Con Oscar Larroca. La intimidad de la imagen

Pedro da Cruz

Oscar Larroca (Montevideo, 1962) es artista visual, docente, ensayista y codirector de la revista de artes visuales La Pupila. Expone con regularidad, individual y colectivamente, desde 1981. Ha publicado los libros La mirada de Eros (2004) y La suspensión del tiempo. Acercamiento a la filosofía de Manuel Espínola Gómez (2007).

Fragmentos corporales I (Pantalla, Ojo)

 

UN AUTODIDACTA.

    – ¿Cómo te formaste?

    – No tengo una formación demasiado organizada. En los currículos siempre escribo que soy autodidacta, en el sentido de que no asistí a un taller. Cuando quise dedicarme al estudio de las artes visuales la Escuela Nacional de Bellas Artes estaba cerrada por la dictadura. Luego fue pasando el tiempo y no tuve un contacto curricular, lo que no quita que conociera a gente como Jorge Satut y Manuel Espínola Gómez, que de algún modo tuvieron que ver con mi formación. Así que las artes visuales me eligieron a mí mucho antes de que yo decidiera que carrera seguir.

    – ¿Cuando tuviste contacto con Satut y Espínola Gómez?

    – En 1981, gracias a un certamen que organizó Cinemateca Uruguaya para artistas plásticos jóvenes. Tuve la oportunidad de conocer algunos miembros del jurado, como Jorge Abbondanza, Espínola Gómez y Olga Laurnadie.

    – ¿Cuales fueron tus primeras actividades?

    – Comencé muy temprano. Tenía 19 años cuando hice mi primera muestra individual en la galería de Cinemateca Pocitos, en la que mostré dibujos a tinta y drypen. Mayoritariamente tenían que ver con “cuasi” ilustraciones de canciones que por aquellos años de la adolescencia me habían marcado mucho. Luego se fueron dando una serie de situaciones que me involucraron rápidamente con las artes visuales, y me llevaron a querer superarme día a día, tanto desde el punto de vista plástico como del teórico.

    – Unos años más tarde fuiste objeto de censura. ¿Qué pasó?

    – Eso sucedió en el año 1986. Todo surgió a partir de una invitación del asesor del Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo, que en ese momento era Espínola Gómez, para realizar una muestra individual en la sala de exposiciones de la Intendencia de la calle Soriano. El “Peludo” Espínola había escrito el catálogo, pero antes de la inauguración se suscitaron algunos inconvenientes a partir de la denuncia de algunos funcionarios acerca de que la obra que se estaba colgando podía atentar contra la moral de los espectadores. Esos funcionarios alegaban que la obra era muy violenta porque se exhibían desnudos y algunas imágenes vinculadas a las relaciones sexuales. La denuncia llegó a oídos del intendente Jorge Luis Elizalde, que decidió hacer una pausa durante un fin de semana para decidir si la muestra se inauguraba o no. Finalmente Elizalde consiguió el apoyo de algunos legisladores y gran parte de los ediles de la Junta Departamental de Montevideo y la muestra se censuró. A causa de esta situación Espínola Gómez renunció como asesor, y convocó a la Comisión de Patrimonio y a la Ministra de Cultura Adela Reta, que decidieron que se me diera un espacio del Poder Ejecutivo. Así fue que la muestra se inauguró en la Biblioteca Nacional dos meses más tarde.

INVESTIGADOR.

    – ¿Cuándo comenzaste a combinar tu actividad artística con la docencia y la investigación?

    – Comencé a enseñar en 1996, en el departamento de Florida, donde resido desde 1992. A propósito de otras actividades, siempre me interesó el aspecto teórico, el alcance filosófico de las artes en su conjunto, y así fue que comencé a investigar por mi propia cuenta. Tuve la dicha de ganar un certamen organizado por la Fundación Banco Pan de Azúcar. El premio era una beca por seis meses a Francia. En 1997 viajé a París, hice varios viajes por Europa, y me contacté con diversos docentes. Entonces comenzó mi relación profunda con la investigación. Hasta ese momento no estaba seguro sobre que me interesaba más, si la filosofía, el arte o la sociología. Finalmente me decidí por la filosofía. Y después seguí siempre vinculado a tareas que giran alrededor de las artes, como el diseño para portadas de discos y libros, e ilustraciones para revistas.

