Obra gráfica de Rufino Tamayo (1899-1991). Grabados de pintor

Pedro da Cruz

Rufino Tamayo (1899-1991) nació en Oaxaca, en el sur de México, una región con fuerte identidad en el campo de las tradiciones populares, cuyos elementos rurales y religiosos nutrirían el imaginario del artista. En 1917 ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero la enseñanza basada en los esquemas académicos no respondió a sus expectativas. En cambio se interesó por la experiencia alternativa de la Escuela de Pintura al Aire Libre de Coyoacán, a la que fue invitado el artista francés Jean Charlot para enseñar la técnica de la xilografía, o grabado en madera. La revitalización de esa técnica tuvo importancia para la fundación del Taller de Gráfica Popular, entre cuyos miembros descollaron Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgings y Alfredo Zalce.

    Otro elemento importante en la formación de Tamayo fue el legado de las culturas precolombinas mexicanas, con el que se familiarizó luego de 1921, cuando fue nombrado jefe del Departamento de Dibujo Etnográfico del Museo Nacional de Arqueología de Ciudad de México. En 1928 fue nombrado profesor en la Escuela de Bellas Artes, y durante varios años se desempeño como profesor de pintura en diversas escuelas de la Secretaría de Educación Pública. Hacia 1940 se radicó en Nueva York, donde permaneció casi veinte años, periodo durante el que viajó varias veces a Europa. Regresó definitivamente a México en los años 60.

    Tamayo es uno de los artistas que definió la modernidad en la pintura mexicana. A las influencias de lo autóctono mexicano sumó influencias formales del modernismo europeo, síntesis que es uno de los rasgos característicos de su obra. En la pintura Olga. Retrato dinámico (1958) la figura de su esposa (la pianista Olga Flores, con quién se casó en 1934) se expande en el espacio a la manera de ciertas esculturas de los futuristas italianos. Fue principalmente pintor, pero también un importante muralista, así como excelente dibujante y artista gráfico.

    Además de su aporte a las artes plásticas mexicanas, enriqueció el ambiente cultural del país con la creación de dos museos: el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo en la ciudad de Oaxaca en 1974, y el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo en Ciudad de México en 1981, la base de cuyos acervos fueron las colecciones privadas del artista de arte precolombino y arte moderno respectivamente. 

OTRO MURALISMO. La etapa inicial del trabajo pictórico de Tamayo coincidió con el apogeo del muralismo mexicano, encarnado en las obras de los “tres grandes”: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, aunque también fue un movimiento que incluyó artistas como Raúl Anguiano, Roberto Cueva del Río, Jorge González Camarena y Juan O’Gorman, entre muchos otros. El muralismo tuvo una definida orientación política de signo socialista, cuyo objetivo era educar al pueblo mexicano sobre el valor de sus tradiciones e historia, lo que resultó en un arte público de estilo realista y carácter social.

    La actitud de Tamayo fue diferente, ya que su arte no fue concebido a partir de una concepción política partidaria, como fue el caso de Rivera y Siqueiros, ambos miembros del Partido Comunista Mexicano. En vez de un estilo realista, sus murales muestran un tratamiento pictórico muy cercano al de su pintura de caballete. Sobre las diferentes concepciones en el campo del muralismo, Tamayo se refirió en una entrevista de 1928 al principal problema de la pintura mexicana como “el mexicanismo no resuelto. Hasta hoy se han hecho solamente interpretaciones folclóricas o arqueológicas, resultando de ello un mexicanismo de asunto en vez del verdadero mexicanismo de la esencia”. 

    Dos de los primeros murales pintados por Tamayo fueron El canto y la música (1933), en la Escuela Nacional de Música, y La revolución (1938), en el Museo Nacional de Antropología. Poco después viajó a Estados Unidos, y en 1943 recibió el encargo del mural La naturaleza y el artista para la Hillyer Art Library del Smith College, en Northampton, Massachusetts.

    Durante los años 50 se consolidó su fama internacional, lo que resultó en que le encargaran una serie de importantes murales, entre otros Nacimiento de nuestra nacionalidad (1952) y México hoy (1953), ambos para el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México. En Estados Unidos realizó América (1956), su mural de mayor envergadura, para el Banco del Suroeste en Houston, Texas, y en 1971 Fraternidad fue colgado en el hall del edificio de Naciones Unidas en Nueva York. En Francia le encargaron el mural Prometeo (1958) para el nuevo edificio de la UNESCO en París, en el que dos décadas más tarde también realizó Eclipse total (1977). 

CATÁLOGO RAZONADO. Desde que fue creada por el propio Tamayo, uno de los principales objetivos de la Fundación Olga y Rufino Tamayo fue estudiar y difundir la obra del artista. Rufino Tamayo. Catalogue Raisonné. Gráfica/Prints 1925-1991 es el primero de una serie de estudios exhaustivos del conjunto de la obra del artista, un catálogo razonado con detallada información técnica sobre cada una de las obras gráficas incluidas en el volumen. Entre los colaboradores se cuentan investigadoras mexicanas de primera línea como Raquel Tibol y Teresa del Conde, así como expertos en distintos aspectos de la obra de Tamayo como Juan Carlos Pereda, Mariana Morales y Nuria Rico.

