Nueva biografía de Georges Braque (1882- 1963). El otro fundador del cubismo

Pedro da Cruz

El nombre de Georges Braque evoca hechos decisivos para la historia de la cultura y el arte del siglo XX. Evoca a París, la vida de bohemia en Montmartre, la efervescencia cultural, y su amistad con Picasso, con la subsiguiente creación del cubismo, punto de arranque de la fantástica saga del modernismo del siglo XX.

    Los hechos que jalonaron la vida de un artista son, por lo general, interpretados como hechos que influyeron en el desarrollo de su obra. Tal es el caso de las numerosas interpretaciones de los periodos de la obra de Picasso, como resultado de las relaciones que tuvo con distintas mujeres, desde su amor de juventud por Fernand Olivier a su última esposa Jacqueline Roque. Si la vida sentimental y artística de Picasso fue intensa y accidentada, como fuegos de artificio, Braque parece haber vivido de forma apacible una vida sin acontecimientos espectaculares, con excepción de su participación en la Primera Guerra Mundial. Una vida que es inevitable compararla con la de Picasso, ya que ambos compartieron experiencias vitales y artísticas durante casi una década, influyéndose mutuamente de tal forma que en esa época (cuando no firmaban las obras) era difícil reconocer cual de ellos había pintado algunos de los cuadros cubistas.

Braque era aficionado a la música (de joven tocaba la flauta y el acordeón), y en su madurez se interesó por el budismo zen, lo que seguramente fue importante para el desarrollo de su obra plástica. La obra que creó después de su colaboración con Picasso es una pintura intimista, en general naturalezas muertas e interiores de taller, de carácter poético, atemporal, poblada de instrumentos de música y pájaros, lejos de la carga política con que Picasso creó su legendario y monumental Guernica (1937). Mientras que la vida de Picasso ha sido contada y analizada desde todos los puntos de vista posibles, la de Braque no ha acaparado el mismo grado de atención, quizás debido a que fue más apacible como persona.

A las ya existentes biografías sobre Braque se suma la reciente Georges Braque. A Life, escrita por Alex Danchev (Penguin UK), catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad de Nottingham. En su libro Danchev profundiza en las relaciones familiares y de amistad de Braque, y citan un gran número de textos (entrevistas, artículos periodísticos, ensayos, poemas, etc.), lo que es minuciosamente documentado en un extenso aparato de notas (págs. 280 a 440). El análisis del desarrollo de la obra de Braque se va intercalando con relatos detallados sobre lugares y circunstancias, así como un gran número de anécdotas sobre las relaciones mantenidas por el pintor.

Paisaje de Ciotat, 1907

UN NORMANDO INTROVERTIDO. Georges Braque nació en Argenteuil, cerca de París, el 13 de mayo de 1882. Argenteuil, a la ribera del Sena, era un lugar de esparcimiento de los parisinos, elegido entre otros por Claude Monet para pintar paisajes. Ya de niño Braque entró en contacto con el mundo de la pintura debido a que su padre, de profesión pintor de casas, era un artista amateur. Charles Braque salía en carro los domingos a pintar al aire libre en algún lugar de las cercanías, y algunas veces llevaba a su hijo con él. El pequeño Georges copiaba en su casa las ilustraciones de la revista Gil Blas, en especial las obras de Toulouse-Lautrec, sus favoritas. En 1890, cuando Georges tenía ocho años, la familia se mudó a Le Havre, el puerto en la desembocadura del Sena, donde Charles Braque rápidamente prosperó con su firma de construcción recién fundada. También fue fundador de la Sociedad de Amigos del Arte de Le Havre, en cuyo Salón sus paisajes de los alrededores (de playas como Honfleur o Trouville) tuvieron mucho éxito.

    El joven Georges comenzó a estudiar en la Escuela Municipal de Bellas Artes, regida entonces por un director extremadamente conservador, al punto que las modelos eran obligadas a llevar un juego completo de ropa interior. Y para llegar a ese nivel, y poder participar en las clases de “desnudo”, los alumnos debían practicar varios años dibujando figuras de yeso. Dos de los compañeros de estudio de Braque fueron Raoul Dufy y Othon Friesz, con los que se reencontraría en París unos años más tarde.

