La obra de Tadao Ando. Una arquitectura de la luz

Pedro da Cruz

El japonés Tadao Ando (Osaka, 1941) ha recibido los máximos galardones internacionales por su obra arquitectónica. Su caso no es típico, ya que es prácticamente autodidacta y su aprendizaje lo realizó apreciando arquitectura en viajes por diversos países. Su postura, basada en una firme visión ética de la disciplina que ejerce, con un fuerte cuestionamiento a los mecanismos de la sociedad occidental, tampoco es común en el ámbito de la arquitectura internacional de máximo nivel.

    Tadeo Ando comenzó a trabajar como carpintero, haciendo construcciones de madera, el principal material de la arquitectura tradicional japonesa. Pero cuando se estableció como profesional en Osaka, en 1970, y comenzó a construir viviendas familiares en pequeños terrenos, adoptó el uso del hormigón, material que continuaría siendo la base de sus siguientes proyectos. Aisladas del entorno por muros sin aberturas, sus primeras construcciones se volcaban al interior, dando a los usuarios una intimidad que sin duda es difícil conseguir en las superpobladas ciudades japonesas.

    Una vivienda de este tipo es la llamada Casa adosada de Sumiyoshi (Osaka, 1976), considerada programática de la arquitectura de Ando. En un espacio de sesenta metros cuadrados, los usuarios deben vivir en estrecha relación a los cambios del clima, ya que las habitaciones se comunican a través de un patio abierto. Aunque los materiales y el entorno no lo sean, la idea básica está anclada en la tradición japonesa: la naturaleza y lo creado por el hombre constituyen una unidad, no algo opuesto como en Occidente. Los edificios se estructuran en general alrededor de una o dos formas geométricas básicas; y Ando va contra la tradición de la arquitectura modernista occidental cuando introduce elementos irracionales, con los que quiere expresar lo imprevisible de la vida humana.

Casa Koshino, Ashiya, Hyogo, 1981

ÉTICA DEL HORMIGÓN. La arquitectura de Ando se basa en contradicciones duales, como la oposición entre adentro y afuera, abstracción y representación, Occidente y Oriente, parte y todo, historia y presente, sencillez y complejidad. Considera que la civilización occidental, basada en la superficialidad y el comercialismo, ha llevado a un empobrecimiento del espíritu, y que el choque de contrarios en su arquitectura es una respuesta a ello. El arquitecto pretende reconciliar al hombre con la naturaleza, con la arquitectura como intermediaria. La conexión con la naturaleza se realiza por medio de variaciones de la luz y la intervención de los elementos en la vida de los usuarios. Las viviendas – con una propuesta sin decoración, con superficies de hormigón – exigen de los usuarios una afinidad de valores. El concepto medular del arquitecto es una visión alternativa de la vida. Se basa en el principio del shintai, un ser sensible que no distingue entre mente, cuerpo y espíritu; a él va dirigida su arquitectura. “El hombre no es un ser dual en el que el espíritu y la carne son radicalmente distintos, sino un ser viviente corpóreo y activo en el mundo. El cuerpo articula el mundo. Al mismo tiempo, el cuerpo es articulado por el mundo.”

    En Tadao Ando. Los colores de la luz, el fotógrafo Richard Pare interpreta la obra del arquitecto. El libro no es documental, las obras no son presentadas de lo general a lo particular. No se muestran visiones panorámicas de las construcciones, sino que hay una elección de los enfoques muy particular, en general detalles sin la inclusión de figuras humanas.

