Ana Mendieta y la posmodernidad

Pedro da Cruz

Ana Mendieta, un icono posmoderno. Así como la figura de Frida Kahlo se convirtió en un icono de la modernidad latinoamericana, la figura de la artista de origen cubano se impone como un referente obligado para el arte del continente de las últimas décadas del siglo XX. El tema de la identidad es central en el quehacer artístico de Ana Mendieta, así como lo fue en el de Frida Kahlo. Y como en el caso de ésta, su figura pertenece a distintas esferas donde se conjugan cuestiones étnicas y de género, así como elementos relacionados a lo social y lo político. A lo que en el caso de Mendieta se debe sumar la influencia de las religiones y ritos de raíz africana propios de Cuba. La suma y superposición de elementos de diferentes procedencias resultó en una obra que no tuvo un desarrollo lineal, sino que fue compleja, y que puede ser entendida en distintos niveles. Por lo que, otra vez como en el caso de Frida Kahlo, se han realizado varios tipos de lecturas e interpretaciones de aspectos de la obra de Mendieta según las concepciones de diferentes grupos. Se la ha caracterizado como un caso de heterogeneidad, de híbrido posmoderno, de víctima del patriarcado, de ser poscolonialista, y pionera de estrategias posminimalistas.

    El arte de Mendieta mantuvo un fecundo diálogo con el arte de su tiempo, así como aún lo hace con el arte del presente, por lo que no es posible analizar su arte como un fenómeno aislado. Sus obras son reflejo, y reflejan, el quehacer de varios de los artistas más significativos de las décadas de 1960 y 1970 en Estados Unidos y América Latina, así como también sirvieron de fuente de inspiración para una nueva generación de artistas. 

De Cuba a Estados Unidos

Ana Mendieta nació en La Habana, Cuba, en 1948. Poco después del triunfo de las fuerzas revolucionarias comandadas por Fidel Castro en 1959, su familia decidió enviarla a Estados Unidos. En 1961, cuando tenía trece años, viajó junto a su hermana Raquelín a dicho país. El viaje fue parte de una operación organizada por grupos cristianos de Estados Unidos, cuyo objetivo era evitar la influencia sobre los niños cubanos de la ideología socialista que comenzaba a imponerse en la isla. Ana y su hermana fueron enviadas al estado de Iowa, donde vivieron en hogares infantiles durante varios años. Los padres tenían la esperanza de que la separación durara poco tiempo, pero las hermanas alcanzaron a terminar el high school antes de que la madre se reencontrara con ellas. Y el padre llegó a Estados Unidos aún más tarde, en 1979, sin haber visto a sus hijas durante casi veinte años. Una de las interpretaciones más frecuentes sobre la obra de Mendieta es que la misma es un intento de superar la experiencia traumática de la separación de sus padres a tan temprana edad, y de la pérdida de sus raíces culturales.

    Cuando Ana Mendieta comenzó a estudiar en la Universidad de Iowa, en Iowa City, eligió estudiar pintura, aunque ya comenzaba a realizar trabajos basados en la fotografía. En 1969 conoció a Hans Breder, artista de origen alemán que era profesor en la Universidad, y que estaba relacionado a los accionistas vieneses, el movimiento Fluxus, y la escena artística de Nueva York. En ese momento Breder estaba planificando un programa de estudios que llamó Intermedia, basado en la performance, el video y conexiones entre distintos medios y disciplinas. Breder se convirtió en el mentor de Mendieta, la que luego ingresó en los cursos del nuevo programa, el que incluía una serie de cursos con artistas invitados. Gracias a ello los estudiantes pudieron interiorizarse en la obra de artistas de vanguardia como Vito Acconci, Allan Kaprow, Bruce Nauman, Dennis Oppenheim, Carolee Schneemann y Robert Smithson.

De la serie Árbol de la vida

Primeras obras en Iowa

El proyecto de tesis de master en el curso de pintura resultó en una obra basada en una serie fotográfica, Transplante de vello facial (1972), en la que registró el proceso de cortarle el bigote y la barba a un amigo y pegarlos sobre su propia cara. Ese mismo año realizó otra serie fotográfica titulada Variaciones faciales, en la que registró las deformaciones de su rostro cuando lo apretaba de distintas formas contra un vidrio. Ese grupo de obras tuvo una continuación en la serie Impresiones, en la registró las deformaciones provocadas por un vidrio que apretaba contra distintas partes de su cuerpo. Ya en estas primeras obras combinó una variante de performance con el llamado Body Art, en el que el artista utiliza su propio cuerpo para expresar sus ideas y sentimientos. En el caso de Mendieta combinado con una investigación sobre los límites del concepto de género, como en la mencionada obra en que aplicó a su rostro el bigote y la barba de su amigo, un típico atributo masculino.