    Braque era un joven introvertido y solitario, le gustaba vagabundear por el puerto de Le Havre, y contemplar el mar durante horas. En 1900, cuando cumplió 18 años, recibió el llamado para el servicio militar, que duraba tres años, mientras que alumnos aventajados de Escuelas de Bellas Artes o artesanos calificados podían acortarlo a uno. Por eso Braque fue enviado a París a aprender el oficio de pintor decorador con un viejo socio de su padre. 

LOS FAUVISTAS DE LE HAVRE. Así comenzó su vida parisina, familiarizándose rápidamente con el tratamiento de distintos materiales, su preparación y aplicación.

    Un genuino interés por los materiales sería una constante en la vida del pintor, quién unos años más tarde diría: “Yo trabajo con materia y no con ideas.” Su primer trabajo como artesano fue la decoración de un salón de té en la rue Caumartin, lo que resultó en un certificado y la reducción del servicio militar a un año. De vuelta en París comenzó a asistir a la Académie Humbert, donde conoció a los pintores Francis Picabia y Marie Laurencin, amante del poeta Guillaume Apollinaire. Luego de pasar por otras academias, un corto período en la Escuela de Bellas Artes, y de copiar obras en el Museo del Louvre, Braque reencontró a Dufy y Friesz. Los tres se acercaron al grupo de pintores fauves (del francés, fieras) liderado por Matisse, grupo que expuso colectivamente en el Salón de Otoño de 1905. Louis Vauxcelles, crítico de arte de humor ácido, escribió refiriéndose a una escultura de Marquet de estilo “florentino” (ubicada en el centro de la sala con pinturas muy expresivas), Donatello entre las fieras. Lo que dio nombre al grupo.

Braque recibió la influencia del fauvismo, y comenzó a pintar en ese estilo paisajes de L’Estaque y La Ciotat, en la costa del Mediterráneo, obras como La bahía de La Ciotat (1907). En el Salón de los Independientes de 1907 vendió cinco obras al coleccionista alemán Wilhelm Uhde. “En ese momento comprendí que era un pintor”, confesó más tarde. La influencia de los fauvistas fue importante no sólo en el estilo, sino también en el interés por lo que llamaban art nègre, objetos tribales provenientes principalmente de África Occidental, el Congo Belga y Oceanía. Maurice Vlaminck fue el primero en comprar en un bistro dichos objetos, traídos por marineros de las colonias francesas. Luego “la caza de negros” (como le llamaban entre los amigos) también sería practicada por André Derain, Matisse, Braque y Picasso. Estos últimos vivían en Montmartre, Picasso en una vieja casa de madera llamada Bateau-Lavoir, en la que durante meses había estado creando una obra que quería fuera la más importante que había pintado hasta el momento, Las señoritas de Avignon. Posiblemente Braque y Picasso ya se hubieran visto ocasionalmente antes de su primer encuentro en el taller del segundo, con la revolucionaria obra como telón de fondo. Sobre ella Braque dijo que Picasso “quería hacernos tomar kerosene”, coincidiendo con la actitud negativa, incluso de rechazo, de la mayor parte de los artistas y coleccionistas que entonces la vieron. Derain dijo “cualquier día encontraremos a Picasso colgado detrás de su gran tela.” De esta forma comenzó la relación de Braque con Picasso, relación que sería la más importante para la historia del arte del siglo XX.

La fábrica Río Tinto en L'Estaque, 1910

PAISAJES COMO CUBOS. En octubre de 1907, nuevamente en L’Estaque, Braque comenzó a experimentar con nuevas formas, dando un tratamiento geométrico a todos los elementos del paisaje. Un nuevo estilo sin precedentes, que no provenía de ninguna tradición y que aún no tenía nombre. De este periodo es la pintura Casas en L’Estaque (1908), una de las obras fundacionales del cubismo. Antes de viajar al sur de Francia, Braque había visto en París una exposición de obras de Paul Cézanne, un homenaje al cumplirse un año de su fallecimiento. En 1904 Cézanne había escrito, en carta dirigida al pintor Emile Bernard, que había que tratar a la naturaleza con ayuda “del cilindro, la esfera y el cono”. Esto fue lo que Braque llevó a la práctica en las obras que pintó durante los meses siguientes, ejemplo que fue seguido por Picasso en obras que pintó en España, entre otras Fábrica en Horta del Ebro (1909). De la intensa interacción entre la obra de ambos surgió el estilo que sería llamado cubismo.

