Sobre el Museo Nacional de Artes Visuales y la gestión cultural

Pedro da Cruz

La presente situación relacionada a la política cultural en el campo de las artes visuales, y específicamente a la gestión del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV), con precipitados cambios durante los últimos dos años, son factores que no pueden ser analizados sin tener en cuenta un complejo panorama de problemas estructurales que requerirían soluciones radicales para poder crear sólidas formas de trabajo.

  

Ministerio de Cultura

El MNAV depende de la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), cartera que además se encarga de asuntos relacionados con el correo, cárceles, justicia y derechos humanos. Demás está decir que ante las necesidades del área de Educación, el área de Cultura queda relegada. Por la vía de los hechos, bajo la aparente alianza de políticas comunes, se revela un claro divorcio. Una medida necesaria para procurar dignidad a las cuestiones culturales, es la creación de un Ministerio de Cultura con presupuesto propio. Posiblemente sea una realidad a mediano plazo, ya que dos de los precandidatos presidenciales del Frente Amplio (FA), Marcos Carámbula y Danilo Astori (en ese orden) han anunciado su intención de realizar dicha reforma. El tercer precandidato del FA, José Mujica, afirmó que prefiere dar prioridad a la investigación científica. Mientras tanto, los precandidatos de la oposición no se han pronunciado sobre el tema públicamente. La ministra del Educación y Cultura, María Simon, parece a su vez ser partidaria de crear un Ministerio de Justicia, al que pasarían varias de las áreas que hoy forman parte del MEC. Un elemento relacionado con la órbita de las directivas del Poder Ejecutivo para la cultura, es la jerarquía de las distintas reparticiones. En el caso del MNAV, la función de su director pertenece a la categoría “Q”; es decir, un cargo de confianza política. Eso significa que un jerarca (en este caso el Director de Cultura del MEC) puede decidir en cualquier momento el cese del director del museo, lo que implica falta de seguridad laboral y de continuidad de la gestión. En cuanto a sus características, se podía leer en el reciente llamado de interés para director del MNAV: “La naturaleza del cargo no genera derecho a permanencia ni inamovilidad por la persona seleccionada puede ser cesada en el momento en que el Jerarca lo disponga. En principio la persona designada ocupará el cargo hasta que se produzca el cese del actual Director Nacional de Cultura salvo que las autoridades pertinentes dispongan su permanencia, por tratarse de un cargo de particular confianza.” Interrogarse por la naturaleza del cargo de director del MNAV es relevante, pues se ha planteado que debería convertirse en una responsabilidad de carácter técnico, cuya continuidad no dependería de los cambios en la jerarquía ministerial. En relación al reciente llamado de interés, se planteó que durante 2009 no se podía convocar un concurso, ya que por ser año electoral la ley no permite la creación de nuevos convenios laborales. Dicho concurso posiblemente tenga lugar luego de que asuman las próximas autoridades gubernamentales en marzo de 2010, en cuyo caso el cargo formaría parte del presupuesto de 2011. Por lo tanto, la creación de un Ministerio de Cultura y la revisión de las características del cargo de la dirección del MNAV, serían pasos significativos en la búsqueda de soluciones de los problemas estructurales mencionados. 

