Museo Gallino, nudo de una trama

Texto de catálogo de la exposición “25 obras del Museo de Bellas Artes María Irene Olarreaga Gallino (Salto)”, serie Intercambios, Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, 2010.

Pedro da Cruz

 

El museo como idea

Uno de los museos de arte más importantes del país fuera del ámbito capitalino, el salteño Museo de Bellas Artes y Artes Decorativas María Irene Olarreaga Gallino, o simplemente Museo Gallino (MG), alberga una importante colección con características particulares. Un aspecto interesante del acervo del MG son las múltiples conexiones del mismo con lo local y la región del litoral, así como con Montevideo, otras regiones del país, e incluso países como Italia y Hungría.

    A ese aspecto del acervo se suma una serie de referencias cruzadas entre los motivos de algunas obras, ya sean personajes históricos o lugares, y las historias personales de los artistas que las crearon. Las múltiples referencias configuran una serie fascinante de posibles “lecturas”, a partir de las que se podrían trazar distintos itinerarios en el espacio físico del museo. La idea curatorial de la presente exposición, cuyo objetivo es mostrar parte del acervo del MG en el Museo Nacional de Artes Visuales, estuvo pautada por un itinerario sumamente subjetivo, que en cierta forma fue condicionado por la premisa de elegir pinturas exclusivamente (el acervo del MG incluye gran número de esculturas), y restricciones en cuanto a desarticular la unidad de un grupo de obras expuestas en una de las principales salas del museo.

    Así como uno de los “íconos” del MNAV es Retrato de Carlota Ferreira de Juan Manuel Blanes, del acervo del MG se destacan dos preferidos del público salteño: Gaucho de las sierras, también de Blanes, y Dr. Santos Errandonea de Antonio del Corchio. El primero es conocido como el “gauchito robado”, ya que en 2005 fue sustraído del MG y – afortunadamente – encontrado dos meses más tarde por personal del Departamento de Hurtos y Rapiñas en un hotel de Montevideo, listo para ser enviado a Buenos Aires. El segundo, que, a diferencia del gaucho de Blanes, será mostrado en Montevideo, es conocido como “el hombre que te sigue con la mirada”, ya que el modelo fue retratado frontalmente, lo que produce en el espectador el efecto mencionado.

Manuel Estevez Dos Santos, Retrato de tres señores. Óleo

Las fuentes del retrato

El espíritu de Blanes se manifiesta de otras formas en el MG. Salto, donde vivía su hermano Gregorio, fue el destino que el pintor eligió en 1855 cuando huyó de Montevideo con María Linari, entonces casada con José Copello. Blanes pintó una serie de retratos por encargo en Salto y Concordia (Entre Ríos), y cruzó nuevamente el río para pintar en San José, en las afueras de Concepción del Uruguay, una serie de pinturas históricas de gran formato en el patio del palacio de Justo José de Urquiza, entonces Presidente de la Confederación Argentina. Después de un par de años, Blanes regresó a Montevideo y solicitó un beca, que le fue concedida, para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Florencia con el profesor Antonio Ciseri.

    En 1865, inmediatamente después de su regreso a Uruguay, Blanes viajó al litoral con el objetivo de pintar un retrato del general Lucas Píriz (perteneciente al acervo del Museo Blanes). No es creíble que el pintor haya encontrado personalmente al general. Píriz, de divisa blanca, había sido gobernador de Salto, y al arribo de Blanes era uno de los principales defensores de Paysandú, donde murió cuando la ciudad fue tomada por las fuerzas coloradas de Venancio Flores. Manuel Estevez Dos Santos, retratista activo en Salto, pintaría unos años más tarde General Lucas Píriz, un retrato de Píriz asombrosamente similar al pintado por Blanes.

    Cabe preguntarse si ambos artistas usaron una fotografía como fuente, una costumbre que había comenzado a practicarse en las academias de Europa (fotografías de modelos desnudos en distintas poses eran vendidas a artistas) en la época en que Blanes regresó de Italia. Y, debido a la similitud de los retratos, es posible que Blanes y Estevez Dos Santos se hayan basado en la misma fotografía del general.