Las obras de Braque y Picasso de 1908-09 conforman la primera etapa de dicho movimiento, etapa que a falta de otro nombre se la denomina “cubismo influido por la obra de Cézanne”. Sobre el origen del cubismo, Danchev realza la importancia de las iniciativas de Braque (lo califica de inventor del cubismo en detrimento del papel de Picasso) en cuanto a la elección de motivos, la creación de un nuevo tipo de espacio, de un nuevo tipo de lenguaje plástico, de pintar las primeras obras cubistas, y de ser el primero en exhibirlas. Sobre este último punto no hay dudas, ya que Braque realizó una exposición individual en la galería del marchand Daniel-Henry Kahnweiler a fines de 1908, mientras que Picasso, o bien no tenía obras en el nuevo estilo para mostrar, o bien fue calculador y empujó a Braque primero al ruedo. La crítica no se hizo esperar. Louis Vauxcelles, el crítico que había bautizado involuntariamente al fauvismo, escribió el 14 de noviembre en la revista Gil Blas: “El señor Braque desprecia la forma y reduce todo a cubos”, repitiendo la hazaña de bautizar un nuevo movimiento.

La relación simbiótica entre las obras de Braque y Picasso continuó durante la próxima etapa del cubismo, la del cubismo analítico. En obras que pintaron en 1909-11 el tratamiento de la figura y el fondo es similar, ya fueran figuras humanas u objetos, con una composición basada en pequeñas formas geométricas que recuerdan facetas. Intercalaron figuras de objetos reconocibles, como una pipa o las cuerdas de una guitarra, para mantener cierta relación con la realidad. Y algunos de los objetos los pintaron como si el espectador los viera desde distintos ángulos, simultáneamente.

Mientras que Braque pintó La fábrica de Río Tinto en L’Estaque (1910) u Hombre con guitarra (1911), Picasso pintó Retrato de Ambroise Vollard (1910) o El acordeonista (1911), obras tan similares que son prácticamente intercambiables. Un dato interesante para entender el espíritu en que trabajaban es el hecho de que no participaron en la exposición de presentación del cubismo, en el Salón de los Independientes de 1911, ya que no quisieron institucionalizar el movimiento.

En relación a la iniciación del cubismo llamado sintético (1911-14), Danchev vuelve a considerar el papel de Braque más importante que el de Picasso. Según su opinión las primeras esculturas de papel, un tipo de cubismo sintético en tres dimensiones, así como las primeras obras con papeles pegados o collages, fueron inventadas por Braque. Algunas de sus obras con papeles pegados, y/o con elementos pintados como papeles, son Frutero y vaso (1912), La mesa del pintor (1913) y Violín (1914). Picasso también usó la técnica del collage, y como en el caso de otras innovaciones, es difícil poder determinar cual fue su aporte específico.

Según Danchev, Picasso acostumbraba a presentar mujeres a los amigos que estaban solos, en algunos casos luego de que ellas hubieran sido sus amantes. Dos de esos amigos fueron André Derain y Guillaume Apollinaire, a quienes presentó a Alice Géry y Marie Laurencin respectivamente. También sería el caso con Braque, a quién presentó a Marcelle Vorvanne, la que luego sería Madame Braque. Lo que de alguna manera, debido al estrecho contacto entre los dos pintores, también significaba una relación de Marcelle con Picasso. Muchas parecen haber sido las bromas de parte de éste al referirse, años más tarde, al tímido y retraído Braque como su esposa, o ex esposa. En una ocasión en que Braque estuvo muy enfermo (estaba acompañado por Marcelle), y le dijeron a Picasso que no podía verlo, y que sólo podía hacerlo su esposa. El español exclamó en un rapto de cólera: “Yo soy Madame Braque”. 

LA GRAN GUERRA. La excepcional relación entre Braque y Picasso tuvo un fin involuntario cuando Alemania declaró la guerra a Francia el 3 de agosto de 1914. Debido a la movilización general, Braque y Derain fueron enrolados y viajaron a reunirse con sus regimientos. Picasso no fue enrolado – ya que era español – y no participó en la guerra, por lo que fue criticado en ciertos círculos. Unos años más tarde, Picasso contó que había ido a despedir a los dos colegas a la estación, y que cuando el tren partió supo que “ya no los vería más”. Una afirmación en sentido figurado, pero que encerraba una gran verdad: ya nada sería igual, desde la esfera de las relaciones personales al curso de la historia de Europa. El 13 de mayo de 1915, día en que cumplía 33 años, Braque fue herido en la cabeza por un trozo de granada. Fue dado por muerto y dejado en el campo de batalla; salvó la vida gracias a una patrulla que lo recogió y lo llevó a un hospital de campaña. Luego de que le realizaran una trepanación fue trasladado a París, donde estuvo internado varios meses mientras se recuperaba en forma lenta.

