Umberto Eco y las artes. Las listas visuales

Pedro da Cruz

En su libro más reciente, El vértigo de las listas (ver El País Cultural No. 1063), escrito en relación con un trabajo encargado por el Museo del Louvre en 2009, Umberto Eco continúa con la forma de trabajo que anteriormente utilizó en sus Historia de la belleza e Historia de la fealdad: el análisis de distintos temas a partir de una combinación de elementos literarios y visuales.

    En el prólogo, Eco cuenta que su fascinación por las listas en la literatura se remonta a su época de estudiante, y menciona entre sus fuentes de interés tanto textos medievales como textos de James Joyce, Jacques Prévert, Walt Whitman y Jorge Luis Borges entre muchos otros.

    Como punto de partida de su razonamiento, el autor utiliza pasajes de la Ilíada para definir los modelos de análisis de dos tipos distintos de listas. El primero de los pasajes elegidos es la larga descripción homérica de los motivos del nuevo escudo que el dios Hefesto forjó para Aquiles, en sustitución del tomado por Héctor cuando mató a Patroclo. El escudo, al contener todos los motivos descritos, es tomado como ejemplo de una obra “cerrada”.

Hieronymus Bosch, El jardín de las delicias (detalle), 1500

    El segundo pasaje citado por Eco es la descripción de la inmensidad del ejército que se apresta a atacar Troya. En el texto son nombrados los capitanes de cada una de las naves, pero como no se menciona cuantos hombres tenía a su mando cada uno de ellos, el número total de soldados resulta indefinido. El pasaje es tomado como ejemplo de una obra que no contiene la totalidad de los motivos, sino que continúa con un “etcétera”. 

LISTAS Y ELENCOS. La lista como fenómeno está basada en la palabra, en general en la exhaustiva descripción de un motivo o grupos de motivos, ya sean las cualidades de los vagabundos que andan por los caminos del mundo enumeradas por el propio Eco en El nombre de la rosa, como el contenido de los cajones de la cocina de Leopold Bloom que James Joyce describió en Ulises. Basado en las previas categorías de listas basadas en lo literario, Eco establece las correspondientes definiciones en el campo de las artes, con “listas” basadas en lo visual que denomina elencos o catálogos.

    Como en el caso de las listas literarias, se pueden identificar en obras de arte de distintas épocas dos tipos de elencos, cerrados o que continúan con un etcétera. Los pasajes de la Ilíada citados con anterioridad también sirvieron como motivo de diferentes obras, por ejemplo El escudo de Aquiles, una ilustración realizada por Quatremère de Quinncy incluida en El Júpiter olímpico, o el arte de la escultura antigua, libro publicado en París en 1815. El pasaje de las naves que se acercan a Troya es el motivo de El juicio de Paris y la guerra de Troya (1540) de Matthias Gerung, ejemplo de un etcétera visual, ya que las incontables tiendas y naves de los sitiadores se pierden en la distancia.

    La mayoría de las obras elegidas para ilustrar distintos aspectos de los elencos en el campo visual muestran escenas bíblicas, de batallas o de festejos grandiosos, en las que la cantidad de figuras es abrumadora. Esta cualidad, una enorme multiplicación de los motivos, va a ser la más importante, en detrimento de las definiciones de listas cerradas y de etcétera en los capítulos en que Eco analiza las categorías “Listas de cosas”, “Listas de lugares” y “Colecciones y tesoros”.

    Entre las obras con motivos de carácter bíblico en las que proliferan las figuras se cuentan El jardín de las delicias (1500), de Hieronymus Bosch (El Bosco) y La coronación de la Virgen (1580), de Tintoretto. Hubiera sido prácticamente imposible que Alberto Durero pudiera pintar cada uno de los personajes de Martirio de los diez mil cristianos (1508), por lo que el artista dejó al espectador la tarea de imaginar que el resto de las figuras están fuera del marco de la obra.

    También son incluidas escenas de batallas con una cantidad de figuras que resulta asombrosa, entre otras las frecuentemente reproducidas La batalla de Issos (1529), de Albrecht Altdorfer, y La batalla de Lepanto (1605), de Andrea Michieli. Otras obras menos conocidas, con soluciones plásticas adaptadas al gran número de figuras, son también interesantes en este contexto. En La llegada de Isabel de Parma con motivo de su casamiento con José II (1760), de Martin Mytens, el cortejo de la princesa zigzaguea por un terreno plano, lo que permite representar mayor cantidad de carruajes y soldados, mientras que en La Pasión de Cristo (1471), de Hans Memling, todas las escenas de la Pasión, desde la Flagelación a la Resurrección, están representadas simultáneamente en distintos lugares de una ciudad medieval, una solución precursora del cómic de nuestros días. 

Damien Hirst, El abismo, 2008

COLECCIONES Y GABINETES. En “Intercambios entre lista y forma”, el capítulo más corto del libro (de una sola página), Eco escribe sobre la transformación de una lista en forma. Pone como ejemplo la obra de Giuseppe Arcimboldo, y señala que el pintor toma los elementos de una lista posible, todas las frutas y hortalizas existentes, y compone con ellos una forma que no es la esperada o la debida. Como ejemplo es reproducida La primavera (1573), un retrato de medio busto de un hombre de perfil, con la cabeza formada por flores y el cuerpo por hojas.

    Otro tipo de elenco estudiado por Eco son las obras que registran colecciones de tesoros eclesiásticos, obras de arte, elementos de la naturaleza, etc. A partir del Renacimiento, los más importantes compradores de arte no vinculados a la iglesia fueron miembros de las casas reales europeas, los que, para poder demostrar la importancia de sus colecciones, encargaban obras que registraran sus acervos. David Teniers pintó por ejemplo El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas (1650). En otras colecciones, las llamadas “wunderkammer”, o gabinetes de curiosidades, las obras de arte se exponen junto a todo tipo de objetos, como monedas antiguas, caracoles y animales disecados, los que se ven en Colección de arte y curiosidades (1636), de Frans Francken.

    También existen ejemplos de elencos visuales que no están basados en una colección real, sino en colecciones inventadas, un tipo de “galería virtual” de la época. Uno de los artistas más conocidos en crear este tipo de obras fue Giovanni Pannini, que en Galería con vistas de la Roma moderna (1759) reunió una serie de esculturas, entre otras el Moisés de Miguel Ángel, y pinturas con motivos de fuentes y edificios de la época. Petrus van Elven pintó Visión fantástica de los principales monumentos de Italia (1858), en la que junto a una corriente de agua representó, lado a lado, las catedrales de Milán y Venecia, la Torre de Pisa, así como arcos de triunfo y templos clásicos de Roma.

    Para ilustrar ejemplos de elencos en obras de arte contemporáneas, tanto objetos como instalaciones, Eco eligió trabajos que se destacan por la repetición y multiplicación de los elementos. Es el caso de las conocidas “acumulaciones” de Arman, hileras de colillas de cigarrillos retorcidas de Damien Hirst, y las mesas con vajilla de Daniel Spoerri.

    El vértigo de las listas es también una muestra de la habilidad de Eco para dejar conforme a todos los lectores, ya sean los que sólo eligen leer algunos de los textos, o mirar rápidamente las reproducciones, como los que analizan a conciencia los numerosos pasajes de textos incluidos en el libro.

El País Cultural. No. 1090, 22 de octubre de 2010, Montevideo, Uruguay.

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