    En el acervo del MG también hay otros retratos realizados por Estevez Dos Santos, entre otros personalidades como el monarca brasileño Emperador Pedro II, personajes anónimos, y miembros de la sociedad salteña: Sr. Narciso Olarreaga y Olano y Sra. Juana de los Dolores Pellegrini de Olarreaga, ambos pertenecientes a la familia fundadora del museo. En Retrato de tres señores Estevez Dos Santos retrató a tres hombres de los que no se conocen los nombres, posiblemente un grupo de parientes, comerciantes o estancieros de la zona. Los personajes no parecen haber estado presentes simultáneamente cuando el retrato fue realizado, ya que el efecto que produce la obra es el de un collage de figuras, lo que lleva nuevamente a pensar en la fotografía, en este caso tres, como fuente de la obra.

Carlos María Herrera, Retrato. Óleo

 

Sin sonidos ni palabras

Cuando Antonio del Corchio pintó Dr. Santos Errandonea – “el hombre que te sigue con la mirada” – estaba retratando a un pro-hombre salteño. Ya en las legislaturas anteriores a 1900 Errandonea fue diputado del Partido Colorado por Salto, bancada que compartía con José Batlle y Ordóñez y Feliciano Viera.

    El 30 de septiembre de 1903, luego de haber sido investido como Presidente de la República, Batlle y Ordóñez arribó a Salto en el tren presidencial, y fue agasajado con un banquete en el Teatro Larrañaga, en el que se pronunciaron varios discursos, entre otros por Pedro Figari, también diputado colorado, y el escritor Juan Zorrilla de San Martín. Al día siguiente el Presidente fue recibido en el Saladero Harriague, cuyos propietarios eran Santos Errandonea y Juan Harán, y en el Astillero Mihanovich, antigua propiedad de Saturnino Ribes. El 2 de octubre Batlle y Ordóñez abandonó Salto a bordo del vapor “El Surubí”, y al pasar frente a la costanera sur fue despedido con disparos de salva desde la Granja Harriague. Una calle del centro de Salto lleva el nombre de Santos Errandonea.

    Feliciano Viera integró el Consejo de Estado creado por Juan Lindolfo Cuestas, y luego de reinstaurada la democracia fue diputado por el departamento de Salto. Fue Ministro del Interior durante la segunda presidencia de Batlle y Ordóñez, y sucedió a éste como Presidente de la República en 1915.

    La hija mayor de Viera, Petrona, nació en Montevideo, pero en 1897 fue llevada por su familia a Salto. A causa de una meningitis la niña quedó sordomuda, por lo que la familia, al percatarse de ello, decidió regresar definitivamente a Montevideo, instalándose en una quinta de la Avenida 8 de octubre. La niñez de Petrona fue diferente a las de sus diez hermanas y hermanos, ya que por su condición diferente se le dio más libertad, e incluso fue apoyada por la familia cuando demostró inclinaciones artísticas.

    La quinta de los Viera era visitada por artistas como Pedro Figari y Pedro Blanes Viale, así como por Vicente Puig, el primer maestro de Petrona. Luego ésta comenzó a estudiar con Guillermo Laborde, miembro del Círculo de Bellas Artes, quién concurría a su casa a darle clases. Petrona adoptó un estilo planista, tendencia dominante en las obras de los pintores agrupados en el Círculo de Bellas Artes, y sus motivos principales serían retratos y juegos infantiles. Como su vida se limitaba fundamentalmente al ámbito de la quinta, invitaba niños para que jugaran en el jardín y le sirvieran de modelo. La payanita es un excelente ejemplo del estilo planista. Luego de la muerte de Laborde en 1940, Petrona continuó estudiando con Guillermo Rodríguez, lo que se manifestó en una orientación de su pintura hacia el naturalismo, estilo en el que realizó una importante serie de paisajes.

    El planismo fue un estilo que dejó su impronta en la obra de varios artistas de la primera mitad del siglo XX. Uno de los antecedentes del planismo fue el estudio del arte de artistas europeos, especialmente las obras de Paul Gauguin con colores planos y contornos muy marcados, por parte de artistas nacionales que disfrutaron de becas de estudio en Europa, entre los que se contaron Carlos Federico Sáez, Pedro Blanes Viale, Carlos María Herrera y José Cuneo.

    Herrera había comenzado a estudiar arte en Montevideo con un pintor italiano llamado Queirolo, y luego se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Asociación Estímulo a las Bellas Artes. En 1897 obtuvo una beca para estudiar en Roma, y luego de su regreso a Uruguay obtuvo una nueva beca, ésta vez para estudiar en España, donde permaneció tres años y fue alumno, entre otros, de Joaquín Sorolla. En 1905, nuevamente en Uruguay, fue uno de los fundadores del Círculo de Bellas Artes, del que fue director y docente hasta su muerte en 1914. Herrera descolló en el manejo de la técnica del pastel, en la que realizó retratos tanto de familiares y amigos como de miembros de la “sociedad” de la época, el llamado patriciado, retratos que serían un aporte al imaginario del Uruguay del Novecientos.