    La guerra también provocó cambios en el mercado de arte de París, lo que afectó especialmente a los cubistas, ya que el marchand Kahnweiler tuvo que abandonar Francia y, por ser alemán, su colección fue confiscada. En un arrebato de nacionalismo, el cubismo fue identificado con lo alemán, siendo incluso llamado arte boche (palabra despectiva para designar lo alemán). El lugar de Kahnweiler fue ocupado por Léonce Rosenberg, con el que Braque firmó contrato en noviembre de 1916. Rosenberg era propietario de la Galerie de l’Effort Moderne, donde fue mostrada la segunda exposición individual de la carrera de Braque en marzo de 1919.

La mesa redonda, 1929

EL TALLER COMO MOTIVO. La vida de Braque después de la guerra es descrita minuciosamente por Danchev, por ejemplo los sucesivos cambios de marchand (debidos a desacuerdos o por mutuo acuerdo), la evolución de los precios de sus obras, y la comparación con los precios de obras de Picasso, Derain, Juan Gris, etc. También describe la ascensión económica y social de Braque, una de cuyas expresiones fue el encargo al famoso arquitecto Auguste Perret de una casa de tres pisos en París, con un espacioso y luminoso taller en el último piso. Poco después hizo construir otra casa en Varengeville, en la costa de Normandía, en donde cada año se establecía por varios meses. Otra expresión de su éxito económico fue la adquisición de autos último modelo de las marcas más prestigiosas, pasión que compartía con Picasso. Ambos, en su madurez, tuvieron chofer con uniforme.

Mientras que Picasso después de la guerra comenzó a pintar obras de inspiración clasicista, uno más de sus cambios de estilo espectaculares, Braque siguió usando el tema de la naturaleza muerta como motivo principal, dándole un carácter poético que lo ayudaría a establecerse como uno de los maestros del siglo XX. Una de las obras que resume su pintura de entreguerras es La mesa redonda (1929), en la que, partiendo de su experiencia cubista, Braque integró nuevos elementos. Mientras que la parte inferior de la obra describe la esquina de una habitación, la parte superior es de carácter planista, con elementos geométricos que son una continuación de los objetos ubicados sobre la mesa (el instrumento, la botella, el libro, las frutas, etc.).

Una nueva guerra se desencadenó sobre Europa, y luego sobre el mundo, en 1939. Cuando las tropas alemanas estaban a las afueras de París, Braque trasladó gran parte de su colección a Normandía, y luego al sur de Francia. Pero él regresó a la capital francesa, permaneciendo en su taller, pintando, durante todo el tiempo que duró la ocupación. Aunque era de tendencia conservadora, no se dejó seducir por las autoridades nazis y se mantuvo a la expectativa.

El gobierno alemán organizó un viaje de propaganda a Alemania para intelectuales y artistas franceses. Braque parece no haber sido invitado. De todas formas es seguro que no participó del viaje, mientras que sí lo hicieron algunos de sus colegas y amigos, como Derain y Friesz. Luego de la liberación, Picasso se afilió al Partido Comunista Francés, y trató de convencer a Braque de que siguiera su ejemplo. Éste se negó.

El interior del taller es uno de los motivos que el artista repitió en una serie de obras que caracterizaron sus últimos años de actividad. Ejemplo de ello es Taller VIII (1955), con un primer plano dominado por una naturaleza muerta que incluye paleta y pinceles, sobre la que vuela un pájaro blanco. El pájaro es otro de los motivos que Braque pintó con frecuencia durante esta época. Eligió pintar las siluetas de dos pájaros blancos cuando le encargaron la decoración del techo de una de las salas del Museo del Louvre en 1953. Ese encargo fue prueba del reconocimiento oficial, así como el funeral con honores de Estado realizado también en el Louvre, cuando murió el 31 de agosto de 1963, a los 81 años. Picasso lo sobrevivió en una década.

El País Cultural. No. 942, 23 de noviembre de 2007, Montevideo, Uruguay.

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