    Ya durante el comienzo de su carrera, a mediados de los años 20, Tamayo se propuso trabajar paralelamente en los campos de la pintura y la gráfica, lo que continuaría haciendo sin interrupción hasta su muerte en 1991. Las obras gráficas de los años 20 y 30 son en su mayoría xilografías. Luego, durante sus largas estadías en Estados Unidos y Europa, realizó gran número de litografías, y después de su regreso a México en 1964 incursionó en las técnicas del aguafuerte y la serigrafía, e incluso inventó una técnica propia que denominó mixografía.

    Según Juan Carlos Pereda, durante su carrera artística Tamayo realizó 30 xilografías, 160 litografías, 72 obras en distintas variantes de grabados en metal y 67 mixografías. En total 329 obras gráficas, sin descartar la posibilidad de que en el futuro se agreguen al catálogo obras hasta ahora desconocidas, especialmente de los años 30. 

LAS TÉCNICAS. La xilografía era una técnica con una fuerte tradición en México, cuyo origen fueron las obras del fundacional José Guadalupe Posadas. La técnica se basa en el trabajo con gubia de una plancha de madera (o un trozo de linóleo). Luego del entintado y la impresión, las partes no trabajadas resultan negras, mientras que las partes removidas por la herramienta quedan blancas.

    Las primeras xilografías de Tamayo, entre las que se cuentan nueve viñetas en miniatura para ilustrar el Cancionero Mexicano (1931), muestran motivos directamente relacionados con imágenes del arte popular, lo que también se refleja en algunos de los títulos: Pareja con magüey (1925), Virgen de Guadalupe (1926) y Mujeres de Tehuantepec (1931). El estilo de las figuras de estas primeras obras es cercano al del realismo practicado por los muralistas, pero hacia 1930 Tamayo comenzó a utilizar motivos relacionados con los de su pintura, con soluciones plásticas similares para ambas técnicas, como es el caso de las xilografías La mandolina (1930) y Autorretrato (1935), ambas en un marcado estilo modernista.   

    A pesar de que ya en 1933 Tamayo había realizado una litografía, técnica basada en el uso de lápices grasos sobre un soporte de piedra porosa, retomó su trabajo litográfico en Francia en los años 50, luego de su reconocimiento internacional como uno de los principales pintores mexicanos.  Editó sus obras en varios talleres litográficos de París, y en 1964 fue invitado, como parte de un grupo de artistas consagrados, al reconocido Tamarind Lithography Workshop de Los Ángeles, donde ejecutó una serie de 28 litografías. Durante los años 70 y comienzos de los 80 sus litografías fueron editadas en los talleres de Ediciones Polígrafa de Barcelona.

    Mediante el uso de pinceles y brochas, Tamayo dio a sus litografías valores pictóricos que las condicionantes de la técnica de la xilografía no le había permitido desarrollar, con lo que acercó aún más el lenguaje plástico de la gráfica al de su pintura. De un gran número de motivos se destacan las litografías con figuras de mujeres y temas relacionados al erotismo: entre otras Desnudo en naranja (1959), Mujer (1964),  Retrato de mujer (1969) y Mujer temblorosa (1974). Otro motivo recurrente es el de las figuras de perros y otros animales, por ejemplo Coyote (1950), Gato (1959), Perro aullando (1960), Medio pescado (1969) y Perro de luna (1973). Las naturalezas muertas están dominadas por el tema de las rodajas de sandía, que en distinto número y diferentes combinaciones le permitieron al artista grandes variaciones de composición, como en Naturaleza muerta (1950), Tajadas de sandías (1969) y Sandías (1972).

    Durante los años 70 Tamayo experimentó en Ediciones Polígrafa con el uso de nuevas técnicas mixtas, denominadas con el nombre común de aguafuertes, técnicas relacionadas entre sí basadas en el tratamiento de placas de metal con distintos ácidos. Las superficies de las obras muestran gran variedad en las texturas, resultado de la técnica empleada, lo que resultó en que las aguafuertes de Tamayo, por ejemplo Cabeza con iniciales (1975), Dos figuras (1976) y Perro (1979), hayan sido relacionadas al art brut (arte bruto) de Jean Dubuffet. 

MIXOGRAFÍAS. En 1974 Tamayo comenzó a colaborar con el ingeniero Luis Remba, quién lo ayudó a encontrar soluciones técnicas para experimentar con texturas y entintados, y especialmente con nuevos tipos de soportes que permitieran la realización de obras gráficas tridimensionales. El proceso de investigación resultó en lo que Tamayo denominó mixografía, un sistema de estampado que permitió obtener calidades técnicas y formatos hasta entonces inéditos en el campo de la gráfica. La producción de mixografías fue llevada a cabo en dos talleres de Ciudad de México: Kyron Ediciones Gráficas Limitadas y el Taller de Gráfica Mexicana.

