El arte de Raúl Cordero. Los límites de una isla

Pedro da Cruz

Las bases a partir de las que el cubano Raúl Cordero (La Habana, 1971) creó su obra sirven para ejemplificar las opciones entre las que los artistas cubanos de las últimas décadas tuvieron que elegir para desarrollar sus carreras.

    Cordero estudió enLa Habana, primero arte enla AcademiaSanAlejandro, y luego diseño en el Instituto Superior de Diseño. Más tarde completó sus estudios en el Graphic Media Development Centre deLa Haya, Holanda. Durante los años siguientes fue profesor visitante en el Instituto Superior de Arte (ISA) deLa Habana, en el San Francisco Art Institute de San Francisco, y enla ArtAcademyof Cincinnati, Ohio.

395 - 359 Contigo o sin tí, 1997

    Uno de los más destacados artistas cubanos nacidos hacia 1970, Cordero pertenece a la generación que irrumpió en la escena artística durante los años ‘90, época marcada por una serie de severas dificultades (el llamado Periodo Especial) que Cuba sufrió a partir de la desintegración dela UniónSoviética, su principal aliado internacional.

    Ese es el trasfondo del material que compone el libro Raúl Cordero, en el que es presentada la obra del artista desde 1994 hasta el hoy. Distintos aspectos relacionados a su obra son discutidos en textos analíticos de tres críticos de arte y curadores independientes de renombre: Bruce Ferguson, Kevin Power y Barry Schwabsky. También se incluye una entrevista, realizada por Omar-Pascual Castillo, en la que el artista se refiere tanto a las ideas rectoras y los procesos técnicos de los que su arte son producto, como a los contextos nacionales e internacionales de su accionar.

    El libro reproduce un gran número de obras que Cordero realizó con distintas técnicas (fotografías, videos, instalaciones y pinturas) a lo largo de su carrera. También se incluye material que revela el proceso de creación de algunas pinturas, series de fotografías en las que se observan claramente la “acumulación” sucesiva de imágenes de distinta procedencia, un método usado con frecuencia por el artista.

CUBA Y GODARD. El análisis que Bruce Ferguson realiza de la relación de Cordero con su entorno está basado en una reflexión sobre las condiciones específicas de Cuba como país. Afirma que desdela Revolución de 1959 Cuba fue una anomalía, tanto para el bloque de países socialistas del este de Europa como para las naciones de Occidente de su entorno más inmediato.

Mambo de la Conquista, 2008

    Que Cuba no es sólo el “otro”, sino que es el romántico “otro” por excelencia de la posmodernidad, y que debido a una mistificación extrema las representaciones de las identidades no soportan el peso de los deseos de todos. Ferguson se pregunta si se puede separar el arte y los artistas cubanos de las cuestiones geopolíticas, oficiales y oficiosas.

    En Cuba hay dispositivos oficiales para potenciar el arte cubano en el extranjero, sistema en el que los artistas son figuras destacadas, con privilegios en forma de viajes, becas, y otras ventajas que no son accesibles a la mayoría de la población. Cordero es conciente de que es parte de ese sistema, ya que ha estudiado en el exterior, y pertenece al grupo de artistas cubanos cuyas obras son expuestas en eventos y bienales de todo el mundo. El artista, evitando caer en clichés, eligió trabajar en una línea que define como “internacional”.

    Esa orientación, sumado a la forma en que Cordero compone sus obras acumulando imágenes, resultó en que Ferguson afirmara que un modelo para Cordero es Jean-Luc Godard, que utiliza el lenguaje como imagen y la imagen como lenguaje. Una estrategia a partir de la que el artista puede escapar de las clasificaciones de la nacionalidad, la iconografía o la codificación de género. El resultado es una oscilación inquieta entre diferentes formas de comunicación: palabras e imágenes, cine y video, documental y narrativa, lo imaginario y lo realista. La alternancia de estadías en Cuba, Estados Unidos y Europa también forma parte de la historia personal de Cordero, que se ve a sí mismo como un artista “errante”.     

ARTISTA POST-. La caracterización que Kevin Power hace de Cordero es categórica: “¡Es un artista post casi todo! En otras palabras, post-ideológico, post-bienal, post-boom del arte cubano, post-ISA (si bien ha impartido clases en esta institución), post responsabilidad ética de los logros y fracasos del sistema cubano, etc.” Cordero sería entonces la antítesis de los artistas cubanos de los años ’80.

    Power afirma que el artista no reniega de su identidad cubana, pero que rechaza la idea de realizar un arte construido sobre manidos clichés, ya sean críticas irónicas a la revolución, o una ferviente adopción de las raíces afrocaribeñas. Agrega que Cordero produce una red de ideas, imágenes y sonidos que desafía las cuestiones de identidad, y que utiliza la productiva estética del “sampleado” al seleccionar imágenes de todo tipo de procedencia, una práctica de mezcla y pegado realizado tanto por un DJ como por Godard. La referencia a la experiencia musical es relevante, ya que Cordero fue DJ profesional en Nueva York.

    En los años ‘90 el video se puso al alcance de un gran número de artistas cubanos. Cordero, pionero en esa área, fue influido por las obras de artistas estadounidenses como John Baldessari, Bill Viola, Vito Acconci y Bruce Nauman. Su obra debe entonces ser analizada usando parámetros internacionales, ya que el artista entiende la realidad como una ficción y es un desarraigado.

    Como ejemplo de obras de Cordero basadas en la fotografía y el video se puede mencionar Tríptico (2006), con fotografías fuera de foco (que recuerdan las pinturas de Gerhard Richter) sin relación directa entre sí. El tratamiento es claramente pictórico, acorde con la prioridad que el artista a dado a la pintura, en detrimento de otras técnicas, durante los últimos años.

ZAPPING. En cuanto a su preferencia por la pintura, Cordero explica que no quiere hacer un arte demasiado smart, en el que hay una “sorpresa inteligente” que desemboque en una subyugación ante la brillantez del artista, sino que prefiere establecer una relación obsesiva e intensa con un medio en el que sólo se enfrentan las capacidades del artista y un soporte.

    A su vez afirma que no hace una “pintura pura”, ya que el cincuenta por ciento del proceso inicial de producción está hecho con ordenadores, cámaras, videos, fotografías y procesos de edición. No encuentra la imagen dibujando, sino que emerge del proceso tecnológico, una forma de trabajo similar al de la edición de un audiovisual.

    Barry Schwabsky hace una comparación entre la forma de trabajo fluida e impredecible del artista y el cambiante entorno contemporáneo, una metáfora del zapping: el cambio compulsivo entre los canales de televisión.

    Las obras de Cordero están construidas en “capas” de forma evidente. En Mambo de la Conquista (2008) se aprecian tres niveles diferenciados: un barco a vela, tres cabezas de músicos (todas imágenes relacionadas al título de la obra), y dos filas de altos árboles en perspectiva, un motivo de referencia incierta. El artista afirma que no le importa mucho la imagen que pinta, sino el resultado que puede lograr con ella. Y que a las obras no hay que “entenderlas” sino disfrutarlas, ya que la pintura no “cuenta” nada, propone pero no narra.

RAÚL CORDERO, de autores varios. Turner, 2010. Madrid, 224 págs. Distribuye Océano.

El País Cultural. No. 1131, 12 de agosto de 2011, Montevideo, Uruguay.

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