El robo de la Gioconda en 1911. Misterios de una falsificación

Pedro da Cruz

En la mañana del martes 22 de agosto de 1911 el pintor aficionado Louis Béroud llegó al Salon Carré del Museo del Louvre para continuar con la copia que estaba realizando. Pero, en lugar de encontrar La Gioconda, se enfrentó a los cuatro ganchos de los que el retrato había estado colgado hasta el domingo a la hora de cierre, cuando lo había visto por última vez, ya que los lunes el Louvre estaba cerrado al público.

    No recibió una respuesta inmediata cuando consultó a los funcionarios sobre el paradero de la obra. Sugirieron que posiblemente había sido trasladada a alguna de las numerosas dependencias del museo para ser analizada o fotografiada, y recomendaron al frustrado copista que regresara un par de horas más tarde. Pero luego de una primera infructuosa búsqueda, el nerviosismo comenzó a vibrar en el aire, y poco a poco funcionarios y autoridades se fueron convenciendo que había sucedido algo inimaginable: La Gioconda había desaparecido del Louvre.

    Cuando los periódicos dieron a conocer la noticia, la conmoción en la opinión pública fue enorme. El Louvre estuvo cerrado durante una semana, mientras se buscaban huellas del presunto delito. Después el público hizo largas colas para entrar a ver el espacio vacío donde hasta entonces se había podido contemplar el cuadro.

    Así comienza el libro de R. A. Scotti El robo de la sonrisa. ¿Quién se llevó la Gioconda del Louvre?, en el que la autora recrea las circunstancias que rodearon el hecho, basada en una minuciosa descripción de los cargos y nombres de las autoridades relacionadas con el caso, así como del clima creado por los titulares de los principales periódicos de París. Scotti recreó diálogos y, usando un recurso literario para dar más color a la historia, dio al retrato un carácter humano, ya que al referirse a La Gioconda escribió por ejemplo “ya había hecho algunas travesuras” y “se había librado de sus marcos con tanta facilidad como una dama de sus enaguas.”

    El libro es una historia colmada de preguntas y pistas falsas, con ramificaciones a Estados Unidos e Italia, que culmina unos años más tarde en Marruecos con las revelaciones de un falso marqués. De todo el cúmulo de datos, incluso algunos capítulos dedicados a la vida de Mona Lisa en Florencia, así como a los numerosos traslados de la obra, que tanto el rey Francisco I como Napoleón tuvieron colgada en sus dormitorios, se desprenden una serie de datos interesantes sobre la sociedad francesa y las relaciones internacionales durante el siglo previo a la Primera Guerra Mundial, de la Revolución Francesa al Kaiser Guillermo.

    El robo de La Gioconda fue también elegido por el argentino Martín Caparrós para su novela Valfierno (Premio Planeta Argentina 2004), que el autor desde un comienzo hace girar en torno al personaje principal, el falso marqués, del que traza un retrato psicológico muy interesante. 

LA BANDA DE PICASSO. La aparición del marco y el vidrio protector de La Gioconda en el descanso de una escalera del museo que llevaba al Patio de la Esfinge, desde el que se llegaba al Patio Visconti y luego a la calle, sirvieron para confirmar la teoría del robo. Primero se pensó que podía ser un encargo de algunos de los grandes coleccionistas de arte estadounidenses, y se barajaron los nombres de los multimillonarios Altman, Carnegie, Frick, Hungtinton, Mellon y Morgan.

    Pero pronto la atención se centró en la llamada “banda de Picasso”, formada entre otros por Pablo Picasso, Guillaume Apollinaire, sus amantes Fernande Olivier y Marie Laurencin respectivamente, y Max Jacob. Éstos fueron hallados culpables del llamado “caso de las estatuillas”, que se resolvió cuando André Salmon, editor de la sección de arte del Paris-Journal, fue contactado por el llamado barón Ignace d’Ormesan, seudónimo de Honoré Géry, un aventurero belga protegido por Apollinaire. En 1907 Géry había robado del Louvre dos pequeñas cabezas ibéricas de piedra que fueron a parar a manos de Picasso, que se inspiró en las esculturas cuando ese mismo año pintó las cabezas de las dos figuras centrales de Las señoritas de Avignon. Todos fueron interrogados, y Apollinaire quedó detenido mientras que Picasso y Olivier fueron liberados. El caso se resolvió cuando las estatuillas fueron devueltas.