Espacio de meditación, UNESCO, París, 1995

MIRADA FOTOGRÁFICA. La admiración de Pare por la obra de Ando se basa en un sentido estético afín, siendo el imperativo moral y la motivación ética otros elementos de afinidad entre las concepciones del fotógrafo y el arquitecto. Pare comenzó a fotografiar obras de Ando durante su primer viaje a Japón en 1985. Y lo siguió haciendo hasta 1993. En el epílogo de Los colores de la luz escribe que en algunos de sus viajes a Japón disponía de un tiempo muy limitado, lo que lo obligó a trabajar en todas las condiciones meteorológicas posibles. Y que ello, a su vez, le hizo percibir el sutil manejo de la iluminación en la obra de Ando. Consciente de que las variaciones de la luz y del tiempo cambian la forma de percibir un edificio, Pare volvió a fotografiar algunas de las construcciones, “rectificando” su visión anterior. El lector se confronta directamente con fotografías de detalles arquitectónicos, las que no son acompañadas por títulos u otros textos explicativos. Según Pare, la fotografía de arquitectura nos ofrece la posibilidad de ver el espacio con independencia de su función. Es al final del libro, a posteriori de la interpretación fotográfica, donde los edificios son presentados por medio de bocetos del propio Ando, que muestran la idea fundamental que rigió la construcción de cada uno. Los bocetos se acompañan de textos explicativos y listas de datos técnicos.

LA LUZ Y LOS ELEMENTOS. Los edificios de Ando están compuestos por elementos similares, en general placas y pilares de hormigón en los que se aprecian detalles constructivos. Son detalles como las pequeñas concavidades que permiten la manipulación de las placas durante la construcción, o las huellas del encofrado en que se dio forma al hormigón. Sin embargo, cada edificio, aunque relacionado a los demás, tiene un carácter específico. Ello es resultado de la estudiada integración de las construcciones a su entorno, lo que en general fue decisivo para las soluciones a las que el arquitecto arribó en cada caso. El principal componente en las obras de Ando es la pared, la que contiene y define un edificio, o parte del mismo, en relación a su entorno. En otros casos la pared, o el muro, define una dirección en el conjunto de la composición. El hormigón es laqueado con una capa protectora, lo que da reflejos y brillos que entran en contradicción con la corporeidad de las paredes. El efecto, en el verdadero espíritu del arquitecto, es una sensación de falta de materialidad, una corporeidad etérea.

    Luego de haber sido reconocido por la construcción de pequeñas viviendas particulares en Osaka, continuó su carrera creando edificios en otras ciudades de Japón, en Estados Unidos y en varios países europeos. Durante las décadas de 1980 y 1990 construyó un gran número de edificios de carácter público: sedes de corporaciones internacionales, locales comerciales, iglesias y templos, y una remarcable serie de museos.

    Como ejemplo fotografiado por Pare puede nombrarse el Museo Histórico Chikatsu-Asuka (Osaka, 1994). El museo está dedicado a la investigación de la cultura kofun, y fue diseñado como una escalinata que cubre el declive de una colina. La función es doble: permitir una visión general sobre un gran área de excavaciones (las salas de exposición son subterráneas, bajo la escalinata), y brindar un lugar de encuentro para los visitantes, ya que, según Ando, en Japón prácticamente no existen lugares públicos de reunión.

    De los edificios de carácter religioso se destaca el Templo del Agua (Awaji-shima, 1991). Ubicado en la isla de Awaji, en la bahía de Osaka, es la nueva sede de la secta budista Shingon. Un estanque oval con plantas de loto, símbolo de la secta, y un muro semicircular dominan la composición. La interacción con la naturaleza es conseguida por una inmersión simbólica, ya que los visitantes deben descender por una escalera que divide el estanque para poder acceder al templo subterráneo. 

    La serie de obras de Ando fotografiadas por Pare culmina con una de las más conocidas a nivel internacional: el Espacio de meditación (París, 1995). Construido junto a la sede central de la UNESCO, el edificio es un cilindro de hormigón de 6,5 metros de altura, al que se accede por una rampa. La idea básica es la de un espacio donde los visitantes de todo el mundo, pertenecientes a las más diversas religiones, puedan recogerse y pedir por la paz mundial. Para el suelo de la estructura Ando utilizó, en colaboración con la ciudad de Hiroshima, granito expuesto a la radiación de la bomba atómica que destruyó la ciudad en 1945. Una prueba más del sentido trascendental que este singular arquitecto da a su obra.

TADAO ANDO. LOS COLORES DE LA LUZ, de Richard Pare. Londres, Phaidon Press Limited, 2003. Distribuye Océano en 2007. 284 págs. 

El País Cultural. No. 946, 21 de diciembre de 2007, Montevideo, Uruguay.

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