Con Carlos Engelman y Clara Ost. El arte de coleccionar

Pedro da Cruz

La colección Engelman Ost, con sede en Montevideo, en la Avenida Rondeau 1426, comprende un gran número de obras de 68 artistas uruguayos. Pero tanto Carlos Engelman como Clara Ost prefieren no ser presentados como coleccionistas, sino como seres humanos (“mench”, persona en idish). Para esta entrevista, en general coincidieron en sus opiniones, ratificando uno las respuestas del otro. Y muy conformes se mostraron ambos con el libro sobre la colección recientemente editado gracias al apoyo del Centro Cultural de España.

LOS COMIENZOS

    – ¿Cómo y cuando surgió en ustedes la idea de coleccionar arte?       

    – Fue algo espontáneo y natural, que se dio como la vida misma. No fue buscado, no decidimos un día que éramos coleccionistas y salimos a comprar obras, nada más lejos de nuestras intenciones. Conocíamos artistas, el tema nos interesaba, y nos sigue interesando. Visitábamos exposiciones. Un día decidimos que había ciertas obras que eran tan significativas para nosotros, para el lugar donde vivíamos y nuestro concepto general de vida, que tenían que seguir acompañándonos. Fuimos comprando obras que colgábamos en nuestra casa, una casa grande, pero que al final resultó chica para cobijar todo nuestro arte. La gente llegó a conocer que teníamos ese acervo, entonces nos llamaban para que lo mostráramos a curadores extranjeros, a algún embajador interesado, o a delegaciones culturales. Finalmente decidimos acondicionar este local (la sede de la colección), nuestro lugar de trabajo desde hace muchos años, porque acá abajo funcionó una clínica de neurofisiología mientras que el piso superior estaba desocupado, como la prolongación de nuestra casa. Trabajábamos abajo, y arriba teníamos parte de la colección. Así lo instrumentamos, y en 1994 abrimos al público el espacio que se llama Engelman Ost con la finalidad de comunicar aquello que nos había interesado, compartirlo con el resto de nuestros conciudadanos.

María Freire, Sin título, 1963. Barro pintado

    – ¿En qué fecha concreta comenzaron a comprar obras?

    – La primera obra la compramos en una feria que organizó el diario El País en la Plaza Cagancha por el año 1963. Una escultura de María Freire, esa fue nuestra primera obra. Después, con diferentes grados de intensidad, fuimos comprando de acuerdo a las posibilidades. A veces más, a veces menos, fuertemente en la década del 80, a partir de 1984-85.

    – ¿Cuando se sintieron coleccionistas?

    – María Luisa Torrens fue quién dijo que éramos coleccionistas. Porque no estaba en nuestra voluntad serlo, ni nos concebíamos como tales. Un día Torrens nos mencionó como coleccionistas. Y resultó que al final terminamos siendo coleccionistas.

DEFINICIONES

    – ¿A que se debió que no se dedicaran a coleccionar artistas ya consagrados, como por ejemplo Figari o Barradas?

    – En primer lugar debemos decir que el proyecto nunca fue encarado con un sentido de inversión. En segundo lugar, nos interesa que la obra que vamos seleccionando sea testimonio de la época en que vivimos, que sea una memoria de ese periodo. Que lo que el artista plantea sobre distintos soportes, y que nosotros decidimos que integre la colección, sea concordante con lo que pensamos representa el aquí y ahora de Uruguay.

    – ¿Qué es lo atractivo del arte contemporáneo?

    – Que nos representa. También es interesante el encuentro con los artistas. Así como nos importan otras formas de la cultura, ya sea el cine o la música, nos interesa lo que pasó antes, pero también lo que pasa ahora. Es lo que representa estar insertos en la cultura de nuestro tiempo. Tomamos un artista y después lo vamos siguiendo en sus distintas etapas. Es muy interesante seguir la evolución. Todos ellos permanecieron creando, algunos ya no están, pero siguen vivos igual. Algunos están en el exterior, pero mantenemos el contacto, y sabemos cómo van evolucionando. Es muy interesante formar parte de eso, y no solamente estar enfrentado al producto final de un momento de creación.       

Ágeda Dicancro, Otras visiones sobre la vida y el hombre, 1995. Instalación

    – ¿Cuál es el carácter de la colección?

    – Es una colección de arte uruguayo. Si se recorre el espacio físico que alberga la colección, se advierte un hilo conductor a través de las distintas décadas en relación a los problemas que estaban planteados en la esfera social, no solamente en la plástica. Somos muy exigentes al definir lo que es forma, composición, ritmo, la parte que interesa desde el punto de vista formal, pero también nos interesa el trasfondo, en el que se puede leer la época que nos tocó vivir. La colección refleja nuestra idiosincrasia, nuestra manera de encarar los temas. Puede haber otros coleccionistas que quieran reflejar otros puntos de vista, que son igualmente válidos. Acá no está todo, y no está todo lo bueno que uno puede encontrar. No recibimos apoyo económico para ser independientes. La colección no está sujeta a ningún compromiso de elegir a determinados artistas. Por suerte en Uruguay hay absoluta libertad de expresión. Se puede exponer casi cualquier cosa respetando la moral y las buenas costumbres, y el buen gusto, que también hay que tenerlo presente. Con esas excepciones, aprovechamos con ingenio todas las posibilidades. Le damos oportunidades a la gente joven, ya que jugamos un papel que otras instituciones, por razones circunstanciales de falta de presupuesto o voluntad, no han podido tener.

