La obra de Iberê Camargo. Tras la modernidad

Pedro da Cruz

 

Iberê Camargo (1914-1994) fue una de las figuras más significativas del modernismo en Brasil. Ya en los comienzos de su carrera artística manifestó una vocación expresionista, una tendencia cercana a lo nofigurativo que cultivaría durante muchos años. Lo sorprendente es que Camargo, después de haber sido calificado como un maestro modernista, dio un giro a su obra que lo ubicó en un nuevo contexto. La aparición en sus pinturas de elementos figurativos – especialmente la figura humana – tratados de forma muy espontánea y con preferencia por la línea lo acercó a la pintura contemporánea de los años ochenta. Camargo escapó así de un encasillamiento involuntario y se embarcó, conciente o inconcientemente, en una aventura posmoderna.   

Nació en Restinga Seca, en Río Grande del Sur, en 1914. Debido a que sus padres eran empleados ferroviarios, su infancia transcurrió en pequeñas localidades del interior del estado: Erechim, Boca do Monte, Cacequi y Jaguari. En la adolescencia comenzó a estudiar pintura en la Escuela de Artes y Oficios de Santa María. En 1936, con 23 años, se mudó para Porto Alegre, y tres años más tarde se casó con Maria Coussirat. En 1942 recibió una beca de estudios y se mudó a Río de Janeiro, ciudad en la que viviría durante cuarenta años.

Las obras realizadas por Camargo a comienzos de la década de 1940 son paisajes de lugares que recordaba de su infancia, como Jaguari y Boca do Monte. Pintó los ríos y la vegetación, sin ninguna presencia humana. No son paisajes realistas, domina el rasgo expresionista en la forma y el color, como en ‘Paisaje’ y ‘Soledad’, ambos de 1941. Camargo se sentía vinculado a la naturaleza y en sus pinturas expresó una sensación de soledad. Ese sentimiento de aislamiento lo mantuvo incluso en el entorno urbano de Porto Alegre y Río de Janeiro, donde produjo la mayor parte de su obra. Su taller fue el refugio en el que desarrolló su trabajo pictórico.

En 1948, Camargo y su esposa, María, viajaron a Europa, donde permanecieron dos años y medio. En Roma estudió pintura con Giorgio de Chirico, y también estudió grabado. Luego de recorrer España, Holanda, Inglaterra y Portugal, se radicó en 1949 en París, donde frecuentó la academia de pintura de André Lhote. En el Louvre copió obras de grandes maestros de distintas épocas. Luego de una nueva estadía en Roma retornó a Brasil a fines de 1950.

Durante la década del cincuenta, el motivo principal de la pintura de Camargo fueron las naturalezas muertas. Objetos cotidianos, jarras, botellas, alguna fruta, alineados sobre una mesa. En obras como ‘Botellas’ (1957) y ‘Objetos’ (1958) es evidente la reminiscencia de la pintura de Giorgio Morandi, quién estuvo relacionado con la “pintura metafísica” de De Chirico y Carrá. 

Pájaro, 1971

Carreteles y núcleos

En las naturalezas muertas de fines de los cincuenta y comienzo de los sesenta apareció un motivo que posteriormente predominó en las obras de Camargo de esa época: el carretel. Primero como un elemento más en las naturalezas muertas con jarras y botellas. Después el carretel se convirtió en el único motivo, ya sea en líneas regulares o apilados sobre una mesa, como en ‘Mesa azul con carreteles’ y ‘Mesa con cinco carreteles’, ambos de 1959. Luego aparecieron carreteles superpuestos y desfigurados, ocupando toda la superficie de la obra. Los conjuntos se tornaron inestables, como en un desequilibro perpetuo. El carretel fue una excusa para experimentar con distintas soluciones formales, ya que fueron tomando forma de distintos elementos geométricos alejados de la forma original. La concentración de Camargo en este motivo ha sido interpretada como la expresión de un artista solitario, proveniente del interior del país, recogido en su taller.