La estructura académica

En el ámbito académico es notoria la falta de un espacio natural para la formación e investigación teórica sobre las artes visuales, una falta de capacitación que produce confusión en cuanto a la evaluación de conocimientos y méritos. Una medida que correspondería tomar a las autoridades de la Universidad de la República (UdelaR) sería la creación de un Departamento de Historia del Arte en el ámbito de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En la actualidad, y desde hace mucho tiempo, en esa casa de estudios, la Historia del Arte está restringida al dictado de un par de cursos incluidos en los planes de historia contemporánea; es decir, supeditados a la licenciatura de Historia. Asimismo, la visión de la Historia del Arte como una materia histórica, es anticuada, ya que la misma abarca una serie de aspectos (iconografía, psicología y sociología del arte, semiótica, etc.) que no están supeditados a un desarrollo cronológico de acontecimientos artísticos vinculados a hechos históricos. La Historia del Arte no parece ser considerada un área de importancia en una facultad en que se pueden estudiar materias como Musicología y Antropología. Ese descuido trae como consecuencia una serie de problemas y limitaciones a los actores del campo de las artes visuales. El dilema se agudiza si se compara nuestra realidad con la de los países de la región, donde es notoria la fluida relación entre la capacitación universitaria y la actividad en museos y otros institutos culturales. Un ejemplo de nuestra desventaja es la composición del grupo de curadores de la próxima Bienal del Mercosur, que bajo el título El grito y la escucha se inaugurará en Porto Alegre en setiembre próximo. De una decena de curadores, liderados por Victoria Noorthoorn y Camilo Yánez (graduada en Artes en la Universidad de Buenos Aires y Master en Artes de la Universidad de Chile respectivamente), ninguno es uruguayo. 

Carencias del profesionalismo

A las escasas posibilidades enunciadas, se suma la inexistencia de cursos de nivel universitario para capacitar críticos de arte, curadores y museólogos; estudios que, en muchos casos, los interesados realizan por cuenta propia en universidades del exterior. Un panorama educacional deficiente tiene como consecuencia una notoria falta de profesionalismo. Dichas faltas se suman al hecho de que la mayoría de los trabajadores de la cultura, y más específicamente los activos en el campo de las artes visuales, se encuentran en una situación de pluriempleo. La figura del artista visual-crítico-curador-gestor cultural-jurado-empleado municipal o estatal (lo que en algunos casos es combinado con otras profesiones diversas) es habitual en nuestro medio, lo que fomenta una trama de influencias y favores-contrafavores que no es saludable. Otro aspecto a tener en cuenta es que en Uruguay ha habido una fuerte tradición para realizar emprendimientos culturales de forma independiente a los organismos estatales y/o municipales (por ejemplo la creación del Teatro El Galpón o del Club de Grabado), lo que llevó a que gran parte de los artistas tuvieran empleos de distinto tipo, especialmente dentro del área de la docencia, para poder dedicarse a las actividades culturales en su tiempo libre. Sin embargo, ello cimentó la idea de que los trabajadores de la cultura estaban más allá de las cuestiones económicas. En definitiva; que era “feo” tener expectativas de remuneración económica alguna.      En la actualidad se perciben algunos cambios en la situación de los trabajadores de la cultura, lo que es alentador, ya que posibilitaría un fortalecimiento del profesionalismo. Diversos emprendimientos culturales en las áreas del cine, la música, o el de realización de programas de software, son hoy generadores de efectos dinámicos cuyo aspecto económico es significativo. Las agrupaciones de actores y músicos, a las que se suma la nueva Unión de Artistas Plásticos y Visuales, han jugado un activo papel como referentes en el proceso de la aprobación de leyes que van a dar derechos jubilatorios a sus realizadores. En otro orden, emprendimientos oficiales significativos son los Fondos Concursables (cuya solicitud es aún sumamente complicada, ya que el formulario correspondiente en el área de investigación es de 23 páginas) y los nuevos Fondos de Incentivo Cultural (generalmente conocidos comoo Ley de mecenazgo), que permiten a las empresas privadas obtener beneficios fiscales en caso de apoyar distintos tipos de actividades relacionadas con la cultura.

De Pabellón de Higiene a MNAV. Crónica de una historia centenaria

El Museo de Bellas Artes fue creado por ley en diciembre de 1911. El acervo era entonces de 234 obras, en su mayoría de artistas extranjeros. La nueva institución comenzó a funcionar en el ala izquierda del Teatro Solís, y su primer director fue el pintor Domingo Laporte. Un año mas tarde, en 1912, se le asignó una nueva sede: un pabellón construido a fines del siglo XIX para sede de la Exposición de Higiene que se realizó en el entonces Parque Urbano, luego Parque Rodó, en el mismo lugar que hoy ocupa el MNAV. El pabellón original necesitaba ser reacondicionado para su nueva función, por lo que el museo fue abierto al público recién en 1914. Durante las gestiones de los directores Domingo Laporte (1911-1928), el también pintor Ernesto Laroche (hasta 1940), y el escultor José Luis Zorrilla de San Martín (hasta 1961) el acervo creció continuamente. Debido a que los locales ya resultaban totalmente inadecuados para la actividad, el museo fue clausurado en 1952, y el actual edificio comenzó a ser construido en el mismo lugar. La primera etapa fue culminada en 1962, año en que el museo fue reabierto al público.