    Si bien el planismo fue la principal forma de expresión de los artistas vinculados al Círculo de Bellas Artes – las obras de Laborde y el joven Cuneo son prueba de ello -, Herrera continuó cultivando un estilo orientado al realismo, del que Retrato es un buen ejemplo.

Héroes, artistas e intelectuales

Luego de desavenencias con la Junta de Buenos Aires, José Gervasio Artigas encabezó a fines de 1811 lo que luego sería conocido como el Éxodo del Pueblo Oriental. Desde Montevideo se dirigió al noroeste, acampando finalmente con su gente en el Ayuí, en la costa del Río Uruguay, en las cercanías del llamado Salto Oriental.

    Una posible reacción ante el Artigas pintado por Eriberto Prati en 1919 es de extrañeza: un personaje de pelo castaño, pobladas patillas, una mirada algo perdida en los ojos claros, y un gesto napoleónico, con la mano derecha metida en la chaqueta del uniforme del Cuerpo de Blandengues. La sensación de no reconocer la figura retratada no se debe a certezas sobre su apariencia, ya que no existen fotografías de Artigas (el primer equipo de daguerrotipo fue traído a Uruguay por el abate Louis Conte en la corbeta belga “la Oriental” en 1840, veinte años después de que el Prócer se exilara en Paraguay), sino a la fuerza del imaginario fundacional de Blanes, que con su Artigas en la Ciudadela, determinó en 1884 el paradigma de la figura de Artigas.

    Otro Prati, Edmundo, el escultor, retratado por Alfredo Beltrame en la obra Edmundo Prati, también se ocupó de la imagen de Artigas. Su cometido fue realizar un monumento del Prócer para una de las plazas de Salto, la que luego sería bautizada Plaza Artigas. En Boceto de Monumento a Artigas, Prati planteó la disposición que luego sería realizada: una estatua escuestre de Artigas flanqueada por las figuras de un soldado de la Independencia y un gaucho, las que fueron fundidas en Florencia cinco años antes de la inauguración del monumento en 1940.

    Edmundo Prati fue uno de los tres escultores, junto a Gervasio Furest Muñoz y Enrique Lussich, que realizaron el grupo escultórico Indios charrúas, también conocido como Los últimos charrúas, emplazado en el Prado de Montevideo. Los representados – Senaqué, Vaymaca Perú, Guyunusa y Tacuabé – son algunos de los sobrevivientes de la matanza de Salsipuedes (arroyo de Tacuarembó que desemboca en el Río Negro), planificada en abril de 1831 por el primer Presidente de la novel República Fructuoso Rivera, y ejecutada por su sobrino y mano derecha Bernabé Rivera. A los cuatro nombrados, junto a otros charrúas sobrevivientes, se los obligó a marchar hasta Montevideo, donde fueron embarcados para ser exhibidos en París. Bernabé Rivera persiguió a otros de los sobrevivientes hasta la zona de Mataojo, cerca de la desembocadura del arroyo del mismo nombre en el río Arapey Grande (departamento de Salto), donde mató a los caciques El Adivino y Juan Pedro, mientras que Polidoro fue el único que pudo escapar.

    Los hermanos gemelos Eriberto y Edmundo Prati nacieron en Paysandú en 1889, y poco después fueron llevados por su familia a una zona de Italia que entonces pertenecía a Austria, donde vivieron durante la infancia y la adolescencia. Con poco más de veinte años regresaron a Uruguay, estableciéndose en Salto en 1910. Al año siguiente fundaron la Empresa de Pintura y Decoración Prati Hnos., que recibiría numerosos encargos de decoración de edificios públicos, como el Ateneo, y las principales mansiones de Salto, entre otros el Palacio Gallino, sede del actual Museo Gallino.

    Edmundo sería escultor, uno de los artistas salteños más reconocidos, al punto que su obra es mostrada en un museo monográfico en Salto. Y Eriberto se dedicó a la pintura. En su Autorretrato se lo ve en ropa de trabajo en el ambiente íntimo de su taller, mirando directamente al espectador con gran confianza en sí mismo. Pintó una serie de retratos: contemporáneos como José Enrique Rodó, y personajes históricos y religiosos, en un amplio espectro que va de Shakespeare a San Antonio y San Francisco de Asís. Es uno de los artistas representados con mayor número de obras en el acervo del MG.

