El pintor francés Paul Gauguin (1848-1903). En busca del paraíso perdido

Pedro da Cruz

Como en el caso de otros artistas cuyas obras han sido analizadas desde numerosos puntos de vista durante varias décadas, y cíclicamente son revisadas por académicos y curadores que intentan aportar nuevos elementos sobre ellas, la vida y obra de Paul Gauguin (1848-1903). Ahora conforman el hilo conductor de la exposición “Gauguin: Maker of Myth” (Constructor de mitos), organizada por la Tate Modern de Londres en colaboración con la National Gallery de Washington D.C, con catálogo impreso de la Princeton University Press.

    La tesis principal de la curadora Belinda Thomson está basada en la revelación de las “estrategias narrativas” utilizadas por Gauguin para darle un carácter mítico a su personalidad y papel de creador. El análisis e interpretación de la tarea de autopromoción del artista, desarrollada según Thomson de forma sistemática a lo largo de décadas, sería fundamental para comprender el desarrollo del arte de Gauguin, tanto la elección de motivos, como la búsqueda de nuevos entornos geográficos.

    Gauguin ha sido generalmente caracterizado como una de las figuras descollantes del grupo de artistas llamados posimpresionistas, y su obra como precursora del modernismo de principios del siglo XX. Entre otros elementos por la visión no realista de la naturaleza, la liberación del color, y la inclusión de la energía y la expresividad del arte llamado “primitivo”. Según una visión contemporánea aportada, entre otras disciplinas, por los estudios poscoloniales, a Gauguin también se lo puede enmarcar en el contexto de la historia del colonialismo occidental y los intercambios culturales, e incluso del actual turismo global. Razones por las que Thomson entiende que el artista y su obra tienen aún mucho por aportar a la cultura de comienzos del siglo XXI.

Visión del sermón (Jacob luchando con el Ángel), 1888

 EL INCA EUROPEO. Gauguin nació en París, como segundo hijo del periodista Pierre Guillaume Clovis Gauguin y Aline Marie Chazal, hija de la escritora y activista política de ascendencia peruana Flora Tristan, pionera de los movimientos feministas contemporáneos. Empujados al exilio a causa de la Revolución de 1848, la familia viajó a Perú, donde fueron acogidos por familiares. Gauguin vivió en Lima los primeros cinco años de su vida, un hecho que, sumado a su ascendencia peruana, años más tarde le serviría para definirse como un “salvaje”, lo que explicaría la orientación de su arte y su modo de vida no convencional.

    Pero el camino de Gauguin para lograr una vida libre de las imposiciones de la sociedad burguesa sería largo. Luego de estudiar en Orleáns y París, en 1865 se enroló en la marina mercante, y luego hizo el servicio militar en la Armada Francesa. En 1872 dejó la marina para comenzar una carrera como corredor de bolsa, y al año siguiente se casó con la danesa Mette-Sophie Gad. Es esta época se convirtió en un “pintor de domingo”, y gracias a cierta bonanza económica comenzó a coleccionar obras de arte contemporáneo, entre otros de Camille Pisarro. Éste fue luego su maestro de pintura y el nexo con las vanguardias artísticas, que resultó en que participara en cuatro de las exposiciones anuales (1879-82) organizadas por los impresionistas.

    La doble vida llevada por Gauguin, que oscilaba entre la respetabilidad social y la vida de la bohemia artística, tuvo un abrupto final en 1882 con el quiebre de la bolsa de valores, que lo impulsó a tomar la decisión de dedicarse exclusivamente a la pintura. La caída del estatus social y económico de la familia llevó a que en 1884 Mette-Sophie Gad decidiese retornar a Dinamarca con los hijos del matrimonio: una niña (Aline) y cuatro varones (Emil, Clovis, Jean-René y Paul Rollon). Gauguin se reunió con su familia en Copenhague, pero a los pocos meses regresó a París con su hijo Clovis.

    Entonces Gauguin comenzó a proyectar la construcción de su imagen de artista no convencional y cuestionador de las costumbres a un entorno receptivo, que funcionaría como caja de resonancia y reproductor de los mitos personales del pintor. 

BRETAÑA Y EL TRÓPICO. En el verano de 1886 Gauguin viajó a la pequeña localidad bretona de Pont-Aven, donde se integró a una comunidad de artistas, entre los que se contaba Charles Laval. Impulsado a viajar a Bretaña por razones económicas, ya que la vida allí era más barata que en París, Gauguin fue rápidamente cautivado por el pintoresco paisaje y las arraigadas tradiciones populares.

    De regreso en París, decidió viajar a Panamá para vivir allí como un “nativo”. En 1887 Gauguin y Laval se embarcaron, y luego del arribo trabajaron en la construcción del Canal de Panamá para poder pagarse el pasaje a Martinica, destino final del viaje. Durante los cuatro meses que Gauguin estuvo en la isla francesa se enfermó de disentería y malaria, a pesar de lo que pudo pintar una serie de obras que son consideradas ejemplos de un cambio radical de orientación.