    Las autoridades, alentadas por el hecho de que los miembros de la “banda” eran extranjeros (y algunos de origen judío), imaginaron la existencia de un grupo delictivo que se proponía robar obras de los museos franceses, y sospecharon que la desaparición de La Gioconda era obra de extranjeros conectados a Picasso y Apollinaire, lo que alentó expresiones de xenofobia. Pero pronto quedó claro que la pista no era cierta. 

EL FALSO MARQUÉS. Durante un par de años se mantuvo el misterio sobre el paradero de La Gioconda, hasta que en diciembre de 1913 un hombre que se hacía llamar Leonardo Vincenzo, pero cuyo verdadero nombre era Vincenzo Peruggia, contactó en Florencia al galerista Alfredo Geri para ofrecerle La Gioconda a cambio de cierta suma de dinero. Geri recurrió a las autoridades, las que comprobaron que el retrato que Peruggia guardaba en un maletín de madera bajo la cama del hotel en que se alojaba era la obra original.

    Peruggia había sido empleado del Louvre, incluso había construido la protección de vidrio de La Gioconda, pero las autoridades no se interesaron por él luego de la desaparición del cuadro, el que durante un par de años estuvo guardado en el ropero del ladrón a sólo tres kilómetros del museo. Peruggia reconoció el robo, y que había sido ayudado por los hermanos Vincente y Michele Lancelotti. Declaró que sus motivos eran patrióticos, ya que quería vengar la pérdida del botín que Napoleón se había llevado a Francia después de sus campañas italianas, y fue inmediatamente considerado un héroe por sus compatriotas.

    Luego de su devolución, La Gioconda fue expuesta durante dos semanas en Florencia. Después fue a Roma y a Milán, desde donde fue trasladada en triunfo a Francia para volver a ocupar su lugar en el Salón Carré del Louvre. Poco antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial la situación internacional era muy tensa, por lo que unos meses más tarde decayó el interés por Peruggia, quién fue condenado a una corta pena. Pero todos los aspectos relacionados al caso no conformaban una historia coherente.

    Casi veinte años más tarde, en junio de 1932, el periodista estadounidense Karl Decker publicó un artículo en el que reveló la confesión que el falso marqués Eduardo de Valfierno, un argentino de clase alta cuyo verdadero nombre es desconocido, le había hecho en 1914 en Marruecos. Valfierno había conocido en Buenos Aires a Yves Chaudron, un pintor francés que realizaba falsificaciones de arte. Luego de vender varios falsos Murillos a viudas pudientes, ambos viajaron a París para poner en práctica un plan mucho más audaz.

    Chaudron pintaría varias copias de La Gioconda, las que luego serían ofrecidas como la original a distintos coleccionistas inescrupulosos. A medida que las falsificaciones fueron finalizadas, Valfierno viajó con ellas a Estados Unidos, una por vez para no despertar sospechas.  Luego llegó el momento en que La Gioconda tenía que desaparecer del Louvre para hacer la historia creíble. Valfierno planificó el robo de la obra con Peruggia, que nunca entendió que la idea no era vender la propia Gioconda, lo que trató de hacer sin éxito en Florencia dos años más tarde. No es conocido si Valfierno, de quién se perdieron todos los rastros para siempre, pudo finalmente llevar a cabo su plan.

EL ROBO DE LA SONRISA. ¿QUIÉN SE LLEVÓ LA GIOCONDA DEL LOUVRE?, de R. A. Scotti. Turner, 2010, Madrid, 256 págs. Distribuye Océano.

El País Cultural. No. 1086, 24 de septiembre de 2010, Montevideo, Uruguay.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Varios y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s