Un lugar intangible

Mataojo no es una localidad definida, sino un lugar intangible del noreste del departamento de Salto, entre el arroyo Mataojo y el río Arapey Grande, donde existían pueblos de los que hoy sólo quedan algunas casas aisladas. En 1888 nació allí Carmelo de Arzadun. Cuando tenía quince años se trasladó a la ciudad de Salto, donde comenzó a estudiar pintura con Estevez Dos Santos, el retratista del General Píriz y los tres señores anónimos.

    Dos años más tarde la familia de Arzadun decidió viajar a Europa y radicarse en España. Después de cursar estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao, Arzadun regresó a Uruguay en 1909 para solicitar una beca de estudios, gracias a la que dos años más tarde viajaría nuevamente a Europa, esta vez en compañía de José Cuneo, para estudiar en París con maestros como Kees Van Dongen y Hermenegildo Anglada Camarasa. Luego de su regreso definitivo a Montevideo en 1915, Arzadun se integró al Círculo de Bellas Artes, en el que fue profesor durante un corto periodo a partir de 1917. Invitado por Pedro Figari ingresó al profesorado de la Escuela de Artes y Oficios, en la que dictó clases de dibujo durante 36 años.

    Arzadun está ricamente representado en el acervo del MG, el único artista que tiene una sala dedicada exclusivamente a su obra. En el conjunto expuesto se puede apreciar una temprana búsqueda de variar las formas de componer, lo que es evidente en la estructura ortogonal de Calle Ibiray, de 1935, año en que Arzadun se relacionó con Joaquín Torres García, quién había retornado a Uruguay un año antes. Luego se afirmó en un estilo naturalista, al que se mantendría fiel durante el resto de su vida, tanto en paisajes urbanos, por ejemplo Montevideo y Paisaje de París, como en los paisajes de la costa que comenzó a pintar en la década de 1940, como Niña frente al mar, Paisaje y Árbol y arena. Los autorretratos de la década de 1960 son despojados, muestran un artista que mira al espectador de forma adusta, característica principal de Autorretrato.

Ni lunas ni ranchos

El cruzamiento de significados y referencias en el ámbito del MG se refuerza con los aportes de las obras de José Cuneo, las que, junto a las de Arzadun, marcan una inflexión en el conjunto del acervo, a medio camino entre la generación del Novecientos y lo contemporáneo.

    Cuneo se había integrado al Círculo de Bellas Artes, donde fue alumno de Herrera, ya en 1906. Al año siguiente viajó a Europa por primera vez, y luego de estudiar en Italia y regresar a Uruguay, volvió a viajar, esta vez a Francia junto a Arzadun, en 1911. En los años siguientes realizaría varios viajes a Europa, los que intercalaría con estadías en distintos puntos del interior de Uruguay en un movimiento pendular.

    En 1914 se enfrentó por primera vez al paisaje del campo uruguayo en Treinta y Tres, y cuatro años más tarde estuvo en Cerro Largo, donde pintó obras en un marcado estilo planista, que Cuneo compartía con otros artistas que habían pertenecido al Círculo de Bellas Artes. A partir de 1930 estuvo durante casi dos años en Florida, donde comenzó la serie de obras con los motivos por los que sería más conocido: los ranchos y las lunas. Alternó las obras con elementos deformados y vertiginosas inclinaciones de los planos, los llamados “ranchos torcidos”, con obras de un carácter más cercano al realismo.

    En 1945 Cuneo viajó a Salto con el objetivo de pasar una convalecencia en casa de parientes.  Durante su estadía impartió cursillos de dibujo y pintura en el Taller Pedro Figari, taller de artes plásticas de la Asociación Horacio Quiroga, una asociación cultural que contó al escritor Enrique Amorim entre sus principales impulsores. Simultáneamente estuvo en Salto el pintor argentino Juan Carlos Castagnino para pintar un mural en el Club Uruguay, lo que alternó con el dictado de cursillos en el Taller Figari. Otro artista de renombre que visitó Salto, prueba de la importancia cultural que la ciudad tenía entonces, fue el pintor brasileño Cándido Portinari.