    La técnica de impresión de las mixografías es extremadamente compleja, basada en una matriz que reproduce todos los detalles de la ejecución realizada por el artista, el que puede hacer incisiones, esculpir e incluir todo tipo de materiales (como madera, metal y plástico) para crear imágenes y texturas. Luego de elaborar una serie de moldes, se obtiene una plancha de impresión de cobre en negativo, sobre la que luego de ser entintada se aplica el papel húmedo. Como resultado de la presión al que es sometido en la prensa, el papel absorbe la tinta y es troquelado en relieve simultáneamente.

    Tamayo realizó más de sesenta mixografías. Las primeras, entre las que se cuentan El perro mueve la cola (1974), Hombre en blanco (1976), Paisaje con luna (1977) y Reloj sin tiempo (1978), fueron impresas sobre papel industrial. En 1978 Tamayo comenzó a imprimir sobre distintos tipos de papel artesanal hecho a mano. La primera con esas características fue Torso (1978), a la que le siguieron, entre muchas otras, Sandías (1980), Protesta (1983), Cabeza sobre fondo azul (1984) y Personajes con pájaros (1988). Un caso especial es el de la mixografía monumental Dos personajes atacados por perros (1983), de 151 x 240 centímetros, en su momento la pieza gráfica de mayor formato creada a partir de una sola plancha.

RUFINO TAMAYO. Catalogue Raisonné. Gráfica/Prints 1925-1991, Turner, 2004, Madrid, 368 págs. Distribuye Océano.

Libros ilustrados

La experimentación con las técnicas litográficas amplió significativamente el campo de acción de Tamayo en el área de las artes plásticas. Uno de los resultados del trabajo que realizó en Francia en colaboración con editores gráficos y literarios fue el comienzo de una nueva e interesante actividad: la ilustración de libros, lo que le requirió interpretar textos y plasmar ideas literarias en un lenguaje plástico.

    En 1952 fue invitado a ilustrar dos libros, ambos de autores franceses, con temas relacionados con México: Aztlan, Songes Mexicaines de Man’ha Garreau-Dombasle y Air Mexicain de Benjamín Péret. En el primero Garreau-Dombasle había interpretado leyendas y tradiciones indígenas, a las que Tamayo dio forma plástica en las litografías Aztlan, Tezcatlipoca, El conejo de la luna, La muerte azul y Mensajes, obras pobladas de animales, restos arqueológicos y calaveras. El segundo libro fue escrito en 1949, luego de que Péret regresó de una estadía de siete años en México, y comprende un extenso poema basado en metáforas de la simbología indígena. Tamayo interpretó el espíritu del texto en cuatro litografías sin título que han sido denominadas Tres máscaras y tres alacranes, Ojo y serpiente, Tres aves y el sol y Espiral.

    El siguiente proyecto, realizado en 1959, fue un encargo del Club International de Bibliophilie Jaspard, Polus et Cie., y consistió en la realización de quince litografías para ilustrar el Apocalipsis de San Juan (basado en una versión francesa de 1672), obras en las que Tamayo dio forma plástica a las visiones que le fueron reveladas al santo por la divinidad. Los motivos expresan dramáticamente los desastres cósmicos y prodigios astrales ordenados por la divinidad para castigar a los hombres.

    En los años 70 Tamayo colaboró con el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias en la realización de dos proyectos. En Amanecer en el delta del Paraná (1972) trabajó a partir del texto en el que Asturias describe una leyenda argentina sobre la confrontación entre el cacique Timbú y su hijo Kirimbatá, lo que interpretó en dos litografías: una que representa una explosión fluvial que da nacimiento a pequeños islotes en el río, y otra que recrea la atmósfera de los amaneceres fluviales. Poco después, en Los signos existen (1974), inspirándose en seis litografías de Tamayo con motivos de personas que entran y salen de la tierra rodeados de máscaras enigmáticas, Asturias escribió una interpretación poética de la vinculación entre la creación y la magia ancestral de las culturas precolombinas.

    La última oportunidad en la que Tamayo creó imágenes a partir de textos fue en 1984, con ocasión de una convocatoria del gobierno español a diez artistas españoles y americanos para ilustrar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tamayo realizó tres litografías en las que ilustró con un beso de un hombre y una mujer de distintas razas el derecho a la igualdad (art. 2), con un orador el derecho a la circulación (art. 13), y con un nacimiento el derecho a que las libertades proclamadas se hagan efectivas (art. 28).

El País Cultural. No. 1072, 18 de junio de 2010, Montevideo, Uruguay.

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2 respuestas a Obra gráfica de Rufino Tamayo (1899-1991). Grabados de pintor

  1. Ana Maria dijo:

    Hola: Hace mencion del pintor muralista Roberto Cueva del Rio. Que sabe usted de su obra, tanto mural como caballete?
    Gracias

  2. alejandro dijo:

    TENGO OBRA DE TAMAYO ME GUSTARIA SU OPINION.

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