Centenario de Las señoritas de Avignon. El burdel filosófico

Pedro da Cruz

Pablo Picasso (1881-1973) pintó Les demoiselles d’Avignon (Las señoritas de Avignon) en 1907. El hecho de que esta obra crucial del arte del siglo XX cumpla cien años ha dado ocasión para que, una vez más, sea objeto de atención. Se destaca la exposición organizada por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, a cuyas colecciones pertenece el cuadro, un gran lienzo de 244 x 234 centímetros. La pintura es exhibida junto a una serie de bocetos y estudios previos, tanto dibujos y acuarelas como óleos.

La idea es mostrar que Picasso experimentó durante varios meses con distintas posibilidades de composición y de expresiones plásticas de la figura humana, agrupadas o como figuras individuales. Todos los esfuerzos previos del artista se conjugaron en una obra que resultó en algo inaudito para sus contemporáneos, los que no dudaron en demostrar a Picasso un rechazo generalizado. Esa incomprensión fue incluso compartida por Georges Braque, quién sólo un año más tarde se embarcaría junto a Picasso en la enorme y trascendental aventura de la creación del cubismo. La obra pasó a ocupar un lugar central en el surgimiento y desarrollo del modernismo, e incluso fuera una referencia obligada para todo el arte del siglo XX debido a la combinación explosiva de nuevos planteos formales, rompimiento brutal con las convenciones, influencia de culturas no occidentales, así como un motivo ambiguo relacionado a lo erótico y la sexualidad.

Boceto para Las señoritas de Avignon, 1907

PARÍS ERA UNA FIESTA. Picasso, nacido en Málaga y formado en la Cataluña de fines del siglo XIX, viajó por primera vez a París en 1900, cuando era un joven de 20 años. Durante cuatro años realizó varios viajes a la capital francesa, repartiendo sus estadías en España ente Barcelona, Madrid y algunas localidades de la costa del Mediterráneo. Su pintura de entonces estaba poblada de personajes encontrados en bares y circos, y cargada de un simbolismo que tomaría tintes dramáticos cuando pintó las figuras de indigentes de su llamado período azul (1903-1904). En 1905 Picasso cambió notoriamente su forma de pintar, retratando los arlequines y acróbatas de su período rosa, un cambio radical que presagia los cambios de estilo, las marchas y contramarchas con que el artista continuaría sorprendiendo al mundo artístico durante todo el transcurso de su larga y prolífera carrera. Un año antes, en 1904, Picasso se había radicado definitivamente en París, instalándose en el mítico Bateau-Lavoir, una vieja casa ubicada en el 13, rue Ravignan (hoy Place Emile-Goudeau), en la colina de Montmartre, donde ya vivían el pintor Juan Gris y el poeta Max Jacob.

El ambiente intelectual y experimental del lugar, que era visitado entre otros por los poetas Guillaume Apollinaire y André Salmon, el crítico Maurice Raynal, y los hermanos y coleccionistas estadounidenses Gertrude y Leo Stein, alentó a Picasso a acometer experimentos formales en su pintura. Algunas de sus obras de 1906, especialmente uno de sus autorretratos. y el retrato de Gertrude Stein, muestran que el pintor asimiló y reelaboró una serie de influencias que fueron decisivas para la creación de Las señoritas de Avignon y el posterior desarrollo del cubismo. Dos influencias fundamentales fueron el arte de Paul Cézanne y el arte de las culturas llamadas “primitivas”. Cézanne ya había sido reconocido por los artistas de vanguardia de los primeros años del siglo XX, y a consecuencia de su fallecimiento en 1906 una retrospectiva de su obra con carácter de homenaje fue mostrada en el Salón de Otoño de 1907, exposición que tuvo gran repercusión. Simultáneamente los modernistas se interesaron por objetos y esculturas de África y Oceanía, comenzando André Derain y Henri Matisse a coleccionarlos, lo que no escapó al espíritu inquieto y curioso de Picasso. También puede hablarse de la influencia del arte egipcio y del ibérico, el arte de los pueblos de origen celta que poblaban la Península Ibérica antes de la conquista romana, cuya obra más conocida es un busto de mujer conocido como La dama de Elche. Picasso concibió la idea de pintar Las señoritas de Avignon, la obra que se había propuesto fuera la más importante que había pintado hasta ese momento, ya en 1906. A fines de ese año y durante los primeros meses de 1907 realizó cientos de bocetos y estudios preparatorios en los cuales experimentó con elementos que luego reaparecerían en la obra principal, y que por lo tanto son reconocibles: figuras con los brazos levantados, cabezas y rostros de distinto tipo. Después de varios meses de trabajo intenso, durante los cuales Picasso realizó varios cambios en la composición, el cuadro fue dejado de lado, y quedó como se lo apreciamos en la actualidad. Posiblemente quedó inconcluso, según la opinión del galerista de los cubistas Daniel-Henry Kahnweiler, lo que podría fundamentarse en la falta de unidad de la obra.