    La cuestión de género siguió siendo central en las obras que Mendieta realizó mientras estudiaba en la Universidad de Iowa. En 1973 fue conmovida por un caso de violación y asesinato de una estudiante en el campus de la Universidad. Su identificación con la víctima resultó en la performance Escena de violación, la que realizó en su propio apartamento de la calle Moffitt. Los espectadores fueron amigos y compañeros de estudio, a los que invitaba a visitarla a una hora determinada. Los visitantes encontraban la puerta entreabierta y el apartamento en semipenumbra. Recostada boca abajo sobre una mesa, y atada, Mendieta había manchado su cuerpo semidesnudo con sangre. Objetos rotos, y manchados de sangre, dispersos por el suelo, completaban la escena. Otra obra relacionada con la violencia de género, también de 1973, fue Gente mirando sangre, Moffitt. Mendieta arregló una escena con sangre saliendo de debajo de la puerta de una casa particular de la calle Moffitt. Sentada en un auto, fotografió a los transeúntes que pasaban por el lugar, la mayoría de los cuales aparentemente no reaccionaban ante lo que veían.

    La primera obra en la que la sangre jugó un papel central había sido la performance Pollo muerto (1972), en la que Mendieta desnuda sostenía por las patas un pollo recién decapitado a la altura de su pubis. Debido a los movimientos espasmódicos del ave, el cuerpo de la artista era salpicado por la sangre. Esta obra – como otras que Mendieta realizaría poco después – puede relacionarse con rituales religiosos de origen africano, la Santería cubana. En dichos ritos la sangre es un poderoso elemento de iniciación y curación. Pollo muerto tiene relación directa con una performance del mismo nombre que Kaprow había realizado durante los años 60, con un pollo muerto colgado del cuello, aunque él estaba vestido y el ave no había sido decapitada. Otra referencia son las performances de los accionistas vieneses Hermann Nitsch y Gunter Brus – con los que Breder tenía contacto – en las que los artistas eran cubiertos por vísceras de animales recién sacrificados, cuya sangre embebía las ropas blancas con que los participantes estaban vestidos.

    El tema de la sangre reapareció en la performance filmada Sudando sangre (1973), en la que el sudor es reemplazado por sangre, que poco a poco comienza a surgir de la frente de la artista, y termina chorreando por sus mejillas. Una clara reminiscencia a la pasión de Cristo. Otra performance filmada en el que la sangre es muy importante es Huellas corporales (1974), en la que la artista embebió sus brazos y su pecho en sangre, antes de apoyarse contra una pared y hacer un movimiento descendente, dejando así la huella de su cuerpo. En este caso es inevitable referirse al antecedente de Yves Klein, quién hacia 1960 orquestó sus Antropometrías, con modelos desnudas que apoyaban sus cuerpos pintados de azul sobre telas, las que luego eran montadas como cuadros.

De la serie Siluetas

 Huellas del cuerpo

Luego de haber tenido una posición cercana a las corrientes del feminismo radical, Mendieta comenzó a dar mayor importancia a la espiritualidad derivada de sus raíces culturales, tanto de Cuba como de otras zonas de América Latina. Mostró fascinación por lo sagrado. Sus obras comenzaron a tomar forma de actos rituales relacionados a mitos, y a la idea de un ciclo de vida, muerte y resurrección. En 1974 realizó la performance Sangre y plumas, en la que junto a la ribera de un río embadurnó su cuerpo de sangre y luego lo cubrió de plumas. Otra obra con un tema similar fue Pájaro corriendo, en la que la artista corría cubierta de sangre y plumas a lo largo de una playa.

    La artista, a través de su cuerpo, muestra una comunión con la naturaleza, y se acerca a las expresiones de las religiones animistas, con ritos relacionados a los animales, la vegetación y los elementos. También comenzó a usar en sus obras pigmentos, flores, piedras y hasta fuego, arreglando los elementos como en un altar, lugar de culto y sacrificio. Ya en 1973 comenzó a realizar obras relacionadas a la idea de su pertenencia a la naturaleza, ya sea con su cuerpo presente, o con las huellas que el mismo iba dejando en distintos entornos. Una forma simbólica de retornar su cuerpo a la tierra. Así surgió la serie Siluetas, con la que siguió trabajando hasta 1980, compuesta por los trabajos más conocidos de Mendieta. También realizó la serie Árbol de la vida, paralela en el tiempo, en la que se ve a la artista mimetizada con árboles.

    Un hecho que se suele relacionar con esta reorientación de su obra en 1973 es el primer viaje que realizó a México con la clase del profesor Breder en el verano de ese año. Allí fue impactada por la cultura católica y los misterios de los restos arqueológicos. Durante este viaje creó una de las primeras de sus siluetas, Imagen de Yagul, en la que acostada en una tumba precolombina – que había sido excavada recientemente – cubrió su cuerpo de flores blancas. Durante los años siguientes hizo varios viajes a México, el que se convirtió en una patria de reemplazo para Mendieta, ya que estaba imposibilitada – debido a las restricciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos – de viajar a su Cuba natal. Sin duda que las experiencias mexicanas reforzaron el sentimiento de identidad étnica de la artista, su pertenencia a la esfera cultural latinoamericana, y por extensión a la comunidad hispana de Estados Unidos.

