Vincent van Gogh en el MoMA. Los colores de la noche

Pedro da Cruz

La imagen del pintor loco que se cortó una oreja, referida a un episodio que contribuyó a la creación de un mito de carácter único en el ámbito del arte moderno, se cimentó durante el correr del siglo XX. La esforzada vida y la trágica muerte de Vincent van Gogh (1853-1890) despertaron un interés que se ha mantenido vigente durante varias generaciones. Se lo ha considerado un genio incomprendido, que persistía en su empeño de pintar a pesar de que no vendía sus cuadros, y que pudo sobrevivir gracias a que fue mantenido económicamente por su hermano Theo.

    Otro elemento relacionado al mito, y que ha ido creciendo en importancia, son los astronómicos precios alcanzados por sus obras en el mercado del arte, los que pueden ser vistos en relación a la reiterada afirmación de que el artista vendió un sólo cuadro durante toda su vida. El pintor nunca hubiera podido imaginar que en 1990, el año en que se cumplían cien años de su muerte, una de las dos versiones de Retrato del Doctor Gachet (1890) fue vendida en Nueva York por 82,5 millones de dólares en una subasta organizada por la firma Christie’s.

    La forma en que van Gogh pintó hacia el fin de su vida, con pinceladas de colores puros que se complementan, especialmente notables en varios de sus magníficos autorretratos, no fue resultado de un impulso, o producto de su supuesta locura. Su estilo fue expresión del devenir de las artes plásticas de la época: enraizado en una tradición centenaria, apuntaba a la superación del impresionismo y a la creación de un nuevo arte: el modernismo. Van Gogh era metódico, estudioso, un ávido lector, de lo que ha quedado huella en su frondosa correspondencia, ya sea la que mantuvo con su familia – principalmente con su hermano Theo y su hermana Wil – o colegas como Paul Gauguin. Lejos de ser espontáneo en su trabajo, compuso sus obras en forma sistemática con ayuda de estudios previos, y realizó en algunos casos dos o más versiones de la misma obra.

    Van Gogh fue muy productivo durante el período de tiempo relativamente corto en que pintó, de 1880 a 1890. Diversos aspectos de su obra, incluso algunos que hasta el presente no habían sido discutidos en profundidad, siguen siendo actuales. Es el caso del grupo de pinturas cuyos motivos están relacionados al género crepuscular y nocturno. El estudio de esos motivos, que relacionan entre sí varias de las obras maestras que el artista pintó durante distintas etapas de su carrera, es el tema central de la exposición “Van Gogh and the Colors of the Night”, organizada en forma conjunta por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York y el Museo van Gogh de Amsterdam. Para lo ocasión, que es única y posiblemente no vuelva a repetirse, se han reunido la mayoría de las obras de van Gogh con motivos relacionados al atardecer y la noche, prestadas por diferentes museos y coleccionistas. 

VIDA CAMPESINA. Aún antes de comenzar a pintar, van Gogh ya se había interesado por los ciclos de la naturaleza. A pesar de que como empleado de la compañía internacional de comercio de arte Goupil & Co. (luego Boussod & Valadon) vivió en ciudades como La Haya y Londres, su principal interés seguía siendo la naturaleza, especialmente en las horas que seguían al crepúsculo. En sus cartas se refería constantemente a lecturas y pasajes de obras literarias relacionados a la noche, entre otros textos de Victor Hugo y Walt Withman. También coleccionaba poemas y textos en prosa relacionados al tema, los que compiló en una serie de cuadernos junto a reproducciones de obras con temas nocturnos.

    La inicial vocación de van Gogh fue la de misionero, ya que el comercio de arte fue un trabajo para el que nunca tuvo aptitudes, con la consecuencia de que terminó siendo despedido. Su padre era pastor protestante, por lo que desde pequeño van Gogh ya conocía textos de la Biblia. Su interés por la religión y la prédica lo llevó a radicarse en el distrito minero de Borinage, en Bélgica, donde predicó y compartió lo poco que tenía con los mineros con los que convivió. En 1880 regresó a Holanda, y un año más tarde comenzó a pintar de forma regular.