    Hasta entonces el estilo de Gauguin era impresionista, el que abandonó para practicar una pintura de carácter planista, con un tratamiento no realista del color, y formas definidas por marcados contornos. El cambio no fue solamente un hecho plástico, sino que estuvo íntimamente relacionado con el comienzo de la construcción de una nueva imagen, la del artista “salvaje”, que Gauguin iba a desarrollar de ahí en más. En carta dirigida a su esposa escribió: “Debes recordar que tengo una naturaleza dual, la del indio y la del sensible hombre civilizado. El último ha desaparecido, lo que permite al primero tomar la delantera.”

    Las obras pintadas por Gauguin en Martinica son paisajes ideales, con rojos y verdes brillantes, con contadas figuras humanas, una imagen del estado original de la naturaleza que concordaba con la creación de los mitos personales del artista. La realidad era bastante diferente, ya que en la colonia francesa se había producido una mezcla racial, expresada en el sincretismo entre el francés y lenguas africanas del idioma popular, el créole, y de una población con un importante componente de descendientes de esclavos africanos, así como de trabajadores llegados de China e India.

Autorretrato con paleta, 1891

 CRISTO SUFRIENTE. Luego de su regreso a Francia, Gauguin volvió a Pont-Aven a comienzos de 1888. Allí se convirtió en la figura principal de un grupo de artistas, entre otros Émile Bernard y Paul Sérusier, que sería llamado Escuela de Pont-Aven, corriente caracterizada por un estilo planista y expresivo inspirado en el nuevo estilo de Gauguin. En carta a su colega y amigo Émile Schuffenecker (en cuyo taller trabajaba cuando estaba en París) Gauguin escribió: “Amo Bretaña. Aquí encuentro lo salvaje y lo primitivo.”

    La nueva orientación de Gauguin, tanto estilística como personal, se afirmó en las obras que pintó entre 1888 y 1890, de las que se destacan dos con motivos religiosos: Visión del sermón (Jacob luchando con el ángel) (1888) y Cristo amarillo (1889). En la primera un grupo de mujeres bretonas presencia en compañía de un sacerdote la materialización de una escena bíblica, posiblemente el tema del sermón que había sido leído en la misa precedente. La segunda obra muestra un grupo de mujeres bretonas a los pies de un Cristo crucificado, con rasgos hieráticos que recuerdan el arte popular y primitivo.

    Otro grupo de obras pintadas entonces por Gauguin está compuesto por autorretratos, en los que agrega a su figura significados heroicos y religiosos. En Autorretrato. Los Miserables, (1888) el artista se identifica con el héroe de Los Miserables de Victor Hugo, Jean Valjean, quién fue rechazado por la sociedad debido a un crimen menor. En Autorretrato (1889) Gauguin pintó sobre su cabeza un halo similar al que tradicionalmente se usaba en las figuras de santos, y en Cristo en el Jardín de los Olivos (1889) los rasgos faciales de Cristo son similares a los de Gauguin, recurso que ya había usado en la figura del sacerdote que aparece en la mencionada Visión del sermón. En Autorretrato con Cristo amarillo (1890) el fondo de la obra está compuesto por una parte de Cristo amarillo a la izquierda y un objeto primitivo a la derecha.

    Gauguin también destacó la diferencia de su personalidad en comparación con la de algunos de sus colegas. En octubre de 1888 había viajado a Arles a pedido de Vincent van Gogh, cuyo hermano Theo había comenzado a comprar obras a Gauguin. Durante los dos meses que éste permaneció en la llamada Casa Amarilla la convivencia no fue fácil, y finalizó con el turbulento episodio durante el que van Gogh se cortó parte de una oreja. Al día siguiente Gauguin, luego de un interrogatorio policial, viajó a París, desde donde le escribió a Bernard: “Vincent y yo no coincidimos en casi nada, y especialmente nada en pintura… Él es romántico, mientras que yo me inclino más hacia el estado primitivo.”

Ta Matete (El mercado), 1892

 ARCADIA OCEÁNICA. Cuando Gauguin retornó a Pont-Aven, encontró el lugar desbordado de turistas, por lo que eligió establecerse en el aislado pueblo de Le Pouldu. En ocasión de la Exposición Universal de 1889 en París, para la que se construyó la Torre Eiffel, Gauguin, Bernard y Schuffenecker expusieron obras en el Café Volpini, un local dentro del área de la exposición. Los ambientes exóticos de los pabellones de países lejanos, en los que se construyeron “cuadros vivientes”, reconstrucciones de aldeas en las que nativos de diferentes lugares aparentaban hacer su vida diaria, reavivaron la idea de Gauguin de viajar a lugares alejados de la civilización occidental en busca del idilio tropical. Consideró viajar a lugares tan diversos como Tonkin (hoy en el norte de Vietnam), la isla de Madagascar, y Tahití en Oceanía.