Las formas de los carreteles se fueron disolviendo hasta ser manchas pastosas, la materia del óleo va tomando cada vez más importancia, se vuelve corpórea. Obras como ‘Estructura’ (1961), ‘Fila de carreteles’ (1961) y ‘Movimiento’ (1962) muestran cierta afinidad con la pintura informalista que era practicada en Francia por Jean Bazaine, Alfred Manessier y Nicolas de Staël. El desarrollo de esta tendencia continuó durante toda la década de 1960. La materia predomina en una pintura de tipo expresionista, no figurativa, con ciertas formas que actúan como núcleos y que van generando otras formas. Hay un proceso continuo de formación y disgregación que revela una intensa actividad física del artista. Obras como ‘Núcleo en expansión’ y ‘Espacio con figura’, ambas de 1965, revelan la forma de trabajar de Camargo: aplicación de la materia, raspado, mezcla de colores en la tela, nuevo empastado y raspado, y así sucesivamente. El ejercicio plástico es una forma de exasperación.

Algunas figuras comenzaron a reaparecer en las pinturas de los setenta. En obras como ‘Pájaro’ (1971) y ‘Vórtice’ (1973), se ven figuras indefinidas, con marcados contornos y una fuerte expresión por medio del color, que auguran un lento retorno a la figuración, plenamente vigente en la obra de Camargo a partir de comienzos de los ochenta, esta vez en telas de gran formato.

En la década de 1970 Camargo ya era reconocido como uno de los artistas modernistas más influyentes de Brasil. Sus obras eran continuamente expuestas en los principales museos y galerías, tanto de Brasil como de Europa y Estados Unidos. Paralelamente a la creación pictórica desarrolló una actividad muy importante como grabador, siendo durante muchos años profesor de dicha técnica. Participó en innumerables bienales de gráfica y recibió gran cantidad de premios y distinciones.

Diversos acontecimientos durante los años ochenta provocaron cambios en la vida y obra del maestro brasileño. En diciembre de 1980, al ser agredido en la calle, mató al agresor con un arma de fuego, lo que le afectó profundamente. Luego de ser juzgado, fue absuelto porque se le tipificó defensa propia. Como consecuencia de esos hechos, dos años más tarde Camargo y su esposa dejaron Río de Janeiro y se radicaron en Porto Alegre: un regreso a su estado natal, del que había estado ausente durante muchos años.

Fantasmagoría IV, 1987

Autorretratos y ciclistas

El retorno a la figuración se manifestó por medio de la aparición de la figura humana como motivo principal en la pintura de Camargo. Una gran parte de las obras de la primera mitad de la década de 1980 muestran rostros y figuras humanas dibujadas con líneas que se destacan sobre fondos de carácter neutro. Algunas de dichas obras son autorretratos, como ‘Autorretrato’ y ‘Yo’ (ambas de 1984), pero no son de una figuración realista, sino que muestran la tendencia de Camargo hacia una forma expresionista de manifestarse. Otras obras no son autorretratos explícitos, pero las figuras y su contexto permiten conectarlas con la experiencia personal del artista. Ejemplo de ello son ‘Hora V’ (1983) e ‘Imágenes’ y ‘Grito’ (ambas de 1984).

    La variación en el tratamiento de forma y color da una nueva actualidad a la obra que Camargo creó en la última década de su carrera, ya con más de 70 años. Dicha obra puede ser relacionada en el contexto internacional con obras de sus contemporáneos alemanes, artistas como Georg Baselitz, Jörg Immendorff o A. R. Penck, los llamados neoexpresionistas. El paralelo es sorprendente en una serie de obras, con el título común de ‘Fantasmagorías’, que el artista brasileño pintó en 1987. Camargo pasó entonces de la modernidad a la posmodernidad.

    Así como unas décadas antes su obra giró en torno del motivo del carretel, el entorno urbano de Porto Alegre, especialmente el del Parque da Redençao, inspiró al artista en la elección de un nuevo motivo central para sus obras: los ciclistas. Solos o en grupos, aparentemente desnudos, los ciclistas no son realistas, sino figuras que permiten un tratamiento expresionista del color y de la línea, a veces con contornos muy marcados. Toda una serie, con los títulos comunes de ‘Ciclista’ y ‘Ciclistas’, fue pintada por Camargo entre 1989 y 1992.  

    Paralelamente, pintó otras dos series de obras relacionadas entre sí en la elección y tratamiento de los motivos. En una de las series las obras son tituladas La idiota o Los idiotas, mientras que en la otra tienen el título común de ‘Todo es falso e inútil’. En general son figuras solas, sentadas, inmóviles, como en una espera sin esperanza. En la mayoría de los casos Camargo completó la composición con una bicicleta, posiblemente para establecer un contraste entre la inmovilidad de las figuras y la posibilidad de movimiento y traslado.