    – ¿Cuáles son los temas de los libros que publicaste?

    – La mirada de Eros es una recopilación de notas, algunas de las cuales habían sido publicadas en El País Cultural. Es un libro que se basa en las ideas de otros pensadores, y está atravesado por problemáticas comunes a los distintos textos. Lo que hice fue hilvanar ideas de aquellos autores que más me interesaban, y establecer una línea común entre los once capítulos que integran el volumen. El ensayo más importante se llama justamente “La mirada de Eros”, y tiene que ver con el erotismo en el arte desde la prehistoria hasta nuestros días. Y toda la problemática relacionada a la censura, la pornografía y el erotismo, temas que fueron disparados por mi experiencia anterior de censura. Tres años después publiqué La suspensión del tiempo. Acercamiento a la filosofía de Manuel Espínola Gómez. La idea fue simplemente acercar el pensamiento de Espínola a un círculo de gente que no lo conocía. Cometí un atrevimiento, pero creo que de algún modo Espínola se sentiría feliz con mi esfuerzo al escribir este libro.

    – Tú no estudiaste formalmente con Espínola Gómez. ¿Cómo fue tu relación  con él?

     – Me siento su discípulo. Esa experiencia cercana que tuve la quise llevar al libro para poder transmitirla. Dado que si bien se le hicieron reportajes, y escribió algún artículo periodístico, toda la predica de Espínola fue dictada en boliches, y era muy poca gente la que podía tener acceso directo a eso. Así que armé el libro haciendo uso de algunos escritos éditos e inéditos de Espínola, más algunas grabaciones de un programa radial que tuvo junto a Ligia Almitrán y Rubén Castillo a mediados de los 80, material que me proporcionó la Fundación Espínola Gómez.

Fragmentos III

LA PUPILA. 

    – Otra de tus actividades es la de codirector de la revista La Pupila. ¿Cómo ha sido la experiencia de fundar una revista?

     –  Mi viejo sueño de dirigir una revista se cristalizó en 2008 con la salida de La Pupila. Siendo adolescente, un poco consustanciado con algunas revistas subterráneas que en ese momento se estaban publicando en el Río de la Plata, ya tenía en mente editar una revista de artes plásticas y escribir en una revista propia, que había decidido llamar Lápiz. El primer número de La Pupila salió en 2008, y ya vamos por el tercer año. Es una publicación que se distribuye en forma gratuita, con el objetivo de llegar a la mayor cantidad de gente posible, en especial estudiantes de Bellas Artes, Humanidades y Bachillerato Artístico. Lo tomamos, junto a Gerardo Mantero, que es codirector y redactor responsable, como una militancia cultural con todas las letras. Por la revista han desfilado, e intentamos que desfilen, todas las plumas más importantes en literatura de arte visuales de este país. Hasta el momento han participado de la publicación cincuenta personas, entre sociólogos, críticos, filósofos, antropólogos, gestores culturales, docentes y artistas visuales.

LA FIGURACIÓN Y LA REALIDAD.

    – ¿En cuanto a tu obra plástica, cuáles han sido tus fuentes de inspiración, que es lo que siempre te ha interesado?

    – A grosso modo podríamos decir que mi obra está asociada a la figuración, a cierto tipo de realismo, con el que experimenté con mayor o menor suerte, tratando siempre de abordar la problemática del objeto y el significado de la imagen. Que para mí no se detiene en la mera mímesis, sino que uno a través de la imagen puede seguir hurgando en los contenidos de la representación. Soy un gran consumidor de imágenes y objetos. Por ejemplo me atrae mucho ir a la feria de Tristán Narvaja, al Museo del Azulejo, observar algunas figuritas, me interesan los iconos. Y, más allá de la propia imagen, el significado hacia el que apuntan esas figuras. Me interesó siempre, especialmente en los últimos años. Mi próxima exposición, titulada “Bordes”,  es un intento de abordar el tema de la mímesis, la representación de la realidad. De Platón hasta nuestros días es un tema que se ha ido abordando con distintas variables. Podríamos hablar de Hegel y la muerte del arte, ya que de alguna forma Hegel abordó el tema de la mímesis. Y después eso deriva en las sucesivas muertes del arte, que no son sólo consecuencia de los reclamos de las vanguardias, ya que al arte, y no solo al arte representativo, en general se lo viene matando desde la época de Plinio el Viejo.