    Luego de viajar a Copenhague a despedirse de Mette-Sophie y sus hijos (sería la última vez que los veía), Gauguin se embarcó en Marsella rumbo a Polinesia. En junio de 1891 llegó a Papeete, capital del archipiélago de Tahití, donde se estableció en el ambiente de la administración francesa del territorio. Inmediatamente se percató de que allí no encontraría el edén con el que soñaba, ya que, a consecuencia del colonialismo francés, la sociedad originaria había cambiado radicalmente. Poco después abandonó Papeete y se estableció en la localidad de Mataiea.

    Gauguin continuaba manteniendo viva la idea de las contrariedades que le provocaba su vocación. En carta a su esposa escribió: “Soy un gran artista, y lo sé. Es por eso que he aguantado tanto sufrimiento.” En su nuevo entorno retomó la vida de artista “salvaje”, y se propuso rescatar los antiguos mitos locales que consideraba podían perderse para siempre. Estudió la antigua mitología local, y realizó bocetos de figuras de ídolos y otros objetos tribales que encontraba en sus recorridas. Un mundo de formas de significado mitológico y mágico que integró a su pintura. 

    Una de las primeras obras que Gauguin pintó en Tahití fue Ia Orana Maria (Ave María, 1891), en la que aplicó la simbología cristiana a la población local. Una mujer lleva a un niño en sus hombros, ambos con halos sobre sus cabezas, mientras que otras dos mujeres unen sus manos como en un rezo frente a un frondoso paisaje tropical. En los años siguientes pintó innumerables obras en las que incluyó figuras de ídolos locales, entre otras Parahi te marae (El lugar del templo, 1892) y Mahana no Atua (Día de Dios, 1894).   

    Ídolos y espíritus aparecen también en una serie de obras en que jóvenes mujeres, con muchas de las cuales convivió, fueron retratadas desnudas, ya sea acostadas en la cama, como en Manao tupapau (El espíritu de la muerte vela, 1892), o rodeadas de vegetación, el caso de Parau na te Varua ino (Palabras del Diablo, 1892).

    El mito de la vida salvaje, alimentado por imágenes que reflejaban una sexualidad permisiva, alcanzó París, donde Gauguin trataba, con diferente éxito, de vender sus obras. Pero las dificultades económicas y de salud se volvieron acuciantes, por lo que en 1893 decidió pedir la repatriación. Durante dos años vivió alternadamente en Bretaña y París, donde le diagnosticaron que sus quebrantos de salud se debían a que había contraído sífilis.

    En 1895 Gauguin regresó a Oceanía. Luego de unos años difíciles en Papeete, donde incluso fue empleado de la administración local, abandonó Tahití en 1901 y se radicó en la localidad de Atuona en Hiva-Oa, una de las lejanas Islas Marquesas. Allí fue incluso enjuiciado por las autoridades por incitar a la población local a no pagar impuestos. Pero, a pesar de las dificultades, continuó pintando obras con motivos relacionadas a las creencias locales, entre otras Cuentos primitivos y El brujo de Hiva-Oa, ambas de 1902. Gauguin falleció en mayo de 1903 a causa de deficiencias cardíacas provocadas por la sífilis. 

ICONO DEL MODERNISMO. Los mitos sobre la personalidad de Gauguin se mantuvieron, e incluso se afianzaron, luego de la muerte del artista. Una de las personas que jugó un importante papel para la trascendencia de la obra que Gauguin realizó durante sus últimos años fue Victor Segalen. Era un médico naval con ambiciones de ser aceptado en los círculos intelectuales de París, que había arribado a Polinesia en enero de 1903. En agosto, tres meses después de la muerte de Gauguin, Segalen arribó a Hiva-Oa, donde ordenó los manuscritos dejados por el artista y recogió testimonios de las personas que habían acompañado a Gauguin durante sus últimos meses de vida. Luego de un primer remate en el lugar, las restantes pertenencias de Gauguin fueron embarcadas para Papeete, donde a comienzos de setiembre se realizó un segundo remate de obras y efectos personales. Segalen compró varios manuscritos y siete de las diez obras de Gauguin que se remataron.

    Durante los años siguientes Segalen escribió varios textos que contribuyeron a la consagración de Gauguin como uno de los artistas más significativos del siglo XIX. La influencia de su obra sobre los jóvenes artistas, que serían miembros de los movimientos modernistas de los primeros años del siglo XX, fue muy importante. En 1903, el mismo año de la muerte de Gauguin, se le realizó un homenaje en el Salón de Otoño, en el que se mostraron ocho de sus obras. Tres años más tarde fue organizada en el Salón de Otoño una gran retrospectiva que incluyó 227 obras.

    Luego seguiría el reconocimiento internacional. En 1910 el artista y crítico Roger Fry organizó en la Grafton Galleries de Londres la exposición “Manet and the Post-Impressionists”, con 37 obras de Gauguin junto a obras de Cézanne y van Gogh. La exposición fue visitada por 25.000 personas durante los dos meses en que estuvo abierta al público. Luego de la aceptación, el interés por los mitos relacionados a Gauguin continuó creciendo de forma imparable, a tal punto que continúa vigente aún en nuestros días.

El País Cultural. No. 1105, 4 de febrero de 2011, Montevideo, Uruguay.

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