Reflexiones del pintor Roberto Matta. El arte de la conversación

Pedro da Cruz

El pintor de origen chileno Roberto Matta Echaurren (1911-2002) vivió la mayor parte de su vida fuera de su país natal, lo que no impidió que su obra fuera reconocida como una de las expresiones más importantes del movimiento surrealista en América Latina. Nació en Santiago de Chile, y estudió enla UniversidadCatólica.Con sólo veinte años se embarcó para Europa, donde completó los estudios de arquitectura que había comenzado en Chile.

    Poco después de arribar a París se relacionó con miembros del movimiento surrealista, André Breton y el pintor Yves Tanguy, entre otros. A partir de 1935 trabajó durante dos años como colaborador en el estudio del arquitecto Le Corbusier, lo que le dio cierto prestigio. Entre sus primeras actividades como artista se cuenta su participación enla ExposiciónInternacionaldel Surrealismo, organizada por Breton en 1938. Debido al comienzo dela SegundaGuerraMundial se radicó en Nueva York, desde donde regresó a Europa diez años más tarde.

El vértigo de Eros, 1944.

    El acercamiento de Matta a la pintura se diferencia marcadamente de la de otros artistas surrealistas. Nunca practicó un hiperrealismo detallista para describir objetos que luego serían combinados de formas no lógicas, como fue el caso de Salvador Dalí y René Magritte, sino que creó espacios indefinidos poblados de extraños personajes que semejan estructuras mecánicas de carácter orgánico.

GRABACIONES. Matta se ha referido a su obra en distintas oportunidades, pero ahora ha sido reeditada una publicación de carácter diferente, ya que recoge ideas del pintor sobre temas relacionados a las experiencias vitales, lo que de modo indirecto permite al lector entrever las características de su personalidad y las bases de su creación.

    El libro Conversaciones con Matta está basado en charlas grabadas por el músico Eduardo Carrasco, quién frecuentó a menudo al pintor entre 1981 y 1986.

    En una corta introducción titulada “Como si fuera ayer”, Ramuntcho Matta, hijo del pintor, rememora que Carrasco consideraba la amistad como una fuerza enorme que puede modificar los destinos. Ramuntcho presenció varias de las sesiones que se realizaban en secreto (a Matta le gustaban los secretos), y su padre lo consideraba un testigo sobre quién ejercía una cierta forma de transmisión.

    Refiriéndose a las conversaciones, el hijo escribió: “Hay aquí un Matta único, el que se entrega en amistad… Eduardo supo transcribir aquí el vértigo de esas discusiones, con sus contradicciones, sus tonteras y sus luces. Se escucha aquí la fuerza de la amistad porque, al contrario del amor, hay que ser dos para ser amigos.”

    En la presentación del libro, Carrasco escribe que el contenido se remonta a la primera época de su amistad con Matta, a conversaciones realizadas entre noviembre de 1981 y febrero de 1982, contenidas en nueve cintas grabadas (de un total de sesenta que conserva en su poder). La inquietud del músico era encontrar una respuesta a la pregunta de cómo nace un artista, conocer los factores que determinan que una persona se transforme en pintor, y que escoja esa forma de vida entre otras posibles.

Acontecimiento, 1959.

VERBOS QUE DEFINEN. El contenido del libro no está organizado según un orden cronológico, sino que cada capítulo corresponde a una conversación sobre un tema propuesto por Carrasco en cada oportunidad. Distintos verbos sirven como disparadores de la temática a tratar, por lo que los capítulos del libro se titulan “Ver”, “Crecer”, “Pintar”, “Escribir”, “Amar”, etc. La conversación es fluida, poco estructurada, por momentos algo caótica, pero rica en contenido, ya que se extiende a tópicos que surgen espontáneamente.

    En cuanto a su propia personalidad, Matta afirma que ha sido diferentes personas durante distintas etapas de su vida, incluso en algunas ocasiones habla de “cuando yo era chileno”.

    También afirma que “uno vive metamorfosis y nace muchas veces”. Reflexiona profundamente sobre la naturaleza del ser humano, y es muy crítico con algunas expresiones de la izquierda política latinoamericana, ámbito al que perteneció, proponiendo la necesidad de desarrollar una “guerrilla interior”.

    El relato de Matta abunda en referencias a personalidades con las que estuvo relacionado, especialmente poetas como Pablo Neruda, Federico García Lorca y Gabriela Mistral (de la que estuvo enamorado), así como artistas pertenecientes a los círculos surrealistas, entre los que prefería a Henri Michaux. También se refiere con frecuencia a su condición errante, a sus viajes y estadías en Francia, Portugal, Inglaterra, Estados Unidos, Italia y nuevamente Francia. Sobre ello escribió: “No es como si tú viajaras… es como si un árbol viajara ¿entiendes?… porque te encuentras sin tierra… Hay que inventar una maleta para llevarte las raíces… Pero eso me ha pasado varias veces en la vida…

    A pesar de que vivió casi toda su vida adulta en Francia, Matta fue considerado un intelectual latinoamericano de peso. De sus relatos se desprende un profundo interés por la política y las relaciones internacionales. Se refiere a sus encuentros con los presidentes chilenos Eduardo Frei y Salvador Allende, así como a sus frecuentes visitas a Cuba y otros países donde participó en congresos y otras actividades culturales con figuras como Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, entre otros.

SOBRE LA PINTURA. El último capítulo, “La pintura de Matta”, difiere de los anteriores al no estar basado en una conversación. Está compuesto por cincuenta y seis secciones de diferente carácter (algunas son cortas frases que semejan aforismos) que contienen reflexiones de Carrasco sobre la obra de Matta.

    Carrasco, músico de profesión, no se acerca a la obra del pintor desde una perspectiva académica, sino que, basándose en una amistad profunda, y en los conocimientos recogidos de las conversaciones, reinterpreta las concepciones de Matta, a las que también ubica en un contexto histórico y filosófico más amplio.

    Comienza afirmando: “Explicar una obra artística parece una empresa ilusoria e inútil”, ya que considera que el arte exige una relación directa, emocional e intuitiva. De todas formas no ceja en su empeño, aunque su análisis se resiente cuando se refiere a obras específicas de Matta, ya que el libro no contiene reproducciones.   

    Carrasco puntualiza que hay que dejar de lado la banalización del concepto de surrealismo, y que Matta ya había definido el rumbo de su arte antes de conocer a Breton. Dice que la pintura de Matta es abstracta y espacial, pero con características particulares, ya que no pretende ser ilustrativa de algo o representar una doctrina, sino que es un descubrimiento, una aventura.

    Los análisis de Carrasco sobre distintos aspectos de la obra de Roberto Matta se suceden en un continuo de ideas y afirmaciones no tradicionales, pero siempre interesantes. Conforman un buen complemento a otros análisis más académicos sobre un pintor que llegó a realizar una obra de rasgos inconfundibles.

CONVERSACIONES CON MATTA, de Eduardo Carrasco. Ediciones Universidad Diego Portales, 2011. Santiago de Chile, 480 págs. Aún sin distribución en Uruguay.

El País Cultural. No. 1137, 23 de setiembre de 2011, Montevideo, Uruguay.

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