    Sus primeros paisajes pueden inscribirse en la tradición del “género campesino”, que a partir de 1840 se había convertido en un género muy popular, especialmente gracias a las obras de Jean-François Millet y Jules Breton, quienes expresaban un sentimiento religioso en su visión de la naturaleza. Van Gogh admiraba El Angelus (1859) de Millet, obra en la que una pareja de campesinos, parada junto a una canasta con papas, ora al atardecer en agradecimiento a Dios por el resultado de una magra cosecha. La preferencia por los motivos campesinos cobró un mayor impulso en 1882, cuando van Gogh leyó La vie et l’ouvre de J.-F. Millet, una biografía escrita por Alfred Sensier en 1881.

    Los paisajes con motivos de atardecer que van Gogh pintó en 1882 y 1883 también muestran una fuerte influencia del estilo desarrollado por pintores de la llamada Escuela de Barbizon, entre otros Camille Corot, Charles Daubigny, Jules Dupré y Théodore Rousseau. Dichos artistas eran admirados por van Gogh, quién se planteó el gran desafío de emularlos y desarrollar simultáneamente un estilo propio. Cuando vivía en Nuenen, en la provincia de Brabante, realizó un gran número de dibujos con estudios de campesinos antes de pintar dos versiones de la obra más importante que había pintado hasta el momento: Los comedores de papas (1885). En la misma combinó un motivo de la vida campesina con efectos lumínicos relacionados a las horas del atardecer, cuando la familia se recoge en la seguridad de su pequeña cabaña. Los personajes retratados están cenando alumbrados por una lámpara, por lo que van Gogh tuvo que realizar un gran esfuerzo estilístico para dar forma plástica al efecto de luces y sombras provenientes de una fuente de luz ubicada en el centro de la obra.

    La tradición de escenas nocturnas en Holanda se remontaba a obras de Rembrandt van Rijn, siendo especialmente importantes como fuente de inspiración para van Gogh las escenas de carácter bíblico realizadas por aquél, por ejemplo grabados producidos hacia 1650 como La huída a Egipto y Los peregrinos en Emmaus, en los que las fuentes de luz son una lámpara llevada por José y la propia figura de Cristo respectivamente. Aún después de haber encontrado soluciones aceptables para reproducir los efectos de la luz, van Gogh todavía no estaba satisfecho con la forma en que usaba el color – o su ausencia en obras casi monocromas como Los comedores de papas – en sus obras de carácter nocturno. 

ENSEÑANZAS DE PARÍS. En 1886, después de una corta estadía en Amberes, van Gogh se mudó a París con el propósito de estar cerca de su hermano Theo, quién era empleado en la sucursal parisina de la compañía de comercio de arte en la que van Gogh había trabajado con anterioridad. En París, van Gogh se dedicó a estudiar teoría del arte, especialmente el uso del color en la obra del pintor romántico Eugène Delacroix, y los escritos de Michel Eugène Chevreul sobre los colores complementarios. Una de sus principales fuentes de conocimiento sobre estos temas, así como sobre el claroscuro, fue Grammaire des arts du dessin, libro de gran difusión publicado por Charles Blanc en 1867, y que tendría una importancia fundamental para toda una generación de artistas. Durante su estadía en París, que se extendería hasta 1888, van Gogh puso en práctica las teorías de color de Delacroix. También comenzó a coleccionar grabados japoneses, especialmente paisajes y escenas nocturnas, en los que se inspiró cuando experimentó con nuevas formas de composición.

    Otro de los objetos de estudio de van Gogh en París fue la pintura de los impresionistas. Encontró especialmente interesantes las series de obras que Claude Monet había realizado con el mismo motivo – ya fueran parvas o catedrales – pintado durante distintas horas del día, registrando así los cambiantes efectos de la luz sobre los objetos. Pero van Gogh terminó considerando las soluciones plásticas de los impresionistas como sólo resultado de efectos visuales, sin la carga espiritual que él pretendía dar a sus obras.

