El artista plástico Öyvind Fahlström (1928-1976). Un sueco en el Mercosur

Pedro da Cruz

La 6ª Bienal del Mercosur se realizó una vez más en Porto Alegre. Mientras que las ediciones anteriores se rigieron por el principio de representación por países, esta última plantea una propuesta diferente, bajo la dirección del uruguayo – radicado en Nueva York – Luis Camnitzer. Aproximadamente 250 obras, realizadas por 67 artistas de 23 países, son mostradas en la Bienal, la que abandona su carácter de evento regional para entrar a competir en el terreno de las exposiciones montadas por curadores invitados, como son los casos de la Documenta Kassel (Alemania) o las recientes Bienales de San Pablo. La propuesta de la 6ª Bienal está compuesta por seis exposiciones: tres colectivas y tres monográficas. Las primeras son denominadas Zona Franca, Tres Fronteras y Conversaciones, ésta última basada en el principio de invitación: los artistas participantes invitan a otro u otros artistas, mientras que el jurado invita a un tercer artista a posteriori. Uruguay participa en las “conversaciones” por medio de Fernando López Lage y Sylvia Meyer. El primero invitó una película de Terrence Malick, The thin red line (1998), mientras que el jurado completó la propuesta con el video I am making art (1971) del artista estadounidense John Baldessari. Una composición musical de Meyer, Loco de atar (2007), fue invitada a “conversar” por la argentina Liliana Porter, la que, al igual que otros artistas participantes en la Bienal, reside en Estados Unidos. Las exposiciones monográficas están dedicadas a las obras del argentino Jorge Macchi, el uruguayo Francisco Matto y el sueco/brasileño Öyvind Fahlström, manteniéndose en este caso la presencia por países, ya que Fahlström fue elegido en representación de Brasil, país donde nació. La inclusión de este artista, que en la década de 1960 formó parte del movimiento pop en Estados Unidos, da a la Bienal una característica interesante, y discutible: el planteamiento de la pertenencia a distintas culturas, países, regiones y continentes (y por lo tanto, la cuestión de si el origen influye en el arte practicado por los artistas), así como la relación centro-periferia en el mundo del arte. Otro aspecto interesante de esta Bienal ha sido el hecho de que actores que provienen de la periferia actúan desde el centro, en este caso Estados Unidos. 

VIAJE SIN RETORNO. El origen y los diferentes entornos en los que actuó, ya sea Suecia, otros países europeos, o Estados Unidos, parecen haber dificultado la identificación de Fahlström con el arte de un entorno nacional específico, aunque indudablemente en Suecia se lo considera sueco. Öyvind Axel Christian Fahlström nació en San Pablo el 28 de diciembre de 1928. Sus padres, Frithjof Fahlström y Karin Kronvall, habían emigrado unos años antes a Brasil, dedicándose el padre a los negocios en San Pablo. El pequeño Öyvind creció en esa ciudad y en Río de Janeiro, comenzando sus estudios en la Escuela Británica de San Pablo en 1935. Cuando tenía 10 años, a mediados de 1939, fue enviado en el buque Nordstjernan (Estrella Polar) a Suecia, a pasar el verano con el padre y una hermana de la madre. Ya no volvería a Brasil, pues el comienzo de la Segunda Guerra Mundial impidió el planeado viaje del matrimonio Fahlström, que pensaba regresar con su hijo a San Pablo. Öyvind permaneció en Suecia, comenzó a ir a la escuela, reuniéndose nuevamente con sus padres recién cuando éstos retornaron a Escandinavia en 1947. En 1948 Öyvind adoptó la ciudadanía sueca, comenzando al año siguiente a estudiar historia del arte y arqueología en la Universidad de Estocolmo, donde entró en contacto con jóvenes estudiantes que luego serían escritores y artistas de renombre. Fahlström incursionó en diferentes disciplinas: escribió teatro y poesía, artículos y críticas de arte, dedicándose también a la plástica, con un evidente interés por el surrealismo. Ya en esta época reveló un espíritu irreverente, el que se manifestó en uno de sus primeros libros de poesía, Trumpeten i stjärten (La trompeta en el trasero), cuyo manuscrito fue rechazado por la editorial Bonniers, la más importante de Suecia. Hacia 1950 realizó sus primeros viajes al exterior, visitando París, Roma y otras ciudades de Italia. En 1952 realizó Opera, su primera obra plástica importante, un dibujo en gouache y tinta de 27 centímetros de alto y 11,85 metros de largo, en el que desarrolló un trabajo basado en series y variaciones de pequeñas figuras geométricas, como una escritura gráfica de tipo automático. Continuando el trabajo con las formas inspiradas en signos, realizó las obras Ade-Ledic-Nander I y Ade-Ledic-Nander II, en las que describió la vida de tres pueblos imaginarios de su invención, Ade, Ledic y Nander, ganando con la segunda obra una mención en la Bienal de San Pablo de 1959.

