Los objetos cotidianos se convierten en artísticos. Cuatro artistas exponen en Centro Cultural Marte

Pedro da Cruz

En la sala de exposiciones del Centro Cultural Marte (Colón 1470) se pueden ver obras de cuatro creadores que reflexionan sobre el uso del objeto en el mundo contemporáneo.

Los trabajos fueron realizados durante un periodo de tres meses en el marco de un “laboratorio” dirigido por Federico Arnaud, artista visual cuyo principal medio de expresión es la escultura, en algunos casos en forma de instalaciones. El resultado de la reflexión sobre el carácter y el uso de los objetos demuestra un interés por darle otras dimensiones a lo cotidiano.

    Los expositores, aun partiendo de las mismas premisas generales, tienen distintas formas de acercarse a la problemática de la naturaleza y las posibilidades de expresión del objeto, lo que en parte puede ser resultado de sus experiencias anteriores, así como de la llegada desde distintas áreas de interés y conocimiento.

    Fabiana Blanco muestra el objeto titulado Soledad explosiva, basado en una garrafa oxidada cortada de forma que simula el resultado de una explosión. Vista de cierta distancia la obra podría ser considerada la descripción realista de un accidente, pero lo sorprendente es que contiene una escena hogareña formada por pequeños muebles de madera y prendas de vestir de cerámica. La ausencia de figuras humanas puede deberse a que desaparecieron a causa de la explosión, aunque no debe descartarse la posibilidad de que la explosión es simbólica, resultado de un drama existencial.

    Francisco Pieri, profesor de matemáticas, exhibe un objeto de madera que tituló Escalera. Utilizó partes de diferentes muebles, como puertas, camas y mesas de luz, para construir una estructura escalonada en forma de espiral. El material no fue pulido, y los escalones son de diferente tamaño, lo que diferencia el objeto de una escalera funcional. La estructura se va afinando con la altura, una suerte de movimiento de ascensión, un efecto que es reforzado con la colocación de un espejo sobre el objeto en el techo de la sala.

    Valeria Piriz, que se dedica fundamentalmente a la escultura, muestra una instalación sin título compuesta por objetos semitransparentes construidos con cinta adhesiva: una pileta, un balde, un lampazo, dos perchas, un taburete y un cinturón. El método de trabajo es totalmente inusual. El objeto elegido es envuelto con varias capas de cinta adhesiva que luego son cortadas, para ser unidas nuevamente luego de que el objeto es retirado. El resultado es un espacio vacío contenido por las dos capas de cinta, una suerte de reminiscencia del objeto original, que no está presente físicamente pero es evocado en su forma.

    Juan Pablo Rodríguez es arquitecto, y su obra La caída del olvido está inspirada  en el viaje de arquitectura de la generación 95. La instalación consta de dos partes. Al pie de una pared se acumulan una serie de objetos relacionados al viaje recreados de memoria, primero modelados en barro y luego vaciados en cemento, entre otros un mate, un termo y una cámara de fotos. Sobre la misma pared son proyectadas imágenes de viejas diapositivas que han sido atacadas por la humedad, por lo que los motivos no son reconocibles y han quedado reducidos a manchas no figurativas. La instalación plantea una tensión entre la recreación de los objetos y la sucesiva pérdida de los recuerdos. 

REFLEXIONES. En un texto de presentación de la exposición, Federico Arnaud escribió: “El objeto aparece en el campo del arte moderno en instancias decisivas: es resignificado por los dadaístas, luego llevado al campo del inconsciente por los surrealistas, apropiado por Duchamp, y por fin intervenido y problematizado en la escena de lo social por el arte pop. Para el arte contemporáneo el objeto es casi una herramienta simbólica para abordar cualquier campo semántico. Por otra parte las que comúnmente llamamos cosas, existen a pesar de nosotros y son el vestigio tangible y material de nuestra cultura. La modernidad y el desarrollo tecnológico tienden a separar al sujeto del objeto, al punto que nuestra relación con las cosas es casi exclusivamente de uso y de consumo… Por último estos elementos aparecen asociados indefectiblemente al campo de lo real y sin embargo parecen existir, adquirir sentido, solo en el momento en que son vivenciados, cargados de subjetividad.”

El País. 9 de agosto de 2010, Montevideo, Uruguay.

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