    También fue importante para van Gogh conocer y trabar amistad con artistas de su generación como Louis Anquetin, Émile Bernard, Paul Gauguin, Georges Seurat y Henri de Toulouse-Lautrec – quienes serían conocidos como los posimpresionistas – que pretendían superar el impresionismo y renovar el campo del arte. El descubrimiento de las obras de estos artistas fue una gran revelación para van Gogh, lo que dio nuevos impulsos a su pintura. Especialmente importante fue el ejemplo de la obras de Seurat, quién basado en las mencionadas teorías de Chevreul sobre los colores complementarios, desarrolló una forma de pintar con pequeñas manchas que se combinaban ópticamente, método que sería conocido como puntillismo. Otro elemento interesante para van Gogh fueron las escenas nocturnas de cafés y salas de baile, con una de serie de efectos dramáticos de luces y sombras, pintadas por sus colegas posimpresionistas. Pero él mismo no pintó muchas escenas de la vida urbana. Su interés principal seguía siendo el de captar en su arte la esencia de la naturaleza y la espiritualidad de la vida campesina. Por lo que decidió abandonar París y radicarse en el sur de Francia.

Sembrador a la puesta del sol, 1888

CICLOS DE LA NATURALEZA. En febrero de 1888 se instaló en Arles, localidad de Provenza, y comenzó una vez más a pintar obras relacionadas a las horas del día, las estaciones y las distintas actividades humanas pautadas por los ciclos de la naturaleza. La vida cotidiana y el trabajo de los campesinos, especialmente el trabajo con el trigo, lo cautivaban. Daba una dimensión simbólica al proceso de siembra, siega y cosecha, las que veía como metáforas del principio y el fin de la vida.

    Realizó extensas series de dibujos en las que registró la vida, los oficios y las costumbres de la gente del pueblo, y que usaría como bocetos para figuras que aparecerían en otras de sus obras. Pintó campos de trigo al atardecer, con el sol poniente o con la luna ascendiendo. Siguiendo con la misma temática, decidió hacer una versión propia de El sembrador (1850) de Millet – una de las obras que más admiraba -, la que pintó con marcadas pinceladas de colores primarios en la modalidad de los posimpresionistas para adaptarlo a su nuevo estilo. Lo que resultó en que la figura del trabajador, que supuestamente sembraba al atardecer, camina por un campo luminoso, bajo un sol radiante que ilumina todo el cielo.

   Van Gogh no quedó conforme con el efecto logrado, y decidió pintar una nueva versión en la que el colorido diera la sensación de que la escena transcurría hacia el fin de la jornada de trabajo. No solo adaptó su paleta a la idea del atardecer, con la figura del sembrador a contraluz, sino que también decidió cambiar la composición: en el primer plano ubicó un árbol, cuyo tronco en diagonal es clara muestra de la influencia de los grabados japoneses que había comenzado a coleccionar poco antes. El siguiente desafío fue pintar escenas nocturnas trabajando durante la noche. Así como los impresionistas habían salido de sus talleres para pintar al aire libre, van Gogh ubicó su caballete tanto en interiores iluminados con luz artificial como directamente bajo la luz de las estrellas. 

Café nocturno en Arles, 1888

LUCES EN LA NOCHE. En su correspondencia van Gogh se refirió en varias ocasiones a la dimensión espiritual, incluso religiosa, que daba a la noche. La veía como un momento para la meditación, la autorreflexión y el reposo, un espacio para desarrollar lo introspectivo, pero durante el cual junto a las fuerzas buenas también se podían desatar fuerzas malas. Poco después de llegar a Arles, van Gogh había alquilado una habitación en un café que mantenía abierto al público toda la noche, y allí percibió que el café era un lugar de fuerzas oscuras que pueden explotar, e incluso llevar al crimen.