    Mendieta realizó un gran número de siluetas, con variedad de formas y materiales. En algunos casos su cuerpo formaba parte de la obra, envuelto o cubierto con tierra, piedras o arena. En otras siluetas la artista dejó solamente la huella de la forma de su cuerpo. Algunas siluetas fueron coloreadas con pigmento rojo, lo que puede ser asociado con los mencionados ritos y sacrificios. Otras de las siluetas fueron cubiertas con agua, flores, sangre, o con materiales combustibles, a los que la artista prendía fuego.

    Algunos de los trabajos relacionados a las siluetas fueron filmados, tomando carácter de performance. En Corazón con sangre (1975) la artista colocó en una cavidad con la forma de su cuerpo el corazón de un animal, lo cubrió de pigmento rojo, y se acostó en la silueta cubriéndola con su cuerpo desnudo. En Alma silueta de fuego (1975) Mendieta rellenó la silueta con tela blanca, a la que prendió fuego, registrando el proceso hasta que sólo quedaron las huellas de la ceniza. En Ánima, silueta de cohetes (1976) la silueta fue formada con una armazón de bambú en forma de cuerpo, con el agregado de fuegos artificiales, los que al ser prendidos iluminaban momentáneamente la escena nocturna hasta que volvía a reinar la oscuridad.

Nueva York – México – Cuba

A partir de 1976 Mendieta comenzó a viajar regularmente a Nueva York, donde se relacionó con varios de los artistas que había conocido por medio de Breder en la Universidad en Iowa. Entre sus amigos y mentores se contarían los ya nombrados Acconci, Kaprow y Schneemann, la feminista Lucy Lippard, y los minimalistas Sol LeWitt y Carl Andre. Ayudada por sus contactos comenzó a exponer en espacios alternativos. También se relacionó con artistas cubanos, tanto con los exilados en Estados Unidos, como con los que eran activos en la isla.

    En 1977 obtuvo el Master de la carrera de Intermedia, y al año siguiente se radicó en Nueva York. Poco después se relacionó con el grupo de feministas que dirigían la A.I.R. Gallery, lo que le dio un contexto interesante a Mendieta. Las feministas veían en su obra elementos relacionados a arquetipos universales, como la pertenencia de la mujer a la tierra, y otros temas relacionados a mitos y leyendas. En un panel de discusión organizado por la mencionada galería a fines de 1979 Mendieta conoció a Carl Andre. Ambos iniciaron una relación sentimental, y luego se casaron.

    Durante esos años Mendieta continuó viajando regularmente a México, a la vez que su interés por visitar Cuba era cada vez mayor. El encuentro con miembros de la comunidad de cubanos residentes en Estados Unidos resultó en que éstos se interesaran por la idea. Finalmente la artista pudo visitar su país natal en 1980, como parte de un viaje de intercambio cultural organizado por una asociación cubana de Nueva York. Durante los próximos cuatro años realizó siete viajes a Cuba. En esa época – a partir de 1980 – trabajó en una serie que llamó Esculturas rupestres. Este nuevo tipo de obras, realizadas en Cuba, fueron de carácter más permanente que las performances e instalaciones. Realizadas en piedra caliza, la que era excavada y pintada, las figuras recuerdan figuras prehistóricas relacionadas a ritos de fertilidad, el tipo de Venus de piedra con enormes pechos y caderas encontradas en distintas zonas de Europa central. También realizó obras afines de carácter perecedero, por ejemplo figuras de arena en playas de Cuba.

    Realizó obras de piedra caliza y cemento también en Estados Unidos, por ejemplo Maroya (Luna) (1982) – creada para el jardín de una residencia privada en Miami, y luego desmontada y mostrada en exposiciones. La figura tiene una cavidad central, en forma de vagina, que era rellenada con pólvora, a la que se prendía fuego en noches de luna llena.

    Mendieta comenzó a utilizar en sus esculturas materiales como raíces y troncos. En 1983-84 realizó una serie de esculturas de tierra, y poco después, en 1984-85, trabajó con troncos de mayor formato, con figuras quemadas sobre la superficie barnizada, en la serie Totem Grove. También realizó dibujos sobre cortezas y hojas de distinto tipo.

Caída fatal

En 1985 Mendieta y Andre vivían en Nueva York, en un edificio del Greenwich Village. Una noche de setiembre de 1985 la artista cayó al vacío desde una ventana del apartamento de la pareja, ubicado en el piso 34. Las circunstancias del hecho – Andre también se encontraba en el apartamento en ese momento – causaron un gran impacto en los círculos artísticos de Estados Unidos. Andre fue detenido como sospechoso de haber causado la muerte de su esposa, pero fue liberado de cargos luego de la finalización de un largo juicio. La prematura muerte de Mendieta a los 37 años, y las circunstancias que la rodearon, agregó a su figura una dimensión trágica que, sumada a otros aspectos de su polifacética personalidad, reafirmó su posición de icono de la posmodernidad.

La Pupila, No. 1, Abril 2008, Montevideo, Uruguay.

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