Ade-Ledic-Nander II (detalle), 1957

 

EL SUEÑO AMERICANO. Fahlström comenzó a exponer en galerías de París a mediados de la década de 1950. En 1960 participó por primera vez en una exposición colectiva en Estados Unidos, adonde viajó con una beca en 1961, para luego radicarse en Nueva York. Allí conoció a artistas como Robert Rauschenberg, Jasper Johns, Claes Oldenburg y Jim Dine. La relación con artistas de vanguardia de Estados Unidos no resultó en una pérdida de contacto con Suecia, ya que en los años siguientes realizó allí una serie de actividades: happenings en el Moderna Museet (Museo de Arte Moderno) de Estocolmo, sus piezas dramáticas fueron puestas en escena por grupos de teatro independiente, algunos de sus textos fueron difundidos por Radio Suecia, y realizó también junto al artista Carl Fredrick Reuterswärd un happening televisivo de gran repercusión. Poco después de haber llegado a Nueva York participó en la exposición New Realists, realizada en la Sydney Janis Gallery en 1962, exposición que hizo visible al emergente Pop Art. Ese mismo año Fahlström realizó su primer trabajo importante en Estados Unidos, Sitting, una obra en témpera y tinta compuesta como una serie sucesiva de imágenes en recuadros, muy cercano a la estructura del comic, género en el que el artista había estado interesado durante mucho tiempo. Fahlström representó a Suecia en la Bienal de Venecia de 1966 con la obra La última misión del Dr. Schweitzer, compuesta de figuras recortadas que fueron ubicadas en todo el espacio del Pabellón Nórdico.

    En esta época experimentó con diferentes técnicas: comenzó a realizar sus primeros múltiples, obras con partes intercambiables, pasando a ser la variabilidad un elemento importante de su estética. También pintó con óleo sobre fotos, siendo algunas de estas obras parte de instalaciones, como Parkland Memorial y El pequeño general (ambas de 1967), en las que distintos elementos flotaban en una piscina. Fahlström continuó escribiendo, tanto poesía como piezas de teatro, y realizando documentales, entre otros sobre el movimiento antibélico. Continuó profundizando un espíritu crítico en sus obras, mostrando disconformidad con ciertos fenómenos sociales y políticos de Estados Unidos, Suecia y otras partes del mundo.  

JUGANDO AL BANQUERO. Según el artista norteamericano Mike Kelley, las razones por las que Fahlström fue visto durante mucho tiempo como un artista pop menor fueron la integración de “lo político” en su obra, así como la característica narrativa de la misma. Su toma de posición reflejó un interés por la situación política mundial, en lo que fue simultáneamente un innovador y un cuestionador, con críticas implícitas a la correlación de fuerzas entre los bloques capitalista y socialista durante la guerra fría. En 1970 Fahlström realizó su gran escultura transformable Cortina de albóndigas (alusión a uno de los platos típicos de la cocina sueca), una variante espacial de las obras planas en metal y figuras con imanes que podían ser combinadas de distintas formas. Simultáneamente comenzó a trabajar con la serie Monopol (nombre sueco del Banquero), compuesta por mapas del mundo en la que países y regiones están conformados por abigarrados conjuntos de imágenes y textos, al estilo del comic, por medio de los cuales el artista expresa sus opiniones políticas. Fahlström tuvo una carrera relativamente corta, ya que murió en Estocolmo en 1976, a los 47 años de edad. Su obra ha sido discutida y revisada póstumamente en exposiciones realizadas en museos de Estocolmo, París, Rótterdam y Nueva York, siendo una de las retrospectivas más recientes la realizada en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (2000).

El País Cultural. No. 959, 28 de marzo de 2008, Montevideo, Uruguay.

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