    Después de haberse mudado a una casa amarilla (escenario de la disputa con Gauguin que resultó en que se cortara parte de una oreja) van Gogh regresó al café con el propósito de pintar una escena nocturna del mismo. Instaló su caballete y pintó allí durante tres noches. El resultado del esfuerzo fue una de sus obras más conocidas: Café nocturno (1888). Especialmente interesante fue la forma en que reprodujo la luz que desprendían las lámparas: con metódicas pinceladas, y usando todos sus conocimientos sobre el color, pintó un halo radiante alrededor de cada una de ellas, logrando así un efecto de expansión.

    Los recientes adelantos tecnológicos, como la luz de gas y el alumbrado público en las ciudades, brindaban más oportunidades para apreciar las variaciones de la luz y los colores durante la noche. Otra obra de van Gogh cuyo motivo es una escena nocturna de un café, en este caso una vista exterior desde la perspectiva de la calle, es Terraza de un café de noche (Place du Forum) (1888). La terraza del café esta fuertemente iluminada, un ambiente acogedor bañado en una intensa y cálida luz amarilla que se refleja en el empedrado de la calle. Sobre los edificios, el cielo, de un azul intenso, está poblado de estrellas titilantes.

Noche estrellada, 1889

CIELOS ESTRELLADOS. Vincent van Gogh dio a sus escenas nocturnas un contenido muy rico. La reverberación de las estrellas le sirvió para asociar el atardecer y la noche con pensamientos poéticos y filosóficos. La visión lírica que tenía de la noche se percibe en el retrato de su amigo belga Eugène Boch – pintor al que llamó poeta -, a quién en Eugène Boch (El poeta)(1888) pintó sobre un fondo azul tachado de estrellas. En una de sus cartas van Gogh había escrito: “Me gustaría pintar hombres o mujeres con ese je ne sais quoi de lo eterno.”

    Para van Gogh el sentido de la eternidad estaba asociado a los ciclos y las fuerzas de la naturaleza, las que en su expresión celeste más formidable lo inspiraron a pintar magníficas noches estrelladas. De noche, bajo el cielo de Provenza, pintó Noche estrellada sobre el Ródano (1888), escasamente alumbrado por las luces de Arles, que en la obra se reflejan en el poderoso río que baña la ciudad.

    Durante el correr de 1888 van Gogh comenzó a tener síntomas de que su salud se estaba deteriorando, lo que entre otras cosas se manifestó en el episodio de la oreja en diciembre de ese año. Era epiléptico y sufría de una enfermedad relacionada a la esquizofrenia, lo que lo llevó a internarse voluntariamente en el sanatorio de la localidad de Saint-Rémy-de-Provence en mayo de 1889. Allí consiguió que le cedieran una sala para usarla como taller, y siguió pintando al aire libre en medio de la noche, esta vez el cielo de Saint-Rémy. En Noche estrellada (1889) pintó un ciprés y algunas casas bajo un cielo en el que las estrellas son el centro de círculos concéntricos luminosos, los que a su vez se prolongan en espirales que como centellas iluminan todo el firmamento. Unos meses más tarde pintó Camino en Provenza de noche (1890), en el que un camino, varios árboles y un campo sembrado fueron pintados de la misma forma que los espirales provenientes de la luna y las estrellas, creando una unidad plástica entre cielo y tierra. Van Gogh logró así su propósito de dar colores a la noche.

    Debido a que su salud continuaba empeorando, su hermano Theo hizo los arreglos necesarios para que van Gogh se mudara en mayo de 1890 a Auvers-sur-Oise, en las cercanías de París, para ser tratado por el Doctor Gachet. En Auvers comenzó a pintar frenéticamente, realizando unas setenta obras en poco más de dos meses. Sus motivos fueron una vez más los de su entorno: el doctor, la iglesia y los trigales. Una de sus últimas obras, quizás la última, fue Trigal con cuervos, en la que varios cuervos negros sobrevuelan un trigal de un amarillo radiante. Tal vez una premonición de que sus días estaban contados: el 27 de julio de 1890, en medio de un trigal, se pegó un tiro en el estómago. Murió dos días después en brazos de su amado hermano Theo.

El País Cultural. No. 991, 7 de noviembre de 2008, Montevideo, Uruguay.

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