    En 1961 asumió como director el arquitecto Muñoz del Campo, y en agosto de 1969 lo sucedió en el cargo el crítico Ángel Kalenberg, quién ocupó la dirección desde 1969 a 2007. En 1969 el museo fue reformado por el arquitecto y artista plástico argentino Clorindo Testa, quién reformó el espacio central del edificio (abriendo un espacio común a los dos pisos) y renovó la fachada, características que se han mantenido hasta el presente. La falta de espacio, debido a las demandas de las exposiciones temporales, determinó que se construyera una nueva sala en el piso superior, la que fue terminada en 1986, año en que también se concluyeron las obras de la sala de conferencias y los locales del entrepiso, donde está ubicada la biblioteca. En 1990 se terminó de acondicionar el jardín del museo, concebido por el paisajista Leandro Silva Delgado como un parque de esculturas. Allí puede verse el Monumento Cósmico (1938) de Joaquín Torres García, obra que ya había sido trasladada al entorno del museo desde su emplazamiento original sobre la avenida Julio Herrera y Reissig.

    En las últimas décadas el nombre del museo fue cambiado dos veces; durante un tiempo se le conoció como Museo Nacional de Artes Plásticas, para luego lamarse Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). En la actualidad su acervo cuenta con cerca de 6.200 obras.

    Las nuevas autoridades en el área de la cultura – de quienes depende la gestión del museo – asumieron en marzo de 2005 cuando Tabaré Vázquez nombró su gabinete. El ingeniero Jorge Brovetto (también presidente del Frente Amplio, cargo que aún mantiene) fue designado Ministro de Educación y Cultura, y el profesor Luis Mardones, Director Nacional de Cultura del MEC.

    A comienzos de 2007 se anunció que la psicóloga y artista visual Jacqueline Lacasa sería designada como directora. El método de designación directa y consensuado entre algunos agentes fue debatido en círculos culturales y artísticos, y funcionó como detonador de una serie de planteos acerca de las políticas culturales oficiales consideradas poco sólidas o inexistentes. Lacasa asumió como directora del MNAV en mayo de 2007. En febrero de 2008 la ingeniera María Simon fue nombrada Ministra de Educación y Cultura en sustitución de Brovetto. En setiembre del mismo año el escritor Hugo Achugar sustituyó a Mardones en la Dirección de Cultura del MEC (luego de una extensa licencia de éste último) y a fines de noviembre se hizo público un llamado de interés para director del MNAV. Se convocó a una comisión asesora, formada por el arquitecto Gabriel Peluffo, la profesora Alicia Haber y la curadora cubana Lillian Llanes, cuyo papel era recomendar un nombre en sustitución de Lacasa. Esa comisión recomendó al artista visual Mario Sagradini y se decidió que Pablo Thiago Rocca y Raquel Pontet ocuparan el departamento de investigación y el área de conservación respectivamente en régimen de contratados por el MEC hasta fin de 2009 (no siendo técnicamente considerados funcionarios públicos).

    Consultado acerca del tiempo de permanencia de Sagradini en su función como director del MNAV, el Director de Cultura Hugo Achurar respondió que eso será hasta que las autoridades que asuman “lo cesen, lo confirmen, o se convierta el cargo en un cargo técnico, y se haga un concurso.” (El País, 21-II-2009). Sagradini asumió finalmente el 25 de febrero del presente año.

La pupila, No. 7, Abril 2009, Montevideo, Uruguay.

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