    El motivo de ‘En el viento y la tierra I’ (1991) y ‘En el viento y la tierra II’ (1992) es un hombre desnudo, acostado sobre la tierra, con una bicicleta a su lado. Es como una vuelta a los orígenes, el fin de un viaje existencial, un último acto. Es posible que la figura sea expresión de elementos autobiográficos, un autorretrato no explícito. La figura está sola, una soledad similar a la de los primeros paisajes de Camargo. ‘Soledad’ es precisamente el título de su última obra, la que quedó inconclusa a la muerte del artista, en 1994.

El Museo Camargo en Porto Alegre

Cuando finalice el presente mes de mayo, el Museo Camargo de Porto Alegre habrá abierto sus puertas al público, que podrá recorrer sus más de ocho mil metros cuadrados en donde arte y tecnología se conjugan de manera asombrosa. Así, la Fundación Camargo – fundada un año después de la muerte del artista – habrá logrado cristalizar su gran objetivo: contar con un gran museo en donde se conserve y divulgue el acervo del pintor gaúcho Iberê Camargo. También, se habrá alcanzado la no menos importante finalidad de realizar exposiciones de arte moderno y contemporáneo, a la vez de ser un lugar de debate e investigación. Con seguridad, este museo que cuenta con lo más avanzado en materia tecnológica se convertirá en una referencia para la actividad artística de Brasil y la región.

    El museo, que comenzó a ser construido en julio de 2003 en un área lindera a la Avenida Padre Cacique, cuenta con un nivel de acceso, tres pisos superiores y un subsuelo. La planta de acceso – donde se ubican la cafetería, el guardarropa y la tienda del museo – se abre a un gran atrio interior desde el que se tiene una visión de conjunto de los pisos superiores, en los que se sitúan nueve salas de exposiciones.

    Estas plantas elevadas están unidas por rampas que dan al edificio un perfil característico y una circulación similar a la del Museo Guggenheim de Nueva York: el público comienza la visita en el piso superior y va descendiendo por las rampas. La diferencia estriba en que las rampas son sólo áreas de circulación, separadas del atrio principal, con pequeñas aberturas por las que se ven hermosas vistas de Porto Alegre y el lago Guaíba.

    El subsuelo comprende un gabinete para la colección de grabados de Camargo, auditorio para cien personas, centro de referencia con biblioteca y videoteca, salas para cursos, estacionamiento y locales para los servicios técnicos.

    Una vez inaugurado, el edificio será un referente internacional en soluciones arquitectónicas y de ingeniería, ya que se han usado las técnicas más avanzadas, en colaboración con distintas empresas que quieren probar y mostrar sus productos. La estructura fue totalmente construida en hormigón blanco (ejemplo único en Brasil), material que no requiere ningún tipo de pintura o acabado. Los sistemas de electricidad y ventilación son ‘inteligentes’ (por ejemplo producen hielo de noche, cuando la energía es más barata, y refrigeran el edificio durante el día), buscando el máximo rendimiento de los recursos.

    Otro aspecto importante de la construcción es la preservación del medio ambiente. El agua de lluvia será utilizada en los servicios, tratada en el lugar y luego usada para regar los espacios verdes. En el predio hay un bosque nativo que será preservado; se construirá un sendero de 200 metros para que los visitantes puedan disfrutar de la naturaleza.  

Los cimientos del proyecto

En 1995, nació en Porto Alegre la Fundación Iberê Camargo con el propósito de preservar y difundir un acervo de más de cuatro mil pinturas, dibujos y grabados. Para ello los integrantes de la nueva institución se propusieron construir un gran espacio para alojar la profusa obra del artista. El proceso fue largo pero dio sus frutos. En 1996, la Alcaldía de Porto Alegre donó a la fundación un terreno a orillas del lago Guaíba, en la zona sur de Porto Alegre. En 1999 el arquitecto portugués Álvaro Siza – con reconocida trayectoria internacional – fue seleccionado para realizar la obra. Siza en 1992 recibió el Premio Pritzker (considerado el Nobel de la arquitectura), y entre otros museos construyó el Serralves en Oporto y el Centro Gallego de Arte Contemporáneo en Santiago de Compostela.

      El proyecto del Museo Camargo tuvo un aliciente muy importante al ser premiado con el León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia, en su edición 2002. Además, el año pasado, cuando la obra estaba casi terminada, el arquitecto portugués recibió la Orden del Mérito Cultural del Ministerio de Cultura de Brasil.

 

Dossier, No. 8, Mayo-Junio 2008, Montevideo, Uruguay.

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