri Matisse en 1901, antes de que Soutine pintara una versión en 1922.

    El espíritu de la temática de Soutine, especialmente el carácter crudo de las imágenes de carne y sangre, ha sido en algunas ocasiones interpretado como una premonición de la futura Segunda Guerra Mundial: la ocupación de Francia por tropas de la Alemania nazi, y la subsiguiente invasión a la Unión Soviética, durante la que fue exterminada la población judía de la zona de Smilovichi, entre ellos los familiares de Soutine. La guerra también tuvo un desenlace fatal para el artista. Debido a su condición de judío corría riesgo de ser detenido y deportado, por lo que se fue al campo, donde cambiaba constantemente de escondite. Sufría de severos problemas estomacales – ingería sólo leche – por lo que en agosto de 1943 tuvo que arriesgarse y viajar a París para pedir ayuda médica. Pero ya era demasiado tarde.

    Durante la segunda mitad del siglo XX la pintura de Soutine pasó a su vez a formar parte de la tradición modernista. Su estilo inclasificable inspiró a Willem de Kooning, exponente del expresionismo abstracto en Estados Unidos, mientras que los bueyes desollados reaparecieron en pinturas de Francis Bacon, y literalmente en las sangrientas performances del accionista vienés Hermann Nitsch. Desde la perspectiva de artistas como Georg Baselitz, Jörg Immendorff y Anselm Kiefer, los llamados neoexpresionistas alemanes, que en parte retomaron la tradición del expresionismo, la obra de Soutine se acerca a lo contemporáneo. Como buscando su tiempo y su lugar.

El País Cultural. No. 1007, 27 de febrero de 2009, Montevideo, Uruguay.

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