Con Jacqueline Lacasa. El museo líquido

Pedro da Cruz

Jacqueline Lacasa es Licenciada en Psicología y artista visual. A mediados de 2007 asumió como Directora del Museo Nacional de Artes Visuales. Su programa de trabajo se basa en el concepto de “museo líquido”.

UN ESPACIO PÚBLICO.

    – ¿Qué es el “museo líquido”? ¿De donde surge la idea?

    – A partir de que las autoridades – en setiembre del 2006 – me plantearon la posibilidad de trabajar en el museo, pensé en un proyecto a corto plazo. El “museo líquido” implica la recuperación del museo como espacio público. Y también supone trabajar en procesos que tienen que ver con lo transdisciplinario y lo transgeneracional. Esto se vincula con el pensamiento de Zygmunt Bauman. La modernidad fue para nuestros ancestros un tiempo en que primaba la seguridad, el progreso, los procesos industriales; por entonces los individuos se sentían contenidos. Parafraseando a Bauman, ahora estaríamos frente a la “modernidad líquida”. Para trabajar la incertidumbre tenemos que generar herramientas, que las dan los procesos educativos fuertes. Yo vengo trabajando hace ocho años con procesos de articulación en dos disciplinas: las artes audiovisuales, y la psicología y el esquizoanálisis. En las cuatro o cinco décadas pasadas ha habido grandes esfuerzos por sistematizar la historia. Distintos grupos de personas han trabajado mucho por la existencia y la producción del arte local, de cara a lo global. Es un momento muy importante para reforzar el sentido de las instituciones como campo artístico. Y sobre todo para que los agentes – artistas, curadores, críticos – puedan reunirse y articular ideas más allá de las diferencias. El museo líquido es eso: el encuentro, el diálogo y la comunicación.

    – En la fundamentación del Museo líquido se nombra a Bauman y a Torres García como dos figuras fermentales. ¿Qué papel tiene Torres García?

    – Su libro Universalismo constructivo, su trabajo filosófico y teórico, ha tenido una influencia muy grande en mi proyecto “La hija natural de Torres García”. El maestro Torres García hablaba de los procesos de legitimación, de ser artista, del lugar de la obra, de la construcción universal del hombre y la mujer. Y del existir en Uruguay. Pensaba que faltaba mucho por hacer, con esa autoexigencia tan grande que tenía. Torres García es uno de los pilares. Igual que Bauman, pensó en el ser humano, en la cosmovisión, en la existencia. Y lo ha materializado en su obra y en sus libros. Son figuras transdisciplinarias.

LLAMAR A LOS BOMBEROS.

    – ¿Cuándo comenzó la gestión, en que situación se encontraba el museo?

    – Comenzamos haciendo un primer diagnóstico, un inventario de la situación museística. Encontramos que no había habilitación de bomberos, nunca hubo. El sistema de alarma no funcionaba. No había detectores de humo. Había fisuras en las paredes, y grietas por donde se filtraba el agua de la lluvia. Además, la infraestructura no permitía que los funcionarios pudiesen potenciar sus habilidades. Nos abocamos en los primeros dos meses a una rehabilitación inmediata de todo esto, y los problemas en tal sentido ya están resueltos. Otra cosa que demandaba atención era la limpieza del museo. Para la habilitación de bomberos necesitábamos tener un pasaje hacia el fondo del edificio. Mientras se cumplía con esa tarea, al limpiar un depósito de materiales encontramos una caja con restos de obras de Torres García, destruidas en el incendio del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, en 1978. Fue maravilloso, porque pudimos compartir el hallazgo con la familia Torres. Y con toda la gente, porque los exhibimos durante el Día del Patrimonio.

    – ¿Como se desarrolla la gestión del Museo?

