Exposición de José Gurvich (1927-1974). Imágenes de Nueva York

Pedro da Cruz 

Poco después de llegar a Nueva York en setiembre de 1970, Gurvich descubrió en su barrio un negocio de venta de materiales para artistas. Se armó de varias libretas y lápices, que guardaba en sus grandes bolsillos cuando salía a caminar para tomar apuntes de la ciudad. También llevaba su mochila traída de Israel. Cuando se propuso hacer cerámica surgió el problema del barro. A pesar de no hablar inglés, se las ingenió para conseguir barro ocre, y luego barro mexicano y barro de gres de alta temperatura. Los primeros tiempos del artista en Nueva York son recordados por su esposa Julia Helena “Totó” Añorga – con la que Gurvich se había casado en Montevideo en 1960 – en el catálogo de la exposición “Gurvich, N. York N. York”. Las obras realizadas en Nueva York entre 1970 y 1974 permanecieron en poder de la familia, y son mostradas, por primera vez en Uruguay, en el Museo Gurvich.

    No era la primera vez que Gurvich se enfrentaba al paisaje de una ciudad totalmente desconocida. Cuando tenía cinco años, en 1932, viajó a Montevideo con su madre desde la pequeña localidad de Jieznas, en Lituania, donde había nacido como Zusmanas Gurvicius en 1927. La familia – el padre había llegado un año antes – se instaló en el Barrio Sur, como tantas otras familias de origen judío. La adaptación de Gurvich al país de adopción fue rápida. Cuando tenía seis años fue inscripto en la Escuela Chile, de la que guardaría gratos recuerdos.

    Un temprano interés por las artes lo llevó a estudiar pintura en la Escuela de Bellas Artes con José Cúneo. Luego conoció a Joaquín Torres García, y en 1945 se integró al Taller Torres García (TTG), del que luego sería docente. Unos años más tarde viajó a Europa e Israel, invitado a pintar un mural en el comedor del kibutz Ramot Menasche, donde vivía su hermana. A Gurvich le gustaba estar en contacto con la naturaleza, en el kibutz trabajó de pastor de ovejas, y a su regreso a Uruguay se estableció en el Cerro. Vivió varios años en dos casas de la calle Polonia, el límite de la edificación de la ciudad (luego seguía el verde hacia la cima de la colina).

    Después de otro viaje a Europa e Israel, Gurvich partió definitivamente de Uruguay en setiembre de 1969. Desde Israel viajó a Estados Unidos, y se radicó con su familia en Nueva York en setiembre de 1970. Allí encontró a parientes lituanos, y reencontró a Julio Alpuy, Gonzalo Fonseca y Horacio Torres, compañeros del Taller. La vida en Nueva York no fue fácil. A pesar de una situación económica ajustada, Gurvich desarrolló una intensa actividad artística. Participó en varias exposiciones colectivas en galerías y otras instituciones de Nueva York. En junio de 1974, cuatro años después de su arribo a Estados Unidos, Gurvich falleció de una afección cardiaca a los 47 años.

Collage en naranjas, 1972

IMPRESIONES URBANAS. La integración de Gurvich al Taller Torres García fue decisiva para el desarrollo de su arte, el que formó parte del corpus de la obra realizada por los artistas que crearon lo que se denominó constructivismo. Sin embargo los “hombres universales” de Gurvich ya tenían contornos propios, formas que reaparecerían en obras más tardías. Gurvich multiplicó los elementos, poblando sus pinturas de formas y personajes que ocupan todo el espacio de las obras. Su primer viaje a Israel le despertó un interés por las tradiciones judías, las que habían sido conservadas en la familia por su madre. En las obras divididas en zonas horizontales comienzan a aparecer candelabros de siete brazos y rabinos, mientras que otras figuras flotan en el espacio, ecos de la pintura de inspiración poética de Marc Chagall.