    En el acervo del MG no están representados ni las lunas ni los ranchos de Cuneo, pero en cambio se puede ver un numeroso grupo de paisajes urbanos de estilo realista que el artista pintó durante su estadía en Salto: paisajes del puerto, del muelle de ferrocarriles, de estancias, y de conocidos edificios como La Vasca.

    Pero uno de los paisajes fue pintado en un estilo más cercano al de las obras con sus conocidas lunas. Puerto de Salto fue compuesto con dos formas semicirculares enfrentadas, como un enorme ojo inquietante, con sus parpados formados por las nubes y la costa del río. En 1954 Cuneo emprendió nuevamente un largo viaje por Europa, durante el que pintó en Italia una serie de paisajes de Iseo y Sarnico, localidades ubicadas a orillas del lago Iseo, en el norte de Lombardía. Algunas de esas obras muestran un retorno al estilo con deformaciones que había usado para las lunas y los ranchos, por ejemplo Casa de Sarnico, en el que las ondulaciones del edificio de varios pisos parecen desafiar la ley de la gravedad.

    Luego de su regreso a Uruguay, visiblemente influido por los experimentos formales de la vanguardia europea con la que se había familiarizado durante sus repetidos viajes, Cuneo abandonó la figuración. En una primera etapa realizó composiciones basadas en formas geométricas y colores planos, y luego comenzó a experimentar con nuevas técnicas mixtas, agregando al óleo arena y otros materiales, y con formas no figurativas que serían la característica principal de las obras que realizó durante los años 60 y 70. Para subrayar el radical cambio en la orientación de su pintura, el artista firmó esas obras con su apellido materno: Perinetti.

José Cziffery, Marosa Di Giorgio. Pastel

Personajes y lugares

Nacido en Hungría, el artista plástico José Cziffery estudió en Budapest y luego en París, entre otros con Henri Mattise, antes de viajar a Uruguay. En 1946 arribó a Salto enviado por Carlos Herrera Mac Lean, presidente de la Comisión Nacional de Bellas Artes, para dirigir el Taller Figari de la Asociación Quiroga. Una estadía que en un principio había sido planeada por unos meses, resultó en que Cziffery se afincara en Salto, ciudad en la que permaneció durante el resto de su vida.

    De París traía consigo una sólida concepción modernista del arte, con raíces en la mirada de Cézanne, de quien deriva una manera de componer paisajes por medio de manchas de color y contornos interrumpidos. Así como Cézanne pinto la montaña Sainte-Victoire en las afueras de su ciudad natal Aix-en-Provence, Cziffery pintó paisajes del entorno de Salto, entre otros Arroyo Ceibal (que desemboca en el río Uruguay muy cerca de la capital departamental), usando un lenguaje plástico similar al que había incorporado de las vanguardias francesas.

    Siguiendo la misma tradición, Cziffery realizó un gran número de naturalezas muertas y retratos, varios de los que pertenecen, junto a gran cantidad de bocetos, al acervo del MG. En su Autorretrato lo vemos, ya mayor, en el despojado interior de su taller, parado frente a una tela ubicada en un caballete, con paleta y pinceles en la mano.

    El Taller Figari fue un referente para numerosas figuras del arte uruguayo, tanto para los que lo frecuentaron como alumnos y docentes, así como para los que lo visitaron en distintas oportunidades. La docencia de Cziffery fue de fundamental importancia para la formación de un grupo de jóvenes salteños con inquietudes artísticas, entre otros Casimiro Motta, Artigas Milans Martínez, Leandro Silva Delgado, Aldo Peralta y Lacy Duarte. El Taller Figari y la figura de Cziffery también atrajeron a intelectuales de otras disciplinas, principalmente escritores.

    Una de las figuras más descollantes de ese grupo fue Marosa Di Giorgio, a quién Cziffery retrató en su juventud. Di Giorgio, poeta y amiga de artistas, fue musa de las tertulias realizadas en las confiterías El Oriental, El Ding Dong y El Galeón, costumbre que retomó en el Sorocabana luego de su traslado a Montevideo en 1978. Su actitud vital, así como su peculiar estilo personal, totalmente inusual para una ciudad del interior de esa época, son aún recordados por salteños de su generación.

Leandro Silva Delgado, Ombú. Óleo

    Otros de los personajes más conocidos de Salto es el motivo de la obra de Casimiro Motta Horacio Quiroga, un retrato en el que la cabeza del escritor prácticamente se funde con el paisaje que lo rodea. Después de estudiar en Montevideo, Quiroga regresó a Salto, donde fundó la Revista de Salto. Hacia 1900 viajó a Europa, y luego de una corta estadía en Montevideo, durante la que fundó el grupo literario Consistorio del Gay Saber, repartió su tiempo entre Buenos Aires y la localidad jesuítica de San Ignacio, en la provincia argentina de Misiones. Motta por su parte también abandonó Salto para radicarse en Minas, donde durante muchos años se dedicó a la docencia en el campo de la plástica.

