Murales del Taller Torres García. Unidad y universalismo

Pedro da Cruz

La exposición Murales TTG en el Museo Gurvich permite reflexionar sobre temas poco discutidos en el ámbito cultural uruguayo: el papel del arte público, en el que el mural como forma artística tiene una posición central, así como sobre la relación del arte público con instancias públicas y privadas. En Uruguay, el Estado no ha tenido una política cultural definida en esas áreas, a diferencia del papel activo que asume en países como México, con el importante programa cultural que derivó en el  muralismo, o Suecia, donde el 1 % del presupuesto de la construcción de edificios públicos debe por ley ser destinado a la integración de arte público en los mismos edificios. En Suecia precisamente el Museo de los Bocetos de la Universidad de Lund está especializado en coleccionar y mostrar bocetos y modelos de arte público nacional y de otros países de Europa, África y América. En Uruguay las posibles iniciativas de integrar arte en ámbitos públicos quedaron durante mucho tiempo en manos de actores privados, en primer lugar arquitectos que tenían contacto con artistas a los que encargaban obras. Durante varias décadas dos emprendimientos surgidos del ámbito del Taller Torres García (TTG) se contaron entre los ejemplos de arte público más importante del país: el Monumento cósmico (1938), de Torres García, y los murales pintados por Torres García y miembros del TTG en el Pabellón Martirené del Hospital Saint Bois (1944), ambos en Montevideo. El primero de ellos fue desplazado durante la década de 1970 de la Avenida Julio Herrera y Reissig al jardín del Museo Nacional de Artes Visuales, mientras que los murales del Saint Bois fueron desprendidos de los muros para su restauración, siendo algunos de ellos mostrados actualmente en la Torre de las Telecomunicaciones de Antel, con excepción de los murales pintados por Torres García, que fueron destruidos en el incendio del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1978. Un ejemplo reciente de emprendimiento de arte público es el parque de esculturas del Edificio Libertad, en el que varias de las obras también son de artistas pertenecientes al TTG.

Guillermo Fernández. Madera constructiva, 1966. Madera, 220 x 400 cm.

 

LO PÚBLICO Y LO PRIVADO. La exposición, con asesoramiento de Cecilia de Torres y producción de Silvia Listur, directora del Museo Gurvich, consta de un núcleo de doce murales realizados por Rosa Acle, Julio Alpuy, Guillermo Fernández, Gonzalo Fonseca, José Gurvich, Julio Mancebo, Francisco Matto, Manuel Pailós, Horacio Torres y Joaquín Torres García. Las obras expuestas muestran características disímiles en cuanto a dimensiones, motivos y procedencias, siendo las técnicas usadas también muy variadas: del yeso y la cerámica a la pintura al óleo, el cemento y el vidrio. El entorno físico del museo, así como condicionamientos de conservación y transporte (por ejemplo obras que debido a los materiales en que fueron realizadas tienen un gran peso), limitaron las posibilidades de exponer una mayor cantidad de murales.

De todos modos el número de obras expuestas no es determinante. Lo que importa de la muestra es que permite conocer trabajos que en su mayor parte pertenecen a colecciones privadas, y por lo tanto no son accesibles al público, con las excepciones del mural de Pailós, procedente del Saint Bois y hoy en la Torre de las Telecomunicaciones, y los dos murales de Gurvich pertenecientes a las colecciones del Museo Gurvich. Un caso particular es el de la magnífica madera de Guillermo Fernández, la que estuvo durante muchos años expuesta públicamente en el Restaurante Morini, y que pertenece hoy a un coleccionista particular. Disponiendo de los espacios del museo de una forma inteligente los murales se muestran en la planta baja, continuando la exposición en el primer piso con la muestra de un gran número de bocetos de murales y otras obras de arte público, realizados por integrantes del TTG. Además de bocetos de los autores de los murales expuestos, hay bocetos de Francisco Matto, Manuel Otero, Héctor Ragni, Alceu Ribeiro, María Celia Rovira, Edwin Studer, Ernesto Vila, Jorge Visca y José Visca. El conjunto de lo expuesto muestra, como en el caso de los murales, una gran variedad de propuestas plásticas.