    – En cuanto a lograr un alto grado de realismo a través de la perfección técnica. ¿Hay algún significado en el logro de la perfección?

    – La perfección técnica es algo para lo cual no tengo una respuesta demasiado concisa. Soy eso, el sujeto que va a la intimidad de la imagen. Que se regocija en el pequeño espacio, que va de lo público a lo privado, y no de lo privado a lo público. Que se interesa por saber hasta donde se puede llegar con la manufactura. No me interesa reproducir la realidad a secas, como han hecho algunos hiperrealistas. No creo que haya una reproducción absoluta de la realidad. Uno siempre se detiene en un grado de información determinada, ya sea por voluntad propia o por limitaciones, uno no puede ir más allá. Y, como decía Espínola Gómez, aún si un sujeto quisiera representar todo lo visible de un árbol no lo podría lograr. Pero quizás puede desencadenar situaciones imprevistas a través de esa búsqueda, y eso es lo que a mi me interesa. Ver que sucede estudiando el detalle, con todo lo que eso significa. Hasta donde se pueden resolver problemas técnicos con el oficio. No me interesa que quede “igualito a la realidad”. Me interesa resolver problemas visuales y todos aquellos aspectos inherentes a la interpretación de la imagen.

    – ¿Con que has estado trabajando durante los últimos años?

    – Durante los últimos quince años no he realizado muestras regularmente, sino que me he tomado un tiempo prudente entre una y otra. No quiero trabajar a las apuradas, ni siguiendo los mandatos estéticos de turno. Me quiero tomar mi propio tiempo, trabajar con mis propias debilidades. Esa es la materia prima de “Bordes”, la muestra que se inaugurará en febrero del año que viene, en la que se van a visualizar las mismas preocupaciones acerca de la imagen que hubo en la muestra “Fragmentos” de 2005. Aparecen algunas obras figurativas donde también hay uso de la fotografía. Pero esas imágenes están a su vez invadidas por otras imágenes. Hay un discurso visual dentro del discurso visual. A veces de forma contrapuesta, a veces de forma un poco más soldada, pero en todo caso mi preocupación a propósito de la representación sigue vigente. En varias de las figuras hay un tributo al director de cine Peter Greenaway. Y también hay una necesidad de reflexionar acerca de la identidad, viejo tema para los habitantes de este país tan joven, que siempre estamos preguntándonos quienes somos. Así aparecen las figuras de Lautréamont y Carlota Ferreira, iconos de nuestra cultura visual, de nuestra propia historia del arte. Trato de reconstruir toda esa iconografía visual y plantear otras interrogantes. Creo que no hay un manual para nada de esto, todo lo contrario.

    – Para “Fragmentos” trabajaste con dibujo y pintura. Ahora para “Bordes” has sumado fotografía y técnicas digitales.

    – Sí. Junto al fotógrafo José Pampín, con ocasión de una muestra que se realizó en el Instituto Goethe en 1992, ya había trabajado con fotografía analógica intervenida en el laboratorio, de modo tal que en el mismo papel había emulsión fotográfica y dibujo. Fue una experiencia muy rica, y desde entonces nunca dejé de trabajar con fotógrafos. Luego apareció Trygve Rasmussen, con quién estoy trabajando para la próxima exposición. Quizás a simple vista puede parecer que existe un divorcio entre las obras en distintas técnicas. Pero creo que hay un hilo conductor que pasa por la invasión de la imagen por la imagen, de la convivencia de un elemento con otro, de la fotografía con el trazo, de un objeto hiperreal con uno lineal.

