La pintura de Marcelo Legrand. Tensiones dinámicas

Pedro da Cruz

Nos reunimos en el taller de Marcelo Legrand, ubicado en medio del tupido parque de una vieja quinta montevideana. El artista se mueve entre las telas, elige qué mostrar, busca en los estantes cargados, abre carpetas con dibujos, y habla. Sobre sus estudios, su familia, sobre técnicas y materiales. Y explica, moviendo todo el cuerpo, cómo construye los espacios de sus obras de gran formato.

Marcelo Legrand siempre ha dibujado, lo lleva en los genes. Como la música. Su abuelo Diego Legrand era biólogo y crítico de arte. Dibujaba herbarios, de gran detallismo realista, lo que, junto al interés por el arte, inspiró al niño que sería artista. Su padre, también Diego, es músico y compositor. Ha escrito partituras muy abstractas, grupos de notas espaciados por líneas diagonales que cortan el pentagrama. Su hijo las conserva. A la vez que las muestra, mira sus cuadros, como estableciendo un diálogo musical sobreentendido.

Legrand habla muy cálidamente de Héctor Sgarbi, lo considera su único maestro. Con él estudió dibujo y pintura en el Círculo de Bellas Artes de Montevideo, y le siguió mostrando sus obras aun después de dejar el taller en 1981. Con Sgarbi había trabajado el color. Pero luego, durante aproximadamente una década, empleó exclusivamente el grafito, con un tratamiento cercano a la gráfica, técnica que también empezó a practicar durante esos años. Experimentó con los materiales sin ceñirse a métodos tradicionales. Por ejemplo, machacaba el grafito con martillo y lo mezclaba con témpera: así, el polvo quedaba en suspensión sin mezclarse con el medio. El uso desprejuiciado de los materiales, sin atenerse a reglas, incluso utilizándolos conscientemente “mal” desde el punto de vista técnico, va a ser una constante de su arte.

En 1986 realizó una serie de retratos, personajes que en un principio son realistas; la mayoría de ellos, hombres con anteojos. Luego las figuras van deformándose, y los rasgos comienzan a confundirse, un torbellino de formas que recuerdan los peculiares retratos de Francis Bacon. Cuando Legrand estudió en Italia le señalaron esa relación. Pero lo curioso es que Legrand no conocía la obra de Bacon. Poco después produjo una serie de grafitos con líneas rectas, como líneas de fuerzas, combinadas con formas circulares. Trabajando con ella abandonó la figuración, y fue definiendo una forma de expresión exclusivamente no figurativa, similar a lo que en general se denomina “arte abstracto”. Pero es algo diferente, ya que el concepto de “abstracto” está relacionado con la simplificación de elementos figurativos que derivan en formas informales o geométricas no reconocibles. A comienzos de los años noventa, durante una estadía en Venezuela, retomó el color aunque de manera más expresiva que diez años atrás. Tal vez – reflexiona el artista – la exuberancia del entorno tropical lo influenció.

Sobre técnicas, materiales y colores

Desde un comienzo, Legrand parece haber tenido una relación de carácter personal con el dibujo. Lo usó como una herramienta para experimentar formas y soluciones plásticas. La tensión entre un tratamiento de grandes planos y espacios sugeridos por formas y líneas va a ser uno de los elementos característicos de su obra, en especial de la pintura que ha realizado durante los últimos años.

En sus trabajos recientes – aun en los de gran formato – usa un papel especial, el llamado “papel vegetal”, que se fabrica cerca de Lyon. Legrand ha ido desarrollando técnicas propias. Una de ellas se basa en el uso del calor. A temperaturas altas, las tintas adquieren una densidad profunda, casi misteriosa. En otras de las obras sobre papel, el artista no usa tintas, sino que prepara un fondo al que aplica una herramienta caliente. El resultado es un entramado de líneas en un tono cercano al soporte, con un efecto casi monocromo, de blanco sobre blanco.

La composición de las pinturas está basada en contrastes, en la tensión entre formas geométricas y manchas, líneas rectas y quebradas, colores y tonos. Colores que pueden ser muy aguados, casi transparentes, o compactos. Las líneas marcan direcciones en el espacio, o se pierden en sinuosidades hasta desaparecer. Formas de carácter geométrico, estudiadas, aparecen junto a manchas, colores chorreados o salpicados. En un principio las pinturas pueden aparentar ser casi monocromas, con predominio de una entonada paleta de ocres, tierras, grises y negros. Pero hay detalles en rojos o azules, a veces sólo entrevistos, cubiertos por formas oscuras y compactas. Las superficies muestran distintas texturas: craquelados, lacas, partículas agregadas al color, líneas en óleo pastoso, casi corpóreas. La variedad es infinita. Los colores son usados para influir sobre otras formas, para crear relaciones espaciales, atraer formas hacia un primer plano, o llevarlas hacia atrás en el espacio pictórico. La pintura de Legrand es un fenómeno de reacciones.

Durante nuestra conversación, Legrand se detiene en el proceso de trabajo con sus pinturas. La tela, sin color de fondo, es para él un espacio en el que formas y líneas quedan suspendidas. Las líneas tienen gran importancia, ya que conectan distintos elementos entre sí. También los puntos. La composición se va armando como una interrelación donde la línea y el color dinamizan el conjunto. Para ejemplificar elige Hálito, una obra reciente, debido a que es una de las que “más le gustan”. Una forma geométrica oscura parece retroceder en el espacio pictórico, pero por medio de delgadas líneas que configuran un prisma, avanza a su vez hacia el primer plano. Está “plantada” en una zona con pinceladas blancas, que al ser semitransparentes se ven como “cuando pisás agua con barro”. En otro lugar, una forma alargada, marrón, tiene en su extremo un triangulo, una abertura, como un escape, y de ella se desprenden líneas que son como “escupitajos”. A pesar de que el resultado es no figurativo, las referencias del artista son muy concretas, relacionadas a lo cotidiano. Varios colores mezclados de forma arbitraria son luego “ordenados” por una geometría lineal. Todo está relacionado, hay una tensión constante entre los elementos. Las claves de Hálito pueden servir como fuente para interpretar obras como Flotantes con contrapeso y Destilación.

El proceso de trabajo es acumulativo. Se basa en la reflexión y la construcción. Los componentes se van sumando en un periodo más largo que el de un trazo impulsivo. Todo lo que ocurre en el espacio del cuadro está estudiado. Así, Legrand ha estado trabajando durante seis años en una de sus obras. Sus gestos, cuando muestra la enorme tela, son significativos.

Ve muchas posibilidades, nuevas temáticas interesantes, renovadas fuentes de inspiración en nuestro tiempo, desde la fusión atómica a la nanotecnología. Ironiza sobre los reiterados anuncios de la muerte de la pintura. Dice que cuanto más se hable de ello, mejor para él. Legrand construye a su manera.

Todavía, No. 18, Abril 2008, Buenos Aires, Argentina.

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