UN LUGAR NON SANCTO. El propio Picasso no parece haber titulado la obra. Apollinaire la llamó El burdel filosófico, clara alusión a lo que Picasso quería representar, mientras que Salmon la llamó Las señoritas de Avignon, nombre por el que la obra fue conocida mundialmente. Ese título puede hacer pensar que las señoritas retratadas se encontraban en la ciudad francesa de Avignon, lo que no es cierto. El título se refiere en cambio al Carrer d’Avinyó, calle del Barrio Gótico de Barcelona que durante la juventud de Picasso era la calle de los burdeles. Por lo tanto, lo que la obra nos muestra es el interior de un burdel con cinco prostitutas, las que, desnudas, miran y se brindan a la mirada del espectador. En un principio Picasso había ubicado entre las mujeres las figuras de un estudiante de medicina y de un marinero, pero dichas figuras desaparecieron durante el proceso de trabajo. El resultado fue un cambio importante de relación espacial: de una perspectiva interna, en la que las figuras masculinas eran los espectadores, a una perspectiva externa, haciendo partícipe de la escena a quién observa el cuadro, invitándolo a penetrar en ese espacio. Se ha especulado mucho sobre las razones por las que Picasso eligió éste tema para un cuadro que pretendía fuera su obra más importante. En un contexto amplio la obra está encuadrada en una característica propia del modernismo, su carácter patriarcal, lo que se expresa en que la absoluta mayoría de los artistas eran hombres, y en que el motivo modernista más recurrente son figuras de mujeres desnudas pintadas, y vistas, por hombres. En el caso particular de Picasso, ya había mostrado un interés por lo social cuando pintó figuras de indigentes y marginados en sus obras del período azul. Las prostitutas pueden incluirse en ese ámbito, y muchas modelos eran sin duda mujeres a quienes los artistas pagaban, o no, por posar desnudas.

En el plano artístico la obra ha sido vista como la respuesta artística de Picasso a La alegría de vivir, cuadro que Henri Matisse había pintado en 1906, expresión de la ambigua relación de amistad y rivalidad que Matisse, maestro del color, y Picasso, maestro de la forma, mantendrían durante varias décadas como dos de los artistas plásticos más consagrados del siglo XX. En el plano sicológico la obra también ha sido interpretada como un conjuro contra una fobia de tipo sexual que Picasso habría adquirido en su juventud en Barcelona, a causa del miedo a la sífilis u otras enfermedades de transmisión sexual que campeaban en la época.

Las señoritas de Avignon, 1907

 

CINCO MUJERES Y UNAS FRUTAS. En cuanto a los aspectos formales de la obra es evidente que a Picasso no le interesaba lograr un realismo anatómico, sino que las deformaciones de las figuras son resultado de planteos de composición. Es en general aceptado que las dos figuras centrales fueron las primeras en ser pintadas, con un tratamiento plano del color, es decir sin sombras que den una ilusión de volumen, y con los miembros definidos por unas simples líneas. Lo más característico de dichas figuras es la influencia de lo ibérico y lo egipcio en sus rostros, los que no son “correctos” anatómicamente, ya que siendo vistos de frente muestran la nariz de perfil, un recurso que Picasso continuaría usando en sus retratos durante muchas décadas. En un estadio intermedio fue pintada la figura de la izquierda, con una anatomía exagerada en su pierna izquierda, y una cabeza diferente en el tratamiento y el color a las de las figuras centrales, mostrando un recurso inverso de composición: la cabeza es vista de perfil mientras que el ojo es visto de frente. Parece ser que fue en este momento cuando Picasso recibió el impactado de la escultura africana, la que vio en el Museo del Trocadero, hoy Museo del Hombre. Las dos figuras de la derecha, las últimas en ser pintadas, se caracterizan por sus cabezas de rasgos brutales, un tipo de máscaras, que difieren totalmente de las cabezas de las otras tres mujeres.

La más extraordinaria de las figuras de la derecha es la que se ve sentada, alrededor de la cual el pintor parece haber girado 180 grados, ya que la cabeza y la parte superior del torso son vistas de frente mientras que la espalda y la parte posterior del tronco están vueltas hacia el espectador. El pintor usa dos puntos de vista diferentes y simultáneos para retratar una figura, algo inaudito en el arte occidental desde la época del Renacimiento, lo que sería un importante antecedente del recurso que Picasso y Braque usaron cuando poco después comenzaron a desarrollar el cubismo. La composición fue completada con un cortinado, sin mucha profundidad, lo que acentúa el planismo de la obra, y una naturaleza muerta con unas pocas frutas en la parte inferior de la obra. El tratamiento similar de figuras y fondo, así como el carácter casi monocromo del cuadro, fueron otros antecedentes importantes del cubismo. 

PARÍS – NEW YORK. Las señoritas de Avignon fue expuesto públicamente por primera vez en el Salon d’Antin de 1916. Salmon había descrito la obra en 1912, pero no publicó el nombre que le había dado hasta 1920. El cuadro fue adquirido, a instancias del surrealista André Breton, por el coleccionista Jacques Doucet en 1923, y exhibido en el Petit Palais en 1925. Ese mismo año Breton publicó una reproducción de la obra en el número 4 de la revista La Révolution Surréaliste. En 1937 el cuadro fue comprado por Germain Seligmann, y luego de ser trasladado a Estados Unidos fue expuesto en la galería Jacques Seligmann con ocasión de la exposición 20 Years in the Evolution of Picasso 1903-1923.

El Museo de Arte Moderno de Nueva York, generalmente llamado MoMA (Museum of Modern Art), había sido fundado por Alfred H. Barr en 1929. Durante la década siguiente el museo fue trasladado tres veces, hasta que en 1939 fue inaugurada la sede donde ha tenido sus locales hasta hoy, en 11 West 53 Street en el midtown Manhattan, locales que gracias a sucesivas ampliaciones han doblado su superficie de exposición. El mismo año de la inauguración de la nueva sede, en 1939, Alfred H. Barr adquirió Las señoritas de Avignon para las colecciones del MoMA, institución a la que ha pertenecido hasta el presente. En diciembre de 2004 terminó la restauración del cuadro. Se le removió algunos barnices que se habían ido acumulando sobre su superficie, hasta recuperar su esplendor original.

El País Cultural, No. 930, 31 de agosto de 2007, Montevideo, Uruguay.

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