Joaquín Torres García. Composición, 1928

Texto de catálogo de la exposición “Nuevas vías de acceso III”, Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, 2008. 

Pedro da Cruz

 

Torres García pintó Composición en París en 1928. Su primera exposición en la capital francesa la había realizado en junio de 1926, cuando aún vivía en Villefranche-sur-Mer. En dicha exposición mostró, junto a paisajes de Nueva York y Fiesole, obras con motivos de inspiración clásica, los que había vuelto a pintar después de una década. Torres García contó que le dijeron “ça n´est pas de la peinture – ça c´est la fresque.”[1] Poco después decidió mudarse a París, donde se radicó en setiembre de ese año.

    Es pertinente preguntarse que sucedió con Torres García y su obra durante ese lapso de dos años, entre 1926 y 1928, e incluso preguntarse que sucedió durante el correr de 1928. La pregunta apunta a explicar un vertiginoso cambio de orientación en los motivos de su pintura, entre otros de las figuras de inspiración clásica a las figuras llamadas “negras” o “primitivas”. Pero si se estudia con atención la obra de Torres García, una obra riquísima, compleja, con marchas y contramarchas, es posible afirmar que el citado cambio es producto de la combinación de dos factores: en parte de ideas y soluciones plásticas inherentes al desarrollo de la obra, y en parte de influencias externas generales y particulares. Se puede comparar este periodo con el cambio de orientación de Torres García de 1917-18, cuando pasó de figuras clásicas a figuras contemporáneas.[2] Dicho cambio no fue abrupto, sino la culminación de un proceso.[3]

Sobre lo inherente

En un plano general, es conveniente tener presente la opinión de Juan Fló: “Hay una imagen plana de Torres García que encadena todos los hechos con una aparente naturalidad, y que se desprende fácilmente de todo lo que disuena o complica.”[4] Una característica importante a tener en cuenta de la forma de trabajar de Torres García, es que realizó obras con distintos tipos de motivos simultáneamente, en estilos que en algunos casos incluso se contradecían. Por lo que es difícil poder establecer una cronología de la realización de las obras, incluso en el relativamente corto periodo de un año, por ejemplo durante 1928.

    Naturalmente, Torres García experimentó en sus dibujos nuevas formas y soluciones, las que en algunos casos luego utilizó en sus pinturas. Un ejemplo paradigmático del comienzo de su interés por las estructuras de líneas verticales y horizontales es Escena de calle, un dibujo de 1917 que el artista reprodujo en su autobiografía.[5] De allí parte una línea de trabajo, sobre la que volvió a reflexionar en Italia en 1924, cuando escribió que su arte iba “de más en más hacia la abstracción y la geometría.”[6] En un dibujo de 1926, Dibujo a pluma, las figuras clásicas fueron dibujadas más esquemáticamente, y evidentemente ubicadas en la composición de acuerdo a direcciones verticales y horizontales. De ese mismo año es Cabeza, una cabeza de hombre con sombrero, motivo de tipo contemporáneo, estructurado con verticales y horizontales. Y en un dibujo de 1927, Cuatro figuras, las figuras, ya todas desnudas en el estilo de lo “primitivo”, fueron totalmente subordinadas a una estructura lineal ortogonal.

    En comparación con los dibujos, la tendencia hacia lo geométrico se hace más evidente en la pintura de Torres García al año siguiente, en 1928. Hay un posible punto de inflexión en la acentuación de lo geométrico y la “construcción” hacia mediados de 1928, a lo que Torres García se refirió en Historia de mi vida: “Ya a mediados de 1928 se inicia otra cosa. El sentido arquitectural, constructivo, de su pintura. Se produce una disociación entre el dibujo y el color que quedan como dos cosas separadas, pero en el tono, en el color, y en la línea, y no en lo representativo.”[7]

    Durante 1928 Torres García pintó simultáneamente varias series de obras: retratos de mujer, máscaras, formas geométricas no figurativas, naturalezas muertas, paisajes urbanos planistas, y obras con figuras de carácter “primitivo”, ya sea con figuras de volumen marcado, como Composición con figuras[8], o con figuras planas y lineales, como Composición.[9] En algunas de las obras de los tres últimos grupos usó su nuevo método de composición, basado en la disociación entre zonas de color, que cubren toda la superficie de la obra, y contornos de objetos, que no coinciden con las zonas de color. Es el caso de Composición. La obra está simplemente estructurada a partir de dos figuras de tipo “primitivo”, un hombre y una mujer, parados junto a un par de objetos. Las figuras fueron pintadas con zonas de color disociadas de los contornos, y éstos a su vez son muy geometrizados, lo que da a las figuras un carácter esquemático. La paleta es restringida: las figuras en rojo, y dos zonas blancas, a la izquierda y al centro, sobre un fondo oscuro de carácter neutro. Ahora cabe preguntarse que llevó a Torres García a introducir figuras de tipo “primitivo” en sus obras.