EL PRESENTE

    – ¿Cuántas obras comprende la colección?

    – No sabemos cuantas obras tenemos, van ingresando pero no las numeramos, tenemos nuestro propio sistema. Si conociéramos el número exacto tampoco sería un dato importante. Si hubiera una sola obra que representara todo lo que interesa, eso sería suficiente. 

    – El local se muestra completamente abarrotado por la colección ¿Hay planes de ampliación?

    – Se hace camino al andar. Vamos tomando las decisiones a medida que van surgiendo los temas. Si viene alguna nueva obra, o un nuevo artista, se introduce y convive con el resto. Si de alguno tenemos una gran cantidad, y podemos ingresar la obra de otros, replanteamos los esquemas de acuerdo al momento. No hay ningún tipo de dogma o esquema fundamentalista, eso es lo más alejado de nuestra concepción.

    – En cuanto al criterio técnico de que no ponen títulos ni nombres junto a las obras expuestas, ¿eso se debe a algo especial?

    – Es un punto de vista. Uno no le pone títulos a los cuadros que tiene en su casa. Por eso acá no tenemos etiquetas. Y cuando viene alguien de afuera, salvo que aquí haya una multitud, como en el caso de la presentación del libro, siempre acompañamos a la visita. Es una visita personalizada. Si hay una exposición temporal, y no estamos nosotros, opera un artista como guía de sala, explicando la exposición y el resto de la colección. O sea que es más que una etiqueta. De pronto, como todo es dinámico, en el futuro esto toma un volumen que amerita cambiar de opinión. No digo que no, es probable que lo hagamos.

Hugo Longa, Felino, 1987. Óleo

REFERENTES

    – Viendo la colección en perspectiva, algunos artistas como Hugo Longa funcionaron como referentes. ¿Cómo se dio eso?

    – Longa fue un referente por coincidencia de puntos de vista. Lo consideramos un gran artista desde el punto de vista formal. Como ser humano representaba cómo un artista tenía que vivir y elegir en todos los órdenes de la vida. Lo encontramos en 1979-80, cuando estaba terminando su etapa surrealista y comenzando su época más expresiva, con ese expresionismo desatado que lo caracterizó. Después fuimos eligiendo obras de toda esa generación tan importante de la década de los 80, cuando entre otros aparecieron Carlos Seveso, Carlos Musso y Carlos Barea. No todos fueron de la escuela o el taller de Longa, ya que algunos fueron alumnos de Miguel Ángel Pareja, o de otros artistas, pero nos interesaba lo que estaban produciendo, como lo estaban diciendo, y hacia donde apuntaban. Luego fueron apareciendo otros grupos de artistas, y así, investigando, fuimos encontrando nuevas personas, nuevos núcleos que nos fueron interesando.

  – ¿Algunos otros artistas que para la colección hayan tenido un papel similar al de Longa?

  – Empezamos por Freire y Costigliolo, los primeros, continuamos con Longa, y después seguimos con la aparición de jóvenes como Fernando López Lage. Así como Álvaro Pemper y Virginia Patrone, quienes junto a Seveso y Musso formaron el taller Buenaventura. Los cuatro expusieron junto en Buenos Aires, y después se pasaron a talleres del Mercado del Puerto. Más tarde, se fueron agregando artistas como Eduardo Cardozo, aunque no nos queremos olvidar de nadie. Lacy Duarte, con su pintura de paleta alta primero, sus instalaciones después, cuando tomó sus memorias y las puso en soporte pintura o en soporte instalación. Rimer Cardillo, cuya obra de gran formato es parte de la instalación que mostró en el espacio del Subte Municipal, luego ubicada en el Museo Fernando García, y finalmente repartida en varios lugares.

EL FUTURO

  – ¿Cuáles son los objetivos con la reciente publicación del libro sobre la colección?

  – Generalmente, en relación con las visitas que llegaban del exterior, la gente siempre quería llevarse algo como ayuda de memoria. Entonces surgió esta propuesta, y fue muy bienvenida. Hasta entonces teníamos el material en un CD de tipo casero, que servía como introducción para los visitantes que no tenían posibilidades de buscar la información por sus propios medios.

  – ¿Cómo ven el futuro?

  – Somos muy felices viviendo en medio de este panorama, marchamos juntos en ese sentido. Nos proponemos seguir en este camino, que es una manera de comunicarnos con la gente a través de las artes plásticas. Tenemos muy valiosos artistas que a veces se mueren dos veces: una por causas de la vida; y otra en la memoria de la gente. Nosotros queremos ayudar a que esto último no suceda. También tenemos experiencias propias, por lo sucedido en nuestras familias, con lo perdido en conflagraciones mundiales, y sabemos todo lo que desapareció de la historia de países y culturas. Tampoco queremos que eso se repita. Es un compromiso que tenemos.

El País Cultural. No. 1071, 11 de junio de 2010, Montevideo, Uruguay.

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