    Artigas Milans Martínez realizó un gran número de obras cuyos motivos principales son distintos lugares de la ciudad, por ejemplo Cercanías de la Aduana (1950), en la que, en un estilo realista, reprodujo uno de los edificios más característicos del puerto de Salto. También pintó Calle Dr. Chiazzaro (1960), Paisaje del Cerro y una serie de acuarelas con el título común Calle Uruguay, imágenes de una pujante modernidad que muestran los comercios que comenzaban a ser abiertos sobre la arteria principal.

    Mientras que Milans Martínez se dedicó fundamentalmente a plasmar en sus obras el paisaje urbano, Leandro Silva Delgado, conocido luego como prestigioso arquitecto paisajista, prestó atención a los alrededores de la capital departamental. En Naranjales (1958), en un estilo cercano al planismo, con marcados contornos negros que dan a la obra un ritmo característico, muestra un paisaje típico de la zona. Ombú y Caserío son también motivos relacionados al medio rural, en los que, utilizando una sobria paleta de grises, Silva Delgado creó imágenes muy personales del entorno, evitando caer en descripciones realistas de tipo tradicional.

Una familia singular

Otro de los alumnos de Cziffery fue Aldo Peralta, quién nació en 1933 en el seno de una familia proletaria en el barrio Baltasar Brum de la ciudad de Salto. Desde muy joven Peralta fue comunista, orientación política que compartió con el maestro Cziffery. Con poco más de veinte años, en 1955, Peralta realizó un viaje de estudios (financiado por Amorim), que lo llevó a Alemania, España, Francia, Italia y Polonia. Dos años más tarde realizó un nuevo viaje, visitando primero la Unión Soviética, y luego Austria, Italia, Hungría y Rumania.

    En 1959 Peralta, quién en su Autorretrato muestra un cierto parecido con Diego Rivera, se casó con la artista plástica Lacy Duarte, la que, como Arzadun, también había nacido en Mataojo. Peralta y Duarte tuvieron dos hijos, Pablo y Pedro, los que continuarían la orientación de los padres hacia las artes plásticas: una familia singular.

    A partir de 1965 la familia, retratada en La familia y En el taller, vivió en Aiguá, y dos años más tarde se radicó en San Carlos. En 1968 Peralta ganó por concurso un cargo de profesor de dibujo en Secundaria, cargo del que fue destituido durante la dictadura. En esos años de persecución política, Peralta se radicó en 1975 en Porto Alegre, donde vivió dos años, y luego regresó a San Carlos, donde falleció en 1978.

    Lacy Duarte había nacido en 1937 como la quinta de diez hermanos, y se trasladó a la ciudad de Salto para iniciar estudios liceales cuando tenía quince años. En 1954 ingresó al Taller Figari, en el que fue alumna de Cziffery y luego profesora, profesión que también ejerció en el Instituto Politécnico de Salto.

    En 1967, después de haberse mudado con su familia al departamento de Maldonado, Duarte comenzó a estudiar tapicería en el Taller Montevideo, y unos años más tarde se dedicaría al diseño y realización de tapices. Luego del retorno desde Porto Alegre, donde estuvo dos años con Peralta, creó en Maldonado el Taller Duarte de Tapices con un grupo de tejedoras que realizaban sus cartones y los de otros artistas. En 1981 se mudó a Montevideo, donde inició un proceso de retorno a la pintura, obras que mostró a partir de 1986. A ese periodo pertenece El lecho de Procustoz (1988), una pintura de carácter expresionista que permite relacionar la obra de Duarte a las corrientes posmodernas. Una tendencia que fue reafirmada en 1992, cuando la artista comenzó a realizar obras relacionadas a la problemática de la identidad, con referencias a su Mataojo natal, en la serie de las “huellas y fracturas”. Luego seguirían pinturas y objetos que conformaron nuevas series: “panes y ceibos”, “los bretes”, “las trampas” y “las venceduras”.

            La obra de Duarte es uno de los canales por medio de los que los nudos de la trama salteña se relacionan fluidamente con el arte nacional contemporáneo. 

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