Sobre lo externo

Paralelo a las mencionadas líneas inherentes al desarrollo de la obra, también hubo elementos externos que influyeron sobre Torres García y los rumbos de su arte. Naturalmente, el artista estaba imbuido en el espíritu de la época, a través de la relación con numerosos artistas y una activa participación en la vida cultural. Composición, y todas las obras con motivos “primitivos” de 1928 y 1929, pueden ser ubicadas en el marco general de la vigencia del primitivismo, concepto creado en Occidente para designar la influencia que objetos provenientes de culturas de África, Oceanía y América tuvieron sobre el arte de varias generaciones de artistas, de los posimpresionistas a los modernistas.

    Entre los artistas que fueron importantes para Torres García hacia 1928, ya sea por amistad o por el conocimiento de sus obras, se pueden destacar Luis Fernández[10], Jacques Lipchitz y Amedée Ozenfant. A Fernández le interesaban la metafísica, el ocultismo y la filosofía, sobre lo que discutía con Torres García y su familia. También les explicaba la iconografía de los relieves de las iglesias medievales.[11] Fernández destacaba la importancia de las formas geométricas, a las que daba un contenido simbólico universal[12], e inició a Torres García en los principios de la sección áurea.[13] Elementos que serían fundamentales en el corpus de ideas en que Torres García se basó para crear su universalismo constructivo poco después.

    Lipchitz continuó la tradición cubista en el campo de la escultura, con soluciones plásticas que influyeron a otros artistas, según Torres García incluso a Picasso.[14] Como Fernández, Lipchitz dio mucha importancia a la geometría y la medida. Varios autores afirman que Lipchitz medía sus obras, incluso es posible que haya usado la sección áurea.[15] Y Torres García escribió que “es hombre de medidas y compases”.[16] Lipchitz fue uno de los artistas influidos por el primitivismo. En 1928 realizó Figura, una de sus esculturas más cercanas a lo africano, que también vio como resultado de sus ideas cubistas.[17]

    Ozenfant, creador del purismo junto a Le Corbusier en 1918, se interesó luego por el aspecto universalista de las culturas no occidentales. La influencia del primitivismo es evidente en un libro que publicó en 1928, Art, que en opinión de Torres García fue la coronación de la importante labor pedagógica de Ozenfant.[18] Torres García lo encontró con frecuencia después de que su hija Olimpia y su hijo Augusto comenzaron a estudiar en la academia de pintura de aquél. El primitivismo también se evidencia en las obras contemporáneas de Ozenfant. Por ejemplo La Belle Vie, de 1929, muestra siluetas humanas superpuestas, similares a pictografías neolíticas.

    Otra probable fuente de inspiración fueron las frecuentes visitas de Torres García a exposiciones y museos. Entre las que realizó en 1928 se destaca la que hizo a la exposición Les arts anciens de l´Amerique en el Museo de Artes Decorativas.[19] Ese mismo año el Museo de Etnografía del Trocadero, que Picasso había visitado en 1907 mientras pintaba Las señoritas de Avignon, fue renovado.[20] No hay datos de que Torres García haya visitado el museo entonces, pero poco después su hijo Augusto comenzó a trabajar allí con el reordenamiento de las colecciones de cerámica precolombina, específicamente la de cerámica nazca. Es fehaciente que Torres García sí visitó el museo en 1930[21], año en que manifestó su profundo interés por el primitivismo, cuando escribió que prefería un museo etnográfico a un museo de arte.[22] Todos estos datos son interesantes, pero hay que ubicarlos en su contexto, y no interpretarlos de forma maniqueísta en una simple relación causa-efecto.