    – La puesta en práctica del “museo líquido” implica trabajar con seis programas, que ha su vez se comunican entre sí. Hemos creado una red de trabajo, lo que genera un proceso de información más rápido, y que permite actuar con un concepto en todos los programas. En relación a las exhibiciones tenemos varios proyectos. El primero es una serie de “Nuevas vías de acceso”, que implica trabajar con el acervo del museo. La primera fue realizada por el equipo de conservación y registro: se presentó una selección de los Premios Nacionales otorgados desde 1937 hasta 2007. El montaje tuvo un carácter testimonial, con períodos históricos claros: la impronta del arte geométrico entre los años 50 y 60, el informalismo, la década y media de dictadura militar – con una impronta totalmente diferente por la ausencia del Premio Nacional – hasta el premio a Cecilia Vignolo en 2007.

    Después, en “Nuevas vías de acceso II” trabajamos con 32 artistas, y de allí surgió un profundo diálogo de los artistas con el acervo. El proceso de trabajo devino en una construcción de poder: acceder a la obra, reconocer el tiempo en el que estamos, reconocer el pasado. Es como transitar en diferentes tiempos y lugares. En este año nuevo vamos a trabajar con otros campos de producción: literatura, arquitectura, comunicación, diseño, y danza. Tendremos exhibiciones con maestros nacionales. Después de Águeda Dicancro – que desde diciembre presenta “Arborescencias” – habrá retrospectivas de Nelson Ramos y de Ernesto Aroztegui, y muestras de Gonzalo Fonseca, de Oswaldo Guayasamín, de la obra que Ernesto Vila presentó en Venecia; y haremos también un homenaje a Hugo Nantes; serán 23 muestras, que vamos a dar a conocer en su totalidad en marzo. Cada una tiene un seguimiento desde el departamento educativo, por medio del taller para niños. Hay además otra serie de talleres para todo el público, que realizaremos los sábados.

    – ¿Más proyectos?

    – Sí, “Satélites de amor”, que será otra de las aplicaciones del “museo líquido”, donde trabajamos con las políticas de la afectividad. En 2008 se van a realizar doce satélites, con curadores invitados. Ello implica la recuperación del museo como espacio público, porque se trabaja con gente de otros campos, de otras disciplinas. Estamos además creando una muestra permanente de la colección, revisando y rehaciendo el inventario. A partir de marzo vamos a habilitar dos salas en la planta baja, para mostrar parte de la colección, para que el público, tanto nacional como extranjero, pueda apreciar las obras de los maestros nacionales. Debe haber rotación. No se va a cambiar todos los meses, pero en un lapso determinado se van a mostrar diferentes obras. 

OTROS ESPACIOS.

    – ¿Qué implica la creación de una mediateca?

    – La mediateca va a ser un espacio educativo, abierto a todo tipo de público; un receptáculo de los materiales que componen el archivo de medios audiovisuales (videos, registros de performances, etc.), una riqueza inmensa. Estamos digitalizando las cintas de los años 70, porque se estaban perdiendo. También vamos a poder contar con material del exterior. Y eso es fundamental para nosotros. Estamos acondicionando una sala, en la que también va a estar el laboratorio, donde habrá clínicas y talleres. La gestión está estratégicamente vinculada al tema del encuentro, el diálogo y la articulación. Otro proyecto es generar un archivo abierto, dentro de la web del museo, para agentes del campo del arte internacional.

    Otro factor importante es el contacto con el exterior. Estamos poniendo énfasis en la producción de catálogos y otras publicaciones. Y sobre todo en generar procesos educativos. En este año habrá dos seminarios: uno sobre museografía, y otro sobre prácticas artísticas y curatoriales, que se llamará “Ruido blanco”. Se trabajará alrededor de los procesos creativos. También vamos a tener propuestas de los artistas hacia el público.

    El museo es un referente a nivel internacional. Además del archivo abierto estamos trabajando para el conocimiento del arte uruguayo en el exterior. Tenemos que ser mucho más conocidos en el mundo. Necesitamos el proceso crítico registrado en publicaciones, no sólo a nivel de la crítica periodística, que es sumamente importante, sino también a nivel de libros de análisis teórico. En los próximos meses vamos a generar ese tipo de publicaciones. Vamos a implementar concursos sobre teoría del arte y otros temas. No podemos llegar al mundo sin publicaciones, porque esa es nuestra carta de presentación.

El País Cultural. No. 951, 25 de enero de 2008, Montevideo, Uruguay.

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