    – ¿Qué te aportan las nuevas técnicas?

    – La fotografía digital me da la posibilidad de trabajar las imágenes en pantalla. Puedo borrar algunas zonas de la fotografía, y luego trabajarlas en el impreso final con herramientas como Photoshop. También me da la posibilidad de trabajar en formatos mayores, pero no estoy inventando nada. Estoy haciendo uso de lenguajes ya bastante conocidos. Aunque con una impronta lo más personal posible.

    – ¿A que se debe la incorporación en algunas de tus obras de una cantidad de elementos figurativos de diferente carácter?

    – La aparición de numerosos elementos proviene de mi mencionado interés por la iconografía. Por las pequeñas figuritas que aparecen en los álbumes, la cantidad de objetos desparramados en el espacio barroco de una mesa de Tristán Narvaja. El aparente desorden de la acumulación de objetos. Las listas interminables de las que habla Umberto Eco. Y debajo de ese desorden, de ese caos, siempre hay un orden, como en la vida misma. Hay ironía, muchos elementos están trabajados de forma más hiperrealista, otros de forma más esponjada, más gestual. En otros detuve el registro en determinado punto, no lo quise hacer demasiado apretado, demasiado acartonado. En fin, creo que es una familia muy difusa. Me interesa mucho el tema de la convivencia forzada entre los elementos. De algún modo tiene que ver con nuestra ubicación en el espacio y el mundo. Siempre estamos conviviendo con, o dependiendo de, distintas variables que se sitúan más allá de nuestra voluntad o nuestro cuerpo. Esto de las imágenes pasa un poco por ahí. También puede haber otras interpretaciones en las que no querría ahondar, para no sacarle misterio al asunto. Incluso a veces me planteo que tendría que hilar más fino, y preguntarme a fondo que quiero decir con esto, pero dejo una reserva sin tocar.

    – ¿Cuáles son tus expectativas en cuanto a la recepción de las obras?

    – Para mí, toda obra de arte es inabordable desde el punto de vista de lo exhaustivo. Siempre se le puede sacar jugo. Aún hoy podemos tener nuevas formas de escrutar una obra del Renacimiento o el Barroco. Puede haber nuevos métodos de diagnóstico. Yo no creo que esté todo dicho de cualquier obra producida a lo largo de la historia. Entonces, si yo me embarco en la tarea de ser exhaustivo, primero no lo voy a lograr, y segundo quisiera dejar un margen de ambigüedad, una zona librada a la interpretación de otro. Además cada persona va a interpretar distintas cosas, más allá de lo que quiso decir el artista. Yo puedo querer decir algo, pero cada persona va a abordar distintas cosas sobre la misma imagen, y eso es lo rico, lo interesante del asunto. Que las imágenes le sirvan como disparador para poder procesar discursos internos. Pero depende de la experiencia de cada espectador, por lo que la apreciación siempre será subjetiva.

Pubis

 

Bordes

La muestra “Bordes” será inaugurada en el Subte Municipal de Montevideo en febrero de 2011, y durante los meses siguientes será mostrada en los departamentos de Canelones, San José y Treinta y Tres. El título se refiere a lo que sucede en el borde entre un objeto y otro, entre una imagen fotografiada y una imagen dibujada, entre la continuidad y la discontinuidad.

    En total serán mostradas 18 obras de gran formato. Algunas están compuestas por varias partes, de dípticos a otras que llegan a reunir 33 unidades, colgadas en conjuntos de formas simétricas o irregulares. Junto a la mayoría de las obras serán ubicados textos, en algunos casos listas, que no funcionan como explicación de los elementos, sino que acompañan las figuras como un elemento gráfico más, un tipo de complemento literario de lo visual que no pretende “explicar” al espectador lo que está viendo.

    Las imágenes de la exposición van a estar acompañadas por un comentario sonoro compuesto por el músico Fernando Cabrera, y un catálogo con textos críticos de, entre otros, Jorge Abbondanza, Riccardo Boglione y Carlos Rehermann.

El País Cultural. No. 1091, 29 de octubre de 2010, Montevideo, Uruguay.

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