Gonzalo Fonseca. Sin título, 1950. Azulejo, 140 x 200 cm.

 

UNIDAD Y DIVERSIDAD. Esta diversidad de técnicas y propuestas en murales y bocetos revela la variedad de los planteos personales dentro de un marco de referencias comunes a los integrantes del TTG, lo que también puede hacerse extensivo al carácter de la mayoría de las obras creadas en el ámbito del Taller. La unidad está basada en los principios del universalismo constructivo, especialmente la organización de las obras a partir de una estructura de verticales y horizontales, uno de los principios fundamentales del movimiento creado por Torres García. La mayoría de los murales muestran distintos tipos de estructuras, ya sean exclusivamente con elementos geométricos, como el mural de Gurvich pintado sobre tela, la madera de Fernández, o el mural en cemento de Mancebo. En otros casos, elementos referidos a la figuración fueron integrados a las estructuras de las obras, por ejemplo el mosaico de Alpuy, el mural de azulejos de Fonseca, con una figuración típica del artista, o el mural en yeso de Gurvich, en el que integró elementos de su imaginario, como el candelabro de siete brazos perteneciente a la tradición judía. En el caso del mural en cemento de Horacio Torres, la figura del pez contiene una estructura poblada de elementos esencialmente geométricos. Muy particular es el mural de Rosa Acle, tanto por la forma (pintado sobre tela para cubrir una chimenea redonda y luego desmontado y vuelto a montar como se ve hoy), como también por la variedad de elementos que son integrados en la estructura de la obra. Se trata de un lenguaje muy personal que difiere marcadamente del de otros integrantes del TTG. El mural de Pailós tiene también un planteo diferente, pero por provenir del Saint Bois, pertenece a un conjunto de obras que forman una unidad, ya que fueron creadas a partir de premisas muy precisas establecidas por Torres García, entre otras, el uso de los mismos colores en el conjunto de los murales. 

ARTE Y ARQUITECTURA. La unidad que caracteriza a estos murales se puede apreciar con claridad en el sector de documentación que completa la exposición; allí los murales del Saint Bois son reproducidos en su totalidad. La documentación fotográfica muestra muchos ejemplos de arte público ubicados en su entorno original, un factor fundamental para poder apreciar la relación entre arte y arquitectura, y demuestra que el papel fundamental que los arquitectos tuvieron para que se pudiera crear arte público en Uruguay es también válido en el caso del TTG. Varios arquitectos estuvieron relacionados al Taller, entre otros Ernesto Leborgne, Rafael Lorente, Ramón Menchaca y Mario Payssé.

Los arquitectos Carlos Surraco y Susana Morialdo fueron a su vez los impulsores de que los miembros del TTG pintaran los murales del Saint Bois. La documentación muestra que varias obras de integrantes del TTG fueron encargadas para las  casas de Lorente y Leborgne, e incluso en esta última se ubicó finalmente el mural de Fonseca sobre azulejos que aparece en la exposición, que fuera rechazado por la persona que lo había encargado.  Del gran número de obras de arte público creadas en el ámbito del TTG documentadas puede destacarse el importante conjunto del Liceo de Las Piedras, donde, gracias a los esfuerzos de un entusiasta director, fueron ubicadas obras de Mancebo, Matto, Pailós, Dumas Oroño, Augusto Torres y Ernesto Vila. Otro conjunto importantes de obras es el de la sala de esgrima de la Escuela Militar de Toledo. El edificio fue diseñado por Mario Payssé como capilla del Seminario Arquediocesano; desde un principio tuvo vitrales constructivos y murales de ladrillo de Horacio Torres. Este artista desarrolló una técnica especial para dar a los ladrillos superficies curvas, y de esta forma acentuar el efecto de los relieves. La documentación es también reproducida, junto a los murales y los bocetos, en el catálogo de la exposición, una buena herramienta para reconocer obras que el visitante puede encontrar de forma inesperada en sitios como el Liceo Miranda o el Banco de Previsión Social de la Plaza Matriz.

El País Cultural, No. 921, 29 de junio de 2007, Montevideo, Uruguay.

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