Pequeñas esculturas de Riva-Zucchelli en el Museo Zorrilla. Homenaje. Son obras realizadas en paralelo a otras de tamaños grandes

Pedro da Cruz  

A partir de hoy el Museo Zorrilla muestra esculturas de Guillermo Riva-Zucchelli. Comprende obras de pequeño formato, cuyo lenguaje está íntimamente relacionado a los trabajos en formatos mayores que el artista creó a lo largo de su vida.

La carrera artística de Guillermo Riva-Zucchelli (1925-2005) comenzó tardíamente, cuando el futuro escultor tenía más de cincuenta años. Previamente se había dedicado a la ingeniería civil y a trabajar en el Banco República. Los acontecimientos políticos de comienzos de los 70, y particularmente la detención de su hija, lo llevaron a radicarse en Buenos Aires, pero durante una visita a Montevideo en 1974, ya durante la época de la dictadura, fue detenido durante un mes y medio.

    Unos años más tarde, en 1978, tuvo su primer contacto con el mundo de la creación plástica en el taller del ceramista Duncan Quintela, donde descubrió con placer el proceso del modelado de barro. Hasta entonces Riva-Zucchelli había encarado las obligaciones laborales y familiares. El contacto con el arte le brindó la posibilidad de experimentar la espontaneidad y desarrollar la creación.

    En 1985, simultáneamente con la restauración del orden democrático en el país, Riva-Zucchelli regresó a Uruguay y decidió dedicarse de lleno a la creación artística. Sentía que tenía que dejar atrás una vida limitada por códigos y deberes que lo ataban, por lo que adoptó una actitud transgresora. En un principio tuvo una actitud de rechazo hacia todas las actividades que había tenido en el campo de la actividad técnica, dando predominancia a las experiencias que le permitieran expresar sus sentimientos.

    Frecuentes viajes a Europa permitieron que se familiarizara con el arte de los más destacados escultores modernistas. Especialmente importante fue el ejemplo de la obra de Jean Arp, que, con sus formas orgánicas relacionadas a la naturaleza y el cuerpo humano, sería una fuente de inspiración muy importante para el escultor uruguayo.

    Durante los primeros años de su carrera, Riva-Zucchelli utilizó materiales como yeso, terracota y cemento. Aunque en esa época había tomado distancia de los principios lógicos y racionales de la ingeniería, algunas de sus primeras esculturas estuvieron inspiradas en la forma de los elementos de construcción llamados tetrápodos. Pero sobre la geometría dominaron las formas orgánicas, en general curvas que evocan formas del cuerpo humano, cargadas de elementos lúdicos y eróticos.

    El año 1983 marcó un punto de inflexión en el uso que hacía de los materiales, ya que comenzó a trabajar en piedra, material que sería su principal medio de expresión durante las décadas siguientes. En 1986 conoció Carrara en Italia, a donde volvería durante muchos años a realizar sus esculturas durante los meses de verano.

    En esa época también cambió su actitud de distanciamiento hacia sus conocimientos de ingeniería, y comenzó a integrar nuevos elementos, por ejemplo luz en el interior de esculturas de alabastro semitransparente. Poco después integró elementos como el movimiento y el agua, en algunos casos combinados, como corrientes de agua que hacen rotar esferas de piedra ubicadas en el interior de bloques de piedra mayores.

HUMILDAD. En la presente “Muestra homenaje” se puede observar una serie de esculturas en pequeño formato creadas simultáneamente con obras de formato mayor. Los elementos y las formas son similares, con la idea de monumentalidad también presente en las obras pequeñas. El formato de éstas, en una escala de objeto cotidiano, invita al espectador a un acercamiento más íntimo a las obras expuestas.

    En el catálogo de la exposición se puede leer una frase del artista que demuestra la actitud de respeto que tenía hacia el material con el que desarrolló una relación entrañable, y en el que realizó la mayor parte de sus obras: “Me gustaría hacer comprender a los jóvenes que no hay nada extraordinario en trabajar el mármol o el alabastro, salvo la humildad y paciencia que enseña la dureza de la piedra”.

El País. 7 de abril de 2011, Montevideo, Uruguay.

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