Faceta menos conocida de Pedro Figari. La visión metafísica del artista

Pedro da Cruz                                                                                                                                    

 

En el nuevo Museo Figari (en formación), en Juan Carlos Gómez 1427, se inauguró la exposición “El Ser primario, el Hombre primordial: La serie de los Trogloditas de Pedro Figari” con obras pertenecientes a diferentes instituciones.

A diferencia de los óleos en que Figari retrató costumbres y personajes del siglo XIX, los que muestran motivos de la sociedad colonial, la comunidad negra o el ambiente gauchesco, la serie de obras en que aparecen personajes caracterizados como “trogloditas”, realizada por Figari en Buenos Aires a principios de la década de 1920, es prácticamente desconocida para el público.

Los primeros pasos. Óleo

    De acuerdo al objetivo establecido por Pablo Thiago Rocca (coordinador del museo) de dar a conocer distintos aspectos de la obra y el pensamiento de Figari, se exponen 12 obras – pertenecientes a museos públicos y galerías privadas – relacionadas al tema. También son expuestas reproducciones en facsímil de páginas del libro El Arquitecto, en las que Figari realizó dibujos a tinta relacionados con el tema.

    Los trogloditas son humanos caracterizados como seres primitivos: hombres y mujeres de piel oscura, que se muestran desnudos en un entorno árido de formaciones rocosas, en algunos casos frente a la entrada de una caverna. El estilo no es realista, sino que las figuras fueron pintadas de forma directa y rápida. En algunas de las obras los trogloditas no actúan en mayor medida, sino que están parados o sentados junto a las rocas, una actitud que parece ser meditativa.

    Tal es el caso de las figuras en obras como Los primeros pasos, en la que dos trogloditas están sentados al pie de un árbol semejante a un ombú; Concierto campestre, con dos personajes que tocan la flauta sentados en altas rocas; y Reposo, en la que una pareja está sentada descansando junto a rocas rodeadas de tunas. La idea de Figari era ilustrar el desarrollo de las primeras formas de comportamiento humano. En 1912 había escrito en Arte, Estética, Ideal: “Sería muy instructivo conocer la etapa que precedió al propio habitante de las cavernas, y seguir paso a paso al hombre hasta que descubrió el fuego, domesticó los animales e inició la agricultura.” 

BRUTALIDAD. Pero la actitud de los trogloditas no siempre es calma e idílica, sino que también presenta aspectos brutales y violentos del accionar de los hombres primigenios, tanto en las relaciones mutuas como en el contacto con la naturaleza.

Brutalidad. Óleo

    Algunas de las obras muestran escenas relacionadas a la caza: personas armadas con hachas de piedra y palos, y animales con grandes cornamentas semejantes a venados. En Caza un hombre y una mujer golpean un animal, y en Vigilancia un hombre con un palo está junto a un animal que parece estar herido, mientras que una mujer parada en una roca mira a lo lejos. La violencia entre las personas, tanto la idea como el hecho concreto, está representada en obras como La idea del crimen, que muestra un hombre armado con un hacha y dos mujeres. En Brutalidad un hombre levanta un puño junto a una mujer que se cubre la cabeza con las manos, una escena de violencia doméstica frente a la entrada de la caverna, junto a la que se ve un cráneo humano en un nicho, restos de un antepasado o símbolo de lo perecedero.

    La serie de los trogloditas nos permiten conocer el aspecto metafísico del pensamiento de Figari. Sus personajes pertenecen a la lejana época de los orígenes de la humanidad, durante la que los seres humanos estaban totalmente integrados a la naturaleza, y eran parte fundamental de la misma. Figari expresó un pensamiento panteísta que atribuía vida a todos los aspectos de la creación, incluso la naturaleza. Lo que se evidencia en las obras mostradas, en las que los animales, y hasta los árboles y rocas, tienen aspectos y comportamientos similares a los de los humanos.

    Incluso las actitudes violentas y agresivas parecen ser vistas por Figari como parte del largo camino de aprendizaje de formas de convivencia entre los humanos. La cercanía a lo primigenio brindaba la posibilidad de un desarrollo armónico de la especie. Luego de realizar la serie de los trogloditas, escribió en 1928 en El Arquitecto: “Hoy nos conmueve el pensar en la ósea sencillez de la vida primaria, simple, sobria, ruda, recta y eficiente.”

El País. 14 de junio de 2010, Montevideo, Uruguay.

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