    El interés de Torres García por lo “primitivo” estuvo relacionado a una visión de las culturas no occidentales como más cercanas a los orígenes del hombre, como portadoras de ideas que conformaron lo que luego definió como la Gran Tradición, una forma de crítica de la civilización occidental propia del modernismo. Se interesó por lo espiritual, y no por formas plásticas concretas que luego haya reelaborado para incluirlas en sus obras, como fue el caso de muchos otros artistas modernistas. El resultado de su interés fueron las dos mencionadas series de obras de 1928 con figuras “primitivas”. La serie con figuras de volumen marcado, como en Composición con figuras, de carácter más descriptivo, con la inclusión de animales y plantas para ubicar en su ambiente natural a las figuras humanas, las que desnudas muestran su piel oscura. Como en Negra y elefante o Adán y Eva delante de una palmera.[23] La serie con figuras planas y lineales es de carácter más geométrico. Obras como la analizada Composición, o Tres figuras[24], marcan un rumbo en la pintura de Torres García, ya que pintó obras con las mismas características en 1929, Cuatro figuras rojas con paisaje, e incluso en 1930, Dos figuras africanas.[25]

            En noviembre de 1928 Torres García conoció a Theo van Doesburg, y en abril de 1929 a Piet Mondrian. Fundadores del grupo neoplasticista De Stijl, ambos habían trabajado con estructuras lineales durante más de una década. El ejemplo fue un incentivo para que Torres García retomara y desarrollara su trabajo previo con estructuras lineales. Cambió entonces nuevamente la orientación de su obra. En un año realizó un cambio aún más vertiginoso que el anterior: de obras con figuras “primitivas” a estructuras ortogonales no figurativas.


Notas

[1] Torres García, Joaquín, Historia de mi vida, p. 236. En francés en el original.

[2] Ver boceto para el planeado quinto fresco para el Palacio de la Diputación en Barcelona. Reproducido en el catálogo Joaquín Torres García – Cataluña Eterna, Fundación Torres García, Montevideo 1988, p. 25.

[3] Llorens, Tomàs, “Raque de la Atlántida”, catálogo Torres García, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid 1991, p. 25.

[4] Fló, Juan, “Significación de Torres García”, en Joaquín Torres García – Testamento artístico, Montevideo 1974, p. 13.

[5] Torres García, Joaquín, Historia de mi vida, p. 215. Luego reproducido en varias publicaciones.

[6] Op. cit., p. 230.

[7] Op. cit., p. 257. Historia de mi vida fue escrita en tercera persona.

[8] Perteneciente al acervo del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV).

[9] También continuó con una serie de relieves y objetos de madera, algunos en forma de máscaras, que había comenzado a realizar en 1927.

[10] Artista español que posiblemente conoció a través de Julio González, amigo de la época de Barcelona.

[11] Olimpia Torres en conversación con el autor, 1988.

[12] Fernández, Luis, “Et il est fort possible …”, Abstraction–Création Art non figuratif, No. 3, 1934, p. 15.

[13] Olimpia Torres en conversación con el autor, 1988. Augusto Torres coincidió en ello. Ver Rowell, Margit, “Order and Symbol: the European and American Sources of Torres García´s Constructivism”, catálogo Torres García: Grid-Pattern-Sign – Paris-Montevideo 1924-1944, Hayward Gallery, Londres 1985, p. 12.

[14] Torres García, Joaquín, Universalismo constructivo (1944), 1984, p. 458.

[15] Green, Christopher, Cubism and its enemies – Modern Movements and Reaction in French Art 1916-1928, New Haven 1987, p. 26.

[16] Torres García, Joaquín, Historia de mi vida, 1939, p. 285.

[17] Lipchitz, Jacques, My life in sculpture, Nueva York 1972, p. 90-91. 

[18] Torres García, Joaquín, Universalismo constructivo (1944), 1984, p. 468. Art fue publicado en inglés en 1952 con el título Foundations of modern art.

[19] El 1° de julio. Agenda de Torres García de 1928, Museo Torres García.

[20] Transformado en el Museo del Hombre en 1937.

[21] El 14 de junio. Agenda de Torres García de 1930, Museo Torres García.

[22] Torres García, Joaquín, “Dessins” (1930), Primer manifiesto del constructivismo por Torres García (Guido Castillo), Madrid 1976.  

[23] Reproducidas en Darragon, Eric, “Torres-García, una visión utópica”, catálogo Joaquín Torres-García – Un mundo construido, Museo Colecciones ICO, Madrid 2002, p. 64 y 67.

[24] Reproducida en ibidem, p. 66.

[25] Reproducidas en ibidem, p. 65 y 62.

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