    El arribo de Gurvich a Nueva York es el punto de partida de una nueva etapa en su carrera artística, la que es generosamente presentada en la exposición del Museo Gurvich. El paisaje urbano de Nueva York impresionó a Gurvich, de la misma forma que había impresionado a Torres García cuando éste llegó a la gran metrópolis en 1920. Y como en el caso de Torres García, lo nuevo que percibió a su alrededor lo fue integrando a su obra. Lo primero que realizó en Nueva York fueron acuarelas y tintas, en las que fue plasmando impresiones que llevarían a nuevas formas. Los bocetos son innumerables, en algunos casos varios en una misma página. Algunos apuntes se superponen, mientras que algunas acuarelas ya son compuestas como paisajes de la ciudad. Registró pequeños caños de desagüe y enormes puentes ferroviarios, carteles publicitarios, fachadas y personas. Aunque realista en los detalles, la línea, la estructura y la paleta tienen reminiscencias de la estética del Taller. Como lo había hecho anteriormente en Uruguay, Gurvich combinó el trabajo pictórico con obras en otros medios. Proyectó una serie de serigrafías y grabados, así como una serie de monumentos – retomando el interés de los miembros del TTG por el arte público – basados en formas de sus esculturas cerámicas.

    En 1971 pintó témperas con el tema de la ciudad, como Camino y ciudad y Ciudad cósmica, obras casi monocromas, con un finísimo ajuste de ocres, amarillos y marrones. Paralelamente pintó una serie de óleos titulados Mundo de Nueva York, en el que una multitud de figuras flotan en un poético espacio ocre.

Proyecto para monumento IV con puente, 1972

OBJETOS Y MONUMENTOS. En 1972 Gurvich continuó con la pintura plana, por ejemplo Mundo de Nueva York e Imágenes y símbolos, y usó a la vez nuevos recursos formales que no había utilizado hasta el momento, como cortar y perforar la tela, con el resultado de huecos que arrojan sombras sobre la pared. Tal es el caso de N.Y. N.Y. Usando la madera como soporte, a veces revestida con arpillera, realizó una serie de relieves, o collages escultóricos, en los que agregó una serie de elementos de distintos materiales, como objetos de cerámica, cerdas, maderas e hilos. En Tríptico, Collage con mano y Collage en naranja, Gurvich combinó objetos y superficies pintadas, en las que aparecen brazos, manos, casas con piernas, rostros (figuras típicas del universo pictórico del artista). En Assemblage los objetos prácticamente se liberan del fondo, tomando ya un carácter escultórico. Esta serie de relieves se cuenta entre lo más sugestivo que Gurvich creó en Nueva York.

    Otra serie remarcable es la serie de témperas con proyectos para monumentos, la que se remonta a 1971. Usando formas emparentadas a las de sus esculturas cerámicas, Gurvich realizó en témpera grupos de objetos para espacios imaginarios, creando efectos inesperados cuando pintó varios de esos grupos sobre el mismo soporte. Las formas se multiplican, casi orgánicas, sensuales, como torres o columnas irregulares. De las mismas surgen formas humanas, un recurso similar al usado en la pintura. En 1972 continuó la serie con Proyecto para monumento IV con puente, que se destaca por ser un paisaje con un puente similar al de Brooklyn, en cuya cabecera se agrupan formas ondulantes en una suerte de laberinto, o parque de diversiones, un monumento penetrable.  

CERÁMICA ERÓTICA. Ya en el campo de la escultura, Gurvich realizó en cerámica varios de los proyectos expuestos, por ejemplo Personaje construido y una variante de Pierna y brazos. El conjunto es extraordinario, ejemplo de la mejor cerámica producida en la tradición del TTG. Las primeras cerámicas planas con una infinidad de elementos, como La creación (1970) o Forma geométrica (1972), dieron lugar a una serie de esculturas. Un grupo remarcable es el de la serie Forma erótica, compuesta por seis figuras de menor tamaño, todas de 1972. Las formas orgánicas muestran un sugestivo juego de concavidades, huecos y elementos turgentes, lo que puede caracterizarse como un erotismo nofigurativo. Gurvich también creó una serie de esculturas que tituló Proyecto para monumento, todas de 1973. A pesar de la escala – entre 30 y 80 centímetros de altura – las figuras fueron concebidas a partir de la idea de lo monumental, como objetos de varios metros para ser ubicados en espacios públicos. La serie de proyectos de monumentos incluye un objeto de 1972, Plaza de escultura II, con características propias. Sobre una base pintada con figuras que convergen hacia el centro, se ven personajes de cerámica unidos por hilos. La obra fue completada con trozos de espejo, elementos de vidrio y clavos; un tipo de composición en que el artista dio rienda suelta a su espíritu lúdico, una posible línea de trabajo que Gurvich no alcanzó a desarrollar en el relativamente corto – aunque intenso – período de tiempo en el que vivió en Nueva York.

El País Cultural. No. 955, 22 de febrero de 2